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Domingo, 7 de agosto de 2005

EL BAúL DE MANUEL

El baul de Manuel

 Por Manuel Fernández López


Adivinanza

¿Cuándo se escribió lo siguiente?: 1) “Siendo que la base de la historia argentina ha sido la evolución económica; que ésta explica sus fases luminosas como sus fases sombrías; que las agrupaciones políticas de acción más eficiente en la historia argentina son las que han representado un interés económico más general, ¿cómo es que salvo modestas excepciones los partidos argentinos carecen hoy de todo propósito económico conocido? Preguntemos cuáles son sus ideas a los hombres más importantes de nuestra llamada política; todos nos dirán lo mismo: el bien de la patria, el engrandecimiento nacional, la honradez administrativa, la moralidad política. Se ha llegado hasta proclamar que entre nosotros no hay cuestiones económicas que dividan la opinión. Todo se reduciría a saber quién es el hombre capaz de hacer la felicidad del país. Y si esto no es suficiente razón de ser para partidos serios y orgánicos, da origen al menos a una gran variedad de facciones. Los unos, muy ufanos de no haber arruinado por completo al país en muchos años de gobierno, creen indispensable que ellos lo sigan gobernando. Los otros piensan que el país necesita, ante todo, algo que ellos tienen, llamado civismo, para propinarle lo cual quieren a su vez apoderarse del gobierno. Otros, por fin, que personifican la virtud, y en su desprecio por la virtud de los demás, llegan a veces hasta la intransigencia, creen también que su propio advenimiento al poder es la gran necesidad pública del momento. Con semejantes ideas, nada tiene de extraño que las facciones argentinas se valgan de todos los medios para llegar al triunfo, pues bien patrióticos son el fraude y la revuelta si han de darle al país tanta cosa buena”. ¿Y éste?: 2) “¿Vamos a creer en lo que cualquier gobernante o ambicioso nos presente como la verdad histórica? En política se miente, en política se mistifica, se oculta la verdad, y aun se simula el error, cuando se tienen privilegios que defender, o apetitos que puedan satisfacerse merced a la ignorancia y el engaño de los otros. Al politicastro cuya meta es el gobierno de un pueblo que desprecia, bástale tal vez conocer los vicios que ha de alimentar, los prejuicios que ha de adular, los fraudes y violencias que ha de cometer. Esta es la ciencia histórica necesaria para sus fines mezquinos y efímeros”. Respuesta: en 1898 y 1909. Autor: Juan B. Justo, diputado y senador, que algo conocía el paño.

Adios al amigo

Esta sección tuvo su origen a fines de 1990, cuando un amigo común con la gente de Cash me comentó que en el Suplemento Económico necesitaban colaboradores, y me recordó los “comentarios económicos” que escribía Enrique Silberstein para el diario El Mundo. Me pareció una posibilidad interesante y mi amigo me puso en contacto ¡nada menos que con Julio Nudler!, a quien le presenté dos notas que había preparado como muestra. Para mi sorpresa, Julio en un principio me desanimó, argumentando que éste era un diario chico como para dar cabida a notas tan especiales. Julio y yo teníamos la misma edad, por lo que habíamos empezado la carrera de Economía Política al mismo tiempo, y como en la primera mitad de los años sesenta la carrera era como una pequeña aldea, con un solo cine y un solo bar, donde todos se conocen y se encuentran a menudo, cursé con él casi todas las materias. Aparte de los Principios de Economía Política I y II, que eran comunes con los contadores y por tanto se daban varios cursos, lo que seguía no tenía opciones: Teoría de la Producción, Distribución y Consumo se hacía con Valsecchi y Conte MacDonell; Dinero, Crédito y Bancos con Olivera; Economía Internacional con Gomariz; Crecimiento Económico con Di Tella; Fluctuaciones Económicas con Piana; Política Monetaria y Fiscal con Herschel; Política Laboral y Social con Cabanellas. Nos recibimos casi al mismo tiempo y ahí dejamos de vernos. En el ‘68 yo era economista de la Oficina de Desarrollo en la Patagonia, y a veces nos cruzábamos en el Conade. Los rasgos faciales que le distinguían eran su cara con bultitos, como secuela de alguna eruptiva, y su ortodoncia, un alambre que pasaba horizontal por su dentadura superior. Cada uno hizo su vida, hasta reencontrarnos en la antigua redacción de Página/12. Recuerdo con qué ansiedad esperaba la aparición del domingo 6 de enero de 1991, y la sorpresa que tuve al ver el nombre que alguien le puso a esta sección y el cariñoso dibujo de un arcón, hecho por Miguel Rep. Yo usaba muchas referencias a los tangos, sin saber de la afición de Julio, hasta que me invitó a una charla en el Di Tella, acerca del tango, el trabajo y el empleo. Tuvo la generosidad de dedicarme un extenso reportaje cuando salió mi texto sobre Historia del Pensamiento Económico. Si hay un más allá, Julio, espero que te encuentres con otros grandes como vos: con Belgrano, Vieytes, Discépolo, Piana y Manzi.

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