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Domingo, 15 de noviembre de 2009

EL BAúL DE MANUEL

 Por Manuel Fernández López

Cómo comenzó

¿A quién le importa que se enseñe o no economía? Por lo pronto, en una colonia la administración de los recursos queda reservada para la metrópoli, así como fijar qué se exporta o importa, de qué fuerzas armadas disponer, o qué recursos humanos formar. Cuando la colonia toma conciencia de que puede y desea tomar su destino en sus propias manos –cuando ocurre el Gran Despertar– no tarda en advertir que carece de Estado y de Finanzas Públicas, que no por nada carece de la menor idea de estadísticas demográficas, y que carece de moneda propia, de un himno nacional, y de fuerzas armadas adecuadas para defender al nuevo gobierno. Cada aspecto de la nueva situación se resolverá en su ámbito específico. En el de la Economía: el tema de las Finanzas Públicas, la Estadística y la administración del Estado. Manuel Belgrano, curiosamente, además de miembro pleno del nuevo gobierno, hizo mucho por crear una fuerza armada patriota y a la vez para la creación de la enseñanza de economía en el país. El primer paso lo dio Rivadavia, el 7 de agosto de 1812, al anunciar la creación de un Establecimiento Literario, donde se enseñaría Economía Política, con “profesores de Europa, que se han mandado venir”. No economista, Rivadavia no advirtió que los gastos estaban sujetos a “una suscripción en todas las Provincias Unidas”, que aún no se había concretado. En 1813, en la Asamblea General Constituyentes, la presencia de Pedro Agrelo y de Vicente López aseguró la moneda nacional y el himno, más allá de sus contribuciones a la Economía Política. En 1814, la citada Asamblea envió a Europa a Belgrano y Rivadavia, dirigentes comprometidos con la enseñanza de Economía Política. En Londres les tocó el tiempo del debate sobre Leyes de Cereales, con activa participación de los radicales filosóficos: Jeremy Bentham, James Mill, Thomas Malthus y David Ricardo. Más tarde, en París, Rivadavia contactó a Lafayette y a Destutt de Tracy, autor de Ideología, obra que incluía Economía Política. Al regresar, designado ministro de Gobierno, una de las primeras medidas de Rivadavia fue fundar la Universidad de Buenos Aires (19 de agosto de 1821) y poco después (1822) la primera cátedra en que se enseñó Economía Política, según Destutt de Tracy, y el buen saber y entender del presbítero Juan Manuel Fernández de Agüero. Entre tanto, preparaba un segundo catedrático, creando el Registro Estadístico.

Primeros profesores

Con el nombre “Economía política” la ciencia lúgubre comenzó a enseñarse (ya se lo hacía desde 1822, con el nombre de “Ideología”) en la UBA desde 1824, no sin un prólogo de enredos. Rivadavia buscaba cumplir su sueño de 1812 e incluyó a Economía política en el presupuesto de 1822 de la UBA. Estaba persuadido de que ningún texto ya impreso sería adaptable a la realidad de las Provincias Unidas. Pero un buen texto podría transmitir el modo de ver y analizar las cosas de la Economía y de los economistas. Luego, la Estadística llenaría de datos cada aspecto y se obtendría una Economía política adaptada a este país, y con ese fin designó a Vicente López al frente del Registro Estadístico, sin aclararle que abrigaba el propósito de designarlo catedrático de Economía, lo que no tardó hacer, pero con el rechazo del compositor del Himno. Rivadavia, que ya había definido su preferencia por el reciente libro de Mill, lo hizo traducir. Encontró un valiente dispuesto a estas tareas en el creador de la moneda nacional, el porteño Pedro José Agrelo, en aquellos momentos ocupado en la cartera de Hacienda de la provincia de Entre Ríos. Ya entrado 1824, el 3 de mayo, en su mensaje a la Legislatura, Rivadavia declaró su “misión cumplida”, en estos términos: “La Economía política ha empezado a enseñarse este año, y sus luces difundidas procurarán a nuestra patria administradores inteligentes”. Pero un buen comienzo no garantizó un buen final, y en octubre la enseñanza cesó de hecho, por las ausencias de Agrelo y la negativa de los alumnos a concurrir al aula. Suprimida el 16 de abril de 1825, la cátedra se restableció en 1826, al regresar Bernardino Rivadavia al poder. Desde la última fecha, la cátedra fue ocupada por Dalmacio Vélez Sarsfield y por Juan Manuel Fernández de Agüero. Estos docentes hicieron algunos aportes a la enseñanza: Vélez hizo cambiar el texto inicial (Mill) por el de Juan Bautista Say, al que entendía mejor, y sin duda entendían mejor los alumnos. Fernández Agüero compuso su propia versión de la “ideología” de Destutt de Tracy, incluyendo la parte del Tratado de la voluntad correspondiente a la Economía política. En febrero de 1831, el rector Figueredo dispuso suprimir la enseñanza de Economía –entre otras materias– por ser “ciencias de puro lujo”. La situación se mantuvo así hasta después de Caseros, cuando se volvió a llamar a concurso de profesores de Economía.

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