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Sábado, 5 de noviembre de 2016

TEATRO › VALERIA AMBROSIO PRESENTA SU PUESTA EN ESCENA DE DINNER

“Se me ocurrió jugar con la mirada”

La directora de Rent propone ahora en el Paseo La Plaza una comedia negra británica que primero fue un éxito en el off y luego en el circuito comercial de Londres. “Es una puesta bastante deforme, propone interacción, un espectador activo”, define Ambrosio.

Dinner, de Moira Buffini, es una comedia negra inglesa que fue éxito en el off y después en el circuito comercial de Londres. Pasó por diferentes ciudades de Gran Bretaña y próximamente estrenará en Broadway. En Buenos Aires, la encargada de poner en escena esta obra –y de acercarla al espectador porteño– es la multifacética Valeria Ambrosio. En tiempo real, Dinner muestra una cena íntima muy particular, cargada de tensión: de esas que no pueden terminar bien. Los comensales, un grupo de snobs de clase alta, desnudan a través de sus palabras sus miserias y su hipocresía. Se presenta de miércoles a domingos en la sala Neruda del Paseo La Plaza (Avenida Corrientes 1660).

Paige, una mujer a la que le sobra el tiempo, ya que no hace nada de su vida, organiza este evento a propósito del lanzamiento de un nuevo libro de su esposo, Lars. Es un libro de filosofía posmoderna o, mejor dicho, de autoayuda. Asisten una pareja, integrada por un científico y una periodista de chimentos, y una artista plástica vegetariana. Un mayordomo en absoluto silencio contempla la escena, atento a todo lo que pasa. Y otro comensal inesperado se suma en medio de la noche. Amor, traición, venganza: por estas emociones transita la historia. Actúan Leonora Balcarce, Joaquín Berthold, Victoria Céspedes, Nacho Gadano, Willy Lemos, Juan Manuel Guilera y el debutante Alejandro Veroutis, periodista y jefe de prensa.

Es una obra coral, en la que sobresale la actuación de Lemos, en la piel de Paige. Cuenta Ambrosio –de reconocida trayectoria en el mundo de los musicales– que para acercar la obra al público porteño le incorporó dos artilugios. Uno es que cada acto, que es a su vez cada plato del menú, está interpretado desde un género teatral: naturalismo, melodrama, suspenso y tragedia. El segundo artilugio es la incorporación de una pantalla, que otorga una dimensión cinematográfica a la acción y permite al público ver más de cerca los gestos de cada personaje. “Es una puesta bastante deforme. Propone interacción, un espectador activo. El cambio de género descoloca. Es una jugada poner una propuesta de búsqueda en una sala comercial”, destaca la directora.

–¿La idea de montar Dinner fue suya?

–No. Yo terminaba mi función como directora en el Teatro Argentino de La Plata (2014, 2015) y me encontré con (la productora) Kinucha Mitre. Hacía dos años que ella me buscaba para hacer un musical con música italiana, pero apareció este libro y me encontró. A ella la obra le había encantado. Yo la leí y pensé: “¿qué puedo hacer con esto?” Tenía mucho humor inglés, estaba lejos de nuestra idiosincrasia de cómo encarar los asuntos. Empezó el trabajo de ver cómo la manipulábamos.

–Entonces aparecieron la pantalla y la división en géneros.

–Claro. Yo había visto algunas imágenes de la original y me parecía muy estática. Todo ocurre alrededor de una mesa, y yo no quería poner la escena de la última cena: todos los actores frente a público. En un principio, quise hacer un giratorio muy lento, casi imperceptible, pero era carísimo. Se me ocurrió entonces jugar con la mirada. Como la obra trata de la hipocresía en determinados estratos sociales, de la “automirada”, del espejo, del estar siempre pendiente de la mirada de otro, me pareció que una cámara para cada personaje era el elemento que me estaba faltando. No se poncha al que habla, sino al que escucha o al que está distraído. Es un gran ojo que mira. Retrata ese narcisismo atroz de los realities y las redes sociales. Por otro lado, los géneros buscan quebrar la linealidad. Me pareció divertido vivir la misma situación en cuatro estados distintos, como ocurre en la vida misma.

–¿Por qué decidió que el personaje de Paige fuera interpretado por un hombre?

–Me parecía interesante buscar la femineidad en un hombre, no en un plan de transexual o de travesti. Cuando los hombres interpretan mujeres pueden exacerbar la femineidad. En este caso no está exagerado ni montado. Es interesante ver los mil colores de Lemos. Hay gente que no se da cuenta de que es un hombre.

–Decía que el texto es muy inglés, que no tiene tanto de nuestra idiosincrasia. ¿Y cómo conecta, en cuanto al contenido, con el espectador porteño?

–Habla de una pérdida de valores y de ética que nos representa. En un punto te sentís identificado. Nos representa más como humanidad que como sociedad, o como sociedad occidental. Por la hipocresía, el juicio permanente o las mil maneras de escabullirse de la angustia existencial. Cada personaje exhibe su miseria. Vimos que la gente necesita reírse más de lo que pensábamos, así que queremos adaptarla más a lo argento. Causaría más gracia y tendría olor a verano.

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“Vimos que la gente necesita reírse más de lo que pensábamos”, señala Ambrosio.
 
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