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Domingo, 6 de agosto de 2006

ROBERTO CITTADINI, DEL PROGRAMA PRO HUERTA

Enseñar a pescar

El plan Pro Huerta, que promueve la organización de huertas entre los sectores más pobres, hoy llega a 3,5 millones de personas.

 Por Natalia Aruguete

El plan Pro Huerta empezó en 1991 distribuyendo semillas y capacitando a 43 mil personas. En el ‘94 tuvo un fuerte impulso en su cobertura pero el mayor salto lo dio en 2003. Hoy llega a 3,5 millones de personas. El peor momento fue con la crisis: de los diez millones que tenía presupuestado para el 2002, se ejecutó sólo el 70 por ciento. Hoy, el presupuesto es de 16,8 millones y podría incrementarse en forma considerable. Después de quince años de estar bajo la coordinación de una misma persona, en marzo asumió la Coordinación Nacional del Pro Huerta Roberto Cittadini, quien relató a Cash su intención de dar un nuevo impulso a la política del programa, estimulando procesos socio-organizativos, donde las huertas generen un excedente que pueda ser comercializado y motorizar así el desarrollo local y territorial de las comunidades.

¿Cuál es el impacto del Pro Huerta en las familias?

–Es factible que el 70 por ciento de las necesidades de verdura pueda ser cubierto con la huerta. En mucho casos, el programa llega a excluidos que se redignifican. La huerta da más posibilidades que otro tipo de asistencia porque posibilita un protagonismo de la gente que se hace cargo de producir su alimento, se relaciona socialmente y resignifica su lugar en la familia porque cumple un trabajo.

¿Cuáles fueron las estrategias para llegar a la gente?

–Hay una red de técnicos y profesionales y el promotor voluntario, que puede ser institucional o gente de la comunidad. El promotor es un intermediario importante entre el técnico y el huertero. Las escuelas participan activamente, sobre todo en el interior y en zonas rurales con baja densidad de población.

¿Qué perspectivas de cobertura tienen a futuro?

–Ahora tenemos una cobertura importante. El énfasis apunta a consolidar procesos socio-organizativos a partir de la llegada que ya tenemos, construir redes entre la gente y capital social para que la huerta sea una herramienta de desarrollo endógeno de las comunidades. En muchos casos se logró producir excedente que se dona a los comedores o se vende de manera informal, a través de ferias o distribución domiciliaria. Creemos que hay que estimular y apoyar estos procesos, porque hacen que gente de alta vulnerabilidad social pueda generar su desarrollo y un ingreso extra. La posibilidad de organizarse para la comercialización genera un aprendizaje social, una interacción, ser parte de un proyecto.

¿A través de qué políticas pretenden estimular esos procesos?

–A través de capacitaciones que desarrollen nuevas habilidades en nuestros equipos para sostener este tipo de experiencias socio-organizativas, que requiere un fuerte sostén y acompañamiento. No son experiencias sostenibles si no hay grupos compactos apoyando y acompañando a los huerteros. Hay que hacer proyectos específicos en donde el Pro Huerta sea una pata promotora importante, articulándose con la Municipalidad y organismos locales, donde se desarrollen planes de agricultura urbana y se sostengan experiencias como una feria o distribución domiciliaria.

¿Qué experiencias de este tipo existen actualmente?

–En Rosario, el Pro Huerta participa, en articulación con la Municipalidad y una ONG, de un programa de agricultura urbana de envergadura, con ferias todos los días en distintos barrios. Hay experiencias en Río Cuarto, con la exposición Arte Orgánico que se hace todos los sábados. También en Mar del Plata el Pro Huerta acompaña al Programa de Autoproducción de Alimentos (PAA) de la Facultad de Ciencias Agrarias de Mar del Plata. Este tipo de experiencias son replicables y se las puede apoyar con las herramientas que tenemos. Hay que armar proyectos específicos para financiar este tipo de experiencias, acompañarlas y contenerlas con un apoyo en gastos operativos y técnicos.

¿Qué necesidades hay de incrementar el presupuesto para desarrollar estas políticas?

–Estamos dialogando con nuestras autoridades en el Ministerio de Desarrollo Social y del INTA y sería viable un aumento importante del presupuesto en la medida en que seamos capaces de construir propuestas serias y razonables.

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Roberto Cittadini: “En el interior las escuelas participan activamente”.
Imagen: Rafael Yohai

Planes comunitarios

  • “La huerta da más posibilidades que otro tipo de asistencia porque posibilita un protagonismo de la gente que se hace cargo de producir su alimento, se relaciona socialmente y resignifica su lugar en la familia porque cumple un trabajo.”
  • “En muchos casos se logró producir excedente que se dona a los comedores o se vende de manera informal, a través de ferias o distribución domiciliaria.”
  • “El próximo paso del programa apunta a que las huertas generen un excedente que pueda ser comercializado y motorizar así el desarrollo local y territorial de las comunidades.”

 
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