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Domingo, 8 de mayo de 2005

INTERNACIONALES › POR QUE DERECHA E IZQUIERDA COINCIDEN CONTRA EL PREMIER

Blair, el heterodoxo

El “neolaborismo” de Tony Blair ha sido acusado de ser un mero taparrabos ideológico del neoliberalismo. Pero los resultados de sus políticas son crecimiento, alto empleo y baja inflación, lo que se tradujo en el histórico tercer mandato consecutivo para su partido.

 Por Claudio Uriarte

Los rumores de la muerte política de Tony Blair parecen haber sido grandemente exagerados. Y con ellos, los del irresistible ascenso de su estelar ministro de Economía, Gordon Brown. Precisamente porque la economía anda bien, Blair pudo zafar en gran parte de la ola de repudio a su impopular decisión de ir a la guerra en Irak, y lograr para su neolaborismo un histórico tercer mandato consecutivo con una mayoría absoluta en el Parlamento que, si bien aparece drásticamente reducida en contraste con las avalanchas electorales de 1997 y 2001, le da aún un confortable margen de 66 bancas. Pero la pregunta es qué va a hacer Blair con su mandato relegitimado, y su respuesta ha sido: dejar atrás las divisiones por Irak y concentrarse en un esfuerzo nacional unido para “mantener el crecimiento, eliminar el desempleo y combatir la pobreza”. A lo que debe sumarse su empeño en completar una reestructuración altamente progresista del sistema gratuito de salud, que ya ha mostrado frutos en una drástica reducción de los tiempos de espera y de la calidad del tratamiento en los hospitales públicos.

La pregunta es: ¿podrá hacerlo? Y aquí se elevan las dudas, desde la izquierda y desde la derecha, pero mayormente concentradas en un solo punto: que Blair no podrá llevar a cabo sus ambiciosos emprendimientos sin quebrar los rígidos techos que se puso a sí mismo en materia de tributación impositiva. En Gran Bretaña, los impuestos equivalen al 37 por ciento del Producto Bruto Interno, lo que es bajo para una Europa en la que Francia, por ejemplo, se destaca con un 46 por ciento y Alemania con un 42 por ciento. Pero la heterodoxia económica de Blair ha funcionado en estos ocho años: los niveles de vida británicos han sobrepasado los de Francia, Alemania y Japón, para no hablar de un desempleo del 2,5 por ciento (inferior a lo que en EE.UU. se considera técnicamente desempleo cero, es decir el 3 por ciento de la población económicamente activa que está cambiando de trabajo). En Francia y Alemania, que acostumbraban ser consideradas las locomotoras económicas de Europa, esos niveles de desempleo son más que cuadruplicados, y pese a (o en función de) sostener costosos aparatos de seguridad social mantenidos a regímenes laborales rígidos, más parecidos al viejo laborismo, anterior a Blair.

En el fondo del asunto puede moverse una pura cuestión de resentimiento ideológico, por el cual la derecha no perdona a Blair tener éxito económico con políticas de compromiso social y un papel importante para el sector público, mientras la vieja izquierda no le perdona haber tenido el mismo éxito sacrificando las políticas de hiperprotección estatal del pasado y dejando que el mercado entrara en el asunto. En este sentido, el conservador Jacques Chirac y el social-demócrata Gerhard Schroeder comparten un extraño pero efectivo matrimonio ideológico de conveniencias, donde el fracaso de sus viejos modelos en lograr algo siquiera parecido al neolaborismo es rápidamente atribuido a la conspiración del capitalismo anglosajón. (De manera parecida intentaron escapar de sus encerronas electorales en Gran Bretaña los conservadores de Michael Howard, un partido que como no tenía ningún eje ni propuesta convocante no tuvo mejor idea que la de volverse racista, y los liberal-demócratas de Charles Kennedy, que a similar falta de ideas centró toda su campaña en la oposición a la guerra en Irak).

Por eso, las profecías sobre el fracaso de los emprendimientos del tercer término de Blair parecen tan exageradas como las noticias de su muerte política, y los rumores del ascenso imparable de Brown parecen una pura sublimación de la antipatía consistente contra el primer ministro por su arriesgada decisión iraquí. Porque, si Blair cumple la mitad de lo que promete en el terreno interno, su original heterodoxia económica puede bastarle holgadamente para llegar a la conclusión de su mandato en 2010.

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Tony Blair y su ministro de Economía Gordon Brown disfrutan de sendos helados en la campaña que llevó al triunfo.

• Las empresas en Estados Unidos incrementaron su productividad en un 2,6 por ciento anualizado a lo largo del primer trimestre de 2005, informó el departamento de Trabajo.

• El Producto Interior Bruto de España creció en los tres primeros meses del año el 2,8 por ciento respecto del mismo período de 2004, según el último informe del Banco de España sobre coyuntura económica.

• El crecimiento de la industria de Brasil “se enfrió” en el primer trimestre de 2005 cuando las ventas del sector cayeron 1,54 por ciento, informó la Confederación Nacional de Industrias, que atribuyó esa desacelaración al aumento “sistemático” de la tasa básica de interés y a la valorización del real frente al dólar.

 
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