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Domingo, 30 de mayo de 2004

CONTADO

Locomotora invertida

Por Marcelo Zlotogwiazda

Alcanza con un solo dato para entender por qué desde el Ministerio de Economía se monitorea a diario lo que está sucediendo en Brasil y por qué los industriales locales están cada vez más preocupados por cómo aquello pueda afectarlos. De acuerdo con la estimación de la consultora que dirigen Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo, la Argentina se encamina este año a un déficit en el intercambio bilateral del orden de los 2000 millones de dólares, revirtiendo bruscamente el superávit de 2300 millones registrado en el caótico año 2002.
Semejante reversión en el resultado de la balanza comercial tiene mucho que ver con los abruptos cambios en el nivel de actividad de ambos países. Brasil fue una de las válvulas de escape para los sobrantes que hace un par de años generaba una economía local con bajísima demanda interna; el déficit previsto para 2004 es consecuencia de la escasa demanda interna, pero en este caso de Brasil, a lo que se agrega las necesidades de una Argentina creciendo por segundo año consecutivo a tasas considerables. Obviamente, los vaticinios consideran además la depreciación que ha sufrido en las últimas semanas el real frente al dólar (y, por lo tanto, frente al peso), lo que agudiza la tendencia hacia un mayor saldo negativo para la Argentina.
Un aspecto destacable de lo que está sucediendo en el flujo bilateral es que los resultados varían básicamente al compás de las importaciones argentinas y casi nada al ritmo de las importaciones brasileñas. Según los analistas, casi toda la variación en el intercambio respecto del año pasado será explicada por un aumento de más de 2000 millones de dólares en las compras a Brasil. Los números del primer cuatrimestre del año así lo confirman: mientras las compras argentinas pegaron un salto del 81,5 por ciento hasta alcanzar los 2009 millones de dólares, tal como informó esta semana el gobierno brasileño, las exportaciones a Brasil apenas subieron un 2,2 por ciento llegando a 1654 millones. Es decir que el déficit acumula en el primer tercio del año, antes de la depreciación del real, 350 millones de dólares. No sería extraño, si se empina la tendencia, que al finalizar el año se esté cerca de los 2000 millones de saldo negativo mencionado al comienzo de la nota.
La última vez que se registró un déficit comparable fue en 1992 con casi 1700 millones de dólares. La diferencia es que en los albores de la convertibilidad lo determinante del déficit era la avalancha de bienes de consumo, mientras que en el salto importador que se espera para el 2004 lo que predomina son las compras de insumos para la producción, de bienes de capital, algo de autos, y muy poco de bienes de consumo. Esto no obsta para que algunos ramas de productos finales o semiterminados como textiles, calzados y alimentos, se sientan particularmente dañados y vociferen en busca de protección.
Aun cuando la devaluación del real le cuesta a la Argentina una pérdida de competitividad, la paridad con el peso sigue siendo todavía más conveniente para el comercio argentino de lo que fue hasta 1998, o sea previo a la anterior gran devaluación de Brasil. De todas maneras, conociendo la prioridad que el Gobierno le atribuye al mantenimiento de un tipo de cambio alto, la actual situación le plantea el siguiente dilema: o se resigna a una paridad menos competitiva frente a Brasil, o trata de subir aquí el dólar poniendo en riesgo las metas de inflación.
Por supuesto que el déficit con Brasil se da en un contexto de amplio superávit con el mundo entero que excedería en el año los 10.000 millones de dólares, si bien el resultado definitivo será muy sensible a los vaivenes en el mercado de la soja (de mantenerse el precio en el nivel que quedó tras la caída del 20 por ciento de los últimos días, la ventas al exterior disminuirían en bastante más que 1000 millones de dólares). Además del contraste entre el superávit global argentino y su déficit con Brasil, hay otros aspectos que llaman la atención. El primero es la relación con Brasil es un ejemplo más de las dificultades que manifiesta la economía argentina para pegar un salto exportador incluso tras la devaluación del peso. Para peor, hasta esta convulsión Brasil venía impulsando el primer aumento en las exportaciones de manufacturas de origen industrial (las de mayor valor agregado) que registra la Argentina desde el estallido de la convertibilidad, lo que difícilmente se mantendrá si el vecino país desacelera su nivel de actividad.
Más allá de esto último, lo segundo que sorprende es la merma de la brasildependencia de la que mucho se habló en años anteriores. Tras haber llegado a absorber casi un tercio del total de las exportaciones argentinas en 1997-1998, actualmente Brasil ha perdido como destino la mitad del peso que tenía. En sentido contrario, de un 20 por ciento que representaba como origen de las importaciones de la Argentina, hoy en día Brasil representa más del doble. Como se ve, curiosamente podría decirse que si por la vía del comercio uno de los países hace las veces de locomotora del otro, no hay duda de que ahora ese rol lo está cumpliendo la Argentina.

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