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Domingo, 20 de septiembre de 2009

EL BAúL DE MANUEL

 Por Manuel Fernández López

Monopolio

El término “monopolio”, del griego monopoleion, no sólo significa un solo vendedor: se ha empleado durante milenios para designar prácticas sociales tan diferentes, que a veces usarlo oscurece antes que aclarar, y debiera indicarse en qué sentido se lo emplea (en todo caso usarlo siempre con un mismo significado). En los días que corren se ha hablado infinidad de veces del monopolio y su erradicación, como si se tratara de un tumor maligno contra el que debe luchar el poder público, más grave aun que la pobreza, la desnutrición infantil, el analfabetismo y la carencia de salud. En su uso más antiguo, un monopolio nacía cuando el poder público otorgaba a un único beneficiario el exclusivo goce de un recurso escaso. Por ejemplo, el uso de una franja de tierra para tender en ella un camino de hierro: los parlamentarios argentinos de la década de 1880 se disputaban otorgar tales privilegios o concesiones (con los dinerillos que traían aparejados) a compañías extranjeras. El caso no era muy distinto a otorgar hoy un espacio exclusivo en el espacio radioeléctrico o concesionar un servicio de subterráneo. El mismo espacio no podría ser explotado por dos empresas distintas. En este sentido se usaba el término en la Edad Media para designar el ejercicio de una actividad económica con exclusividad. Y el término “exclusiva” era el usado en la colonia para designar a las empresas con concesiones exclusivas. Hoy el uso antiguo pasó a ser uno de los rasgos de las estructuras de mercado en general, a saber: la existencia de barreras institucionales al ingreso a un mercado o al egreso del mismo. La formulación económica moderna la debemos a Antoine Augustin Cournot (1838), matemático y filósofo francés, que la expresó como un mercado en el que el vendedor tiene la capacidad de fijar su nivel de producción allí donde su costo marginal es igual al ingreso marginal. La interpretación gráfica del “monopolio de Cournot” como un cruce de curvas de costo marginal e ingreso marginal se debe al ingeniero ferroviario jujeño Alberto Schneidewind, recibido en la UBA y docente en la Facultad de Ciencias Económicas, quien la publicó en 1918 en el libro Investigaciones sobre economía matemática. Este gráfico fue redescubierto por Harrod y sirvió a Joan Robinson (1933) para exponer la teoría de la competencia imperfecta, y ver la realidad económica como un mundo de monopolios.

Son pocos, yo los conozco

Las palabras pertenecen a lenguas naturales, que son construidas por las sociedades, o a lenguas artificiales, aquellas construidas por determinados especialistas con el fin de una comunicación más perfecta entre ellos mismos. De estas últimas pueden establecerse su autor y lenguaje y fecha de su nacimiento. Ejemplo de las primeras es “monopolio”; de las segundas, “oligopolio”. ¿Dónde, cuándo y por quién nace “oligopolio”? Su acta de nacimiento fue el siguiente pasaje de la edición latina de Utopía: “En muchos sitios, los víveres se han vuelto mucho más caros. Incluso el precio de la lana ha subido de tal modo que vuestros fabricantes de paño no pueden comprar para nada la más fina de ella, por lo que son numerosos los que pierden el trabajo y se ven reducidos a la ociosidad. Pues así que se ampliaran los pastizales, una epidemia diezmó brutalmente el número de las ovejas cual plaga lanzada por Dios contra ellas para vengar la codicia de sus propietarios, aunque hubiera sido más justo haberla lanzado contra sus propias cabezas. Por otra parte, por mucho que aumente el número de cabezas, no disminuye por eso su precio, dado que están bajo el dominio, si no de un monopolio, porque no se puede llamar así cuando no es uno solo el que vende, ciertamente de un oligopolio”. La fecha de nacimiento fue 1516 y el papá, Tomás Moro (1478–1535), aquel adusto personaje que vimos en el cine interpretado por Paul Scofield (en A Man for all Seasons, de Fred Zinnemann). La moderna teoría formal fue expuesta por el famoso divulgador del marxismo Paul M. Sweezy en el trabajo “La demanda en condiciones de oligopolio” (The Journal of Political Economy, 1939), donde la interdependencia de las decisiones genera una curva de demanda angulosa o quebrada, a la que corresponde una curva de ingreso marginal en dos partes, separadas entre sí precisamente a la altura del ángulo o quiebre (en términos matemáticos, sin derivada en el ángulo de la demanda), lo que motiva que el costo marginal no se encuentre nunca con el ingreso marginal y el precio quede indeterminado. Este resultado no quiere decir que en el oligopolio no se puedan establecer los precios sino que los precios que surgen del cálculo diferencial no son sostenibles, por lo que se han buscado otros caminos para obtenerlos, como la teoría de los juegos. En 1949, William J. Fellner (1905-1983) publicó su libro Competition Among the Few.

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