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Domingo, 23 de mayo de 2004

CONTADO

Descubiertos

Por Marcelo Zlotogwiazda

Los datos estadísticos más frescos de la Superintendencia de AFJP indican que también el sistema previsional ha mejorado sus ingresos de manera notable. La cantidad de afiliados que aportan aumentó en marzo pasado un 18 por ciento respecto de un año atrás, y la recaudación de ese mes subió un 86 por ciento en comparación con igual período anterior; como resultado global, los fondos acumulados en las cuentas individuales superan en un 20 por ciento lo de marzo de 2003.
No obstante esas mejoras, el sistema diseñado por Domingo Cavallo sigue dejando al descubierto a la inmensa mayoría de la población. Los aportantes son apenas 3,6 millones, poco más de un tercio del total de afiliados. Como se ve, el slogan de que las cuentas individuales como propiedad privada iban a incentivar el cumplimiento de los clientes demostró ser, como mínimo, equivocado. Debido a la exclusión social, a la informalidad y al desempleo, el sistema en vigencia merece llamarse de cualquier manera menos de previsión.
Pero ni siquiera puede decirse que están cubiertos los afiliados que están aportando. Cálculos hechos por expertos del Gobierno muestran que, en promedio, un aportante que hoy tiene 40 años se retirará con una jubilación mensual total (sumadas la prestación básica universal del Estado y la renta vitalicia originada de sus propios fondos) de nada más que 400 pesos. Esta miserable perspectiva obedece en parte a las abultadas comisiones y seguros que erosionan lo que efectivamente se capitaliza del aporte, y que en la actualidad alcanza un máximo en el caso de Siembra con el 41 por ciento.
En una reciente presentación en el Congreso, el superintendente de AFJP, Juan González Gaviola, fue muy didáctico en ilustrar lo descomunal de las comisiones y seguros. Señaló que sobre 28.500 millones de dólares que se llevan aportados desde que comenzó a funcionar el sistema, 6100 millones se fueron en comisiones y 2700 millones en seguros. Restados esos conceptos, lo que queda –si se contabilizan los títulos públicos en default a valores de mercado– es poco más de 12.000 millones de dólares. ¡Bastante menos que la mitad de lo que entró al sistema!
Sobran razones para que en el Gobierno haya muchos estudiando alternativas para cambiar el sistema. Las variantes se abren en un amplio abanico en cuanto a la futura participación de las AFJP, aunque en ningún caso las elimina. Como ejemplo de lo que se evalúa está el permitir la vuelta del régimen privado al público, o invertir el criterio que hoy existe para los indecisos, y en lugar de asignarlos a alguna AFJP dejarlos automáticamente en el sistema público de reparto. Al respecto, es interesante notar que apenas el 20 por ciento de los que ingresan al sistema previsional como afiliados ejercen su opción; es decir que el 80 por ciento restante es indiferente entre lo público y lo privado pero es entregado en paquete con moño de regalo a las AFJP.
Nadie en el Gobierno niega la conveniencia de modificar el statu quo, y todos son conscientes desde un principio de que no se trata de un tema menor. Según dijo en mayo de 2003 Roberto Lavagna, “el sistema de AFJP está en el corazón mismo de la crisis del modelo”. Cinco meses después el ministro fundamentó su crítica: “La reforma de 1994 fue un salto al vacío, y a pesar de que hubo muchas voces de protesta que en aquel momento se levantaron, nadie de la conducción económica se preocupó en qué iba a pasar con el desfinanciamiento del sector público, que fue de una magnitud enorme y que se fue resolviendo con parches consistentes en la compra de títulos públicos con los fondos de las AFJP”.
Sin embargo, al cumplirse un año del gobierno de Néstor Kirchner el cambio del régimen previsional sobresale como uno de los grandes compromisos incumplidos. Un importante hombre de Gobierno confió a esta columna que es precisamente Lavagna el que más freno pone a cualquier iniciativa de reforma. No es que no la considere necesaria, sino que está manejando los tiempos en función de un objetivo mucho más prioritario como es la negociación de la deuda en default. Llegado el momento de la presentación definitiva de la propuesta a los acreedores, Economía necesitará de una masa crítica de aceptación para que la operación pueda considerarse exitosa y concretarse. Y en ese sentido, la magnitud de títulos defaulteados en poder de la AFJP las convierte en candidatos imprescindibles para arrimar a esa masa crítica. Con la ventaja adicional en vistas a un arreglo de que las AFJP están en mejores condiciones que nadie para aceptar bonos a muy largo plazo dado el tiempo prolongado en que se jubilará su clientela.
Lavagna tiene la convicción de que las AFJP han sido un “fracaso” pero las necesita. Las AFJP (léase bancos) les temen a las ideas transformadoras para el sector que predominan en el Gobierno, pero se saben necesitadas. Es un juego de dependencia mutua con final incierto del que depende cuántos viejos habrá en el futuro al descubierto.

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