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Domingo, 24 de diciembre de 2006

NIGERIA, UN GIGANTE PETROLERO AMENAZADO POR LA POBREZA Y LA VIOLENCIA

Paradojas de un país muy rico

 Por Jacques Lhuillery

desde Lagos, Nigeria

Nigeria, que preside la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), es una verdadera paradoja: uno de los países más ricos en crudo del planeta, pero también uno de los más pobres y corruptos. El sexto productor mundial de crudo (2,6 millones de barriles por día), con una población de 130 millones de personas, dispone de inmensas reservas de petróleo y gas que extrae de la región del Delta del Níger, en el sur del país, donde Shell descubrió el oro negro por primera vez en 1956.

Pese a este hallazgo, Nigeria, que integra el cartel de 11 países desde 1971, no ha despegado y según el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), cerca de tres cuartos de su población viven en la extrema pobreza, con menos de un dólar por día. Los países africanos que no tuvieron la suerte de contar con petróleo se hallan quizá más avanzados en materia de desarrollo que Nigeria, donde la corrupción es igual a la riqueza: enorme.

En Nigeria la corrupción es igual a la riqueza: enorme.

Un reciente informe oficial calculó que 384.000 millones de dólares han sido robados de las arcas del Estado por ex gobernantes desde la independencia del país en 1960. Aún hoy el mundo del petróleo nigeriano es bastante más opaco que el crudo extraído del Delta, del cual el Estado federal obtiene 95 por ciento de sus recursos en divisas. Varias auditorías, la última de ellas un estudio independiente que data de inicios de 2006, dan cuenta de “graves fallas” en la gestión de miles de millones de petrodólares.

La disparidad entre quienes hacen inmensas fortunas con el oro negro y quienes se quedan sólo con las migajas, la contaminación de las aguas y la tierra han provocado una violencia recurrente en Nigeria, que afecta habitualmente las cotizaciones del petróleo. Estos últimos seis años unas 600 personas, incluidos dos estadounidenses y un británico, han sido asesinados en el Delta, y 187 trabajadores en instalaciones petroleras han sido secuestrados por grupos separatistas o por comunidades locales que reclaman una porción mayor de la torta. Por caso, en la última semana se produjeron ataques contra instalaciones petroleras que dejaron al menos tres muertos. Tres policías murieron durante un ataque contra un centro del grupo petrolero francés Total en Obagi (sur). Por otro lado, hombres armados atacaron una instalación de la compañía petrolera italiana Agip, una subsidiaria de la petrolera Eni, en Tebidaba, en el sureño Estado nigeriano de Bayelsa. Además, la compañía anglo-holandesa Shell anunció que había comenzado a evacuar a las familias de sus empleados tras la explosión de una bomba en las residencias donde habitan en el Delta del Níger (sur de Nigeria).

Para los grupos rebeldes del Delta, el enemigo es doble: el Estado federal que constitucionalmente es propietario de todas las riquezas, y las multinacionales como Shell, Chevron o Exxon-Mobil, a las que acusan de “saquear” estas riquezas con la “complicidad” del poder. Aunque el presidente en ejercicio de la OPEP es el nigeriano Edmund Daukoru, el verdadero ministro de Petróleo del país es su jefe de Estado, Olusegun Obasanjo. Consciente del peligro en el Delta, este ex general saliente, que dejará el poder a fines de abril próximo, insiste en que no dejará que El Dorado petrolero del país pase a manos de bandidos, aunque tenga que enviar el ejército a la zona.

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