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Domingo, 12 de junio de 2005

AGRO › LA RELACION DEL CAMPO CON EL GOBIERNO

De la indiferencia a los gestos amistosos

 Por Susana Díaz

Si se remonta la historia del gremialismo agrario, se encontrará que sus demandas frente al Estado, estuvieron siempre centradas en la interferencia con los precios recibidos. Siendo el sector de mayor competitividad internacional de la economía, resulto lógico que en la etapa de industrialización sustitutiva se hayan operado, por vía impositiva, transferencias hacia otros sectores. Sin ir tan atrás, puede recordarse que durante la convertibilidad el campo también reclamó por los precios, esta vez segados por costos elevados en dólares, producto del tipo de cambio sobrevaluado. Desde la devaluación, el menor precio vino por el lado de las retenciones.

Sin juzgar aquí su naturaleza y justicia, cierto es que ese tributo capta una porción de la renta agropecuaria. En este marco, la insistencia de la dirigencia sectorial en las múltiples formas de eliminarlas no sólo chocó contra la negativa del Gobierno sino que tuvo el efecto colateral de cerrarle las puertas a los despachos decisivos del Poder Ejecutivo. Desde el célebre “el campo siempre llora” de Roberto Lavagna, el ministro dejó además, de recibirlos. La recurrente ausencia de funcionarios de primera línea de las fiestas del campo, entre ellas, la tradicional feria anual de Palermo de la Sociedad Rural, los privó de la catarsis del abucheo. Vale recordar que la Rural solía ser inaugurada por presidentes, constitucionales y de los otros, pero Néstor Kirchner rehusó siempre el convite.

Pero en las últimas semanas las cosas cambiaron, las entidades del agro parecen haber tomado conciencia, de que la constante confrontación resultaba contraproducente e hicieron saber al Gobierno, que necesitaban reiniciar un diálogo más allá de las retenciones, aunque sin bajar las banderas. El resultado fue inmediato. Lavagna ya recibió a tres de las cuatro cámaras que representan al sector y respondió favorablemente a algunas de sus demandas. Entre ellas, el ministro se comprometió a impulsar una línea de créditos blandos para los productores pecuarios. La idea es subsidiar tasas con fondos de la Secretaria de Agricultura para apoyar la compra de reproductores bovinos y la adquisición de semillas forrajeras. La cartera de Agricultura también forzó al sector curtidor a reconocer mayores precios por los cueros crudos –5 por ciento más–, una medida firmada este jueves que, según se mire, podría repercutir favorablemente en el precio de la hacienda en pie, aunque es probable que sólo quede en el margen de los frigoríficos.

Para el agro, Lavagna prometió impulsar una baja en los precios de los fertilizantes a través de la disminución del IVA a la mitad. Llama la atención que esta medida se piense para un insumo empresario y no, por ejemplo, para los alimentos. De todas maneras, se trata de una medida que deberá pasar por el Congreso.

Según destacó el presidente de la Sociedad Rural, Luciano Miguens, en la reunión con el ministro también hablaron de “las obras de infraestructura que se necesitan para el crecimiento del campo”, entre ellas; la profundización de la hidrovía y el mejoramiento de la red vial y portuaria. Según Miguens, Lavagna enfatizó por su parte la necesidad de rescatar a los ferrocarriles para bajar los precios del transporte desde las regiones más distantes al puerto.

No se dieron un beso al despedirse ni se juraron amor eterno, pero no cabe duda que para los “hombres de campo” reunirse con el ministro, parece haber dado mejores resultados que no hacerlo.

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