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Viernes, 4 de noviembre de 2016

MUSICA › PILSEN VUELVE PARA UN úNICO CONCIERTO QUE SERá GRABADO EN CD Y DVD

Pil y otra noche en el planeta punk

Tras el fugaz regreso de Los Violadores, el cantante vuelve sólo por hoy a la banda que formó a principios de los 90, con la que grabó dos discos y tocó mucho durante tres años. “Me gusta revivirla, aunque no creo que pueda volver a hacer algo similar”, afirma.

A Pil le alcanzaría sólo con 2016 para mostrarle a un desconocido toda su carrera: en febrero tocó junto a la Orquesta Típica Fernández Fierro (en un formato que ya había experimentado), luego participó de la vuelta de Los Violadores en el Luna Park (y derivaciones por Perú y Uruguay) y más adelante se presentó con su proyecto solista (Pil y Los Violadores de la Ley). La última pieza clave de su currículum terminará de componerse esta noche, cuando reagrupe en el teatro Vorterix las dos formaciones de Pilsen, una banda que tocó mucho, grabó algo y duró muy poco: apenas tres años. Y sus integrantes prometen grabar disco y DVD en vivo y “una sorpresa” para el final del show.

Pilsen significó la sobrevida de Pil como artista de rock y como exponente de la cultura punk más allá de la primera separación de Los Violadores, consumada en junio de 1992 en Obras. A los pocos meses de ese episodio, el cantante formó la nueva banda con Sergio Vall, el último baterista de su anterior grupo, más el bajista Biko Cappuccio y el guitarrista nicoleño Tucán Barauskas (que, con el tiempo, se convertiría en su principal aliado compositivo a lo largo de sucesivos proyectos compartidos). Ese Pilsen grabó Bajo una bandera en 1993, mientras que al año siguiente una formación completamente distinta hizo Bestiario (Pil había incorporado a todos los músicos de Vejez Prematura, una banda de Villa Urquiza). “Pilsen fue como una continuación del último vértigo de Los Violadores”, explica Pil. Y agrega: “Eran años en los que vivía intensamente, tomando mucha cerveza. No una cosa de locos, sino un detalle, de borrachín alegrón. Y todo eso creo que se vio reflejado en la música de Pilsen, que a diferencia de la de Los Violadores era, digamos, un poco más fiestera. Fundamentalmente en el primer disco, ya que el segundo fue más oscuro”.

Más allá de las canciones –que, al igual que las de Stukas en Vuelo, pueden ser consideradas como un spinoff de Los Violadores “a la altura de”–, uno de los detalles más recordados de Pilsen acaso sea el del vínculo que Pil estableció para Bajo una bandera con el inglés Ronnie Biggs, único de los condenados por el denominado “robo del siglo” que logró escapar de prisión y refugiarse en el extranjero. “Una vez leí que un grupo de tipos había robado millones de libras de un tren del correo que iba desde Londres hasta Glasgow, y que uno además había logrado escapar y vivía en Río de Janeiro”, cuenta Pil. “Después me enteré de que ese mismo tipo había grabado dos temas con los Sex Pistols en The Great Rock n’ Roll Swindle. Entonces le propuse a los de la discográfica ir a Río para que Biggs cantara en dos canciones del primer disco de Pilsen… y me dijeron que sí”.

Pil biografía a Biggs como “un leñador con una vida dura, un borrachín simpático que terminó robándole millones a la corona británica”. O, en confianza, como “un tipo con el que te cagabas de risa”. En el baño de visitas de su mansión en Río, Biggs tenía un papel higiénico con la cara de Margareth Thatcher impresa una y otra vez a lo largo del rollo. Allí fue invitado Pil para que tocara con Pilsen en la fiesta por los 30 años del robo que convirtió en leyenda al inglés. “Pero sólo hicimos dos temas”, dice Pil. “Estábamos muy borrachos, aunque el más borracho era Ronnie, que sin embargo seguía en su fiesta como si nada. Durante mucho tiempo me quedé mal por esa experiencia. Hace poco terminamos con Juan Carlos Kreimer un libro que se va a llamar Más allá del bien y del punk y saldrá el año que viene. En un momento le conté esto que me pasaba con esa historia y él me respondió: ‘Fuiste a la fiesta de un ladrón, en su casa y con varios de sus compinches. ¿Qué creés que esperaban de vos? ¿Un músico erudito del centro de Europa? Diste un show punk en una fiesta punk y eso estuvo muy bien’. Creo que esa mirada terminó de exorcizarme”.

Para Pil, desde luego, la fulgurante relación con Biggs no significó el único punto relevante de Pilsen: “También pude trabajar con muchos artistas internacionales”, resalta. En la lista figuran Steve Jones, guitarrista de los Sex Pistols, y los alemanes Die Toten Hosen. Aunque ahora el cantante agrega uno más: “Con UK Subs grabamos una versión muy linda de ‘Wild Rover’, canción tradicional irlandesa que solíamos cantar medio beodos, pero después el sello la perdió”.

Pilsen le permitió a Pil conectar con Jones de distintas maneras, todas ellas seguramente envidiadas por cualquier músico de punk del planeta: grabando dos canciones en Bajo una bandera, haciendo temas de los Pistols en vivo y encomendándole la producción de Bestiario. Sin embargo, el legendario guitarrista no dio tanto espacio como el imaginado. “Jones estaba justo en plan de desintoxicación de la heroína y medio había entrado en una onda hinduista, así que no habilitaba muchas situaciones de confianza o de intimidad.” Todo lo contrario a lo que ocurrió con los Hosen, quienes hicieron su primer show en la Argentina teloneando a Pilsen, y desde entonces no pararon de volver y de crecer.

–¿Cómo es el reencuentro con ese puñado de canciones a más de veinte años?

–Tuve que volver a cero porque eran discos que no escuchaba desde hacía años. Recién en los últimos tiempos empecé a incorporar algo de Pilsen a mi proyecto solista. Diría que fue bueno; no lo mejor, pero estuvo muy bien. Fue una banda fugaz, que duró tres años y dos discos. Poco pero muy productivo, porque además tocamos bastante. Hicimos dos discos distintos entre sí, cada uno con su toque. Me gusta revivirlo, aunque no creo que pueda volver a hacer algo similar.

–Hace poco dijo que le gustaría que su próximo disco tuviese rock progresivo, jazz y blues. ¿Qué hay acerca de eso?

–Me gustaría crear algo que, en lo posible, esté en las antípodas de lo que siempre hago. Que sea distinto. Esa mi intención. Si no, voy a terminar haciendo lo mismo toda mi vida. En los últimos cinco años toqué más de 300 veces. El que se cansa no es el músico sino el que labura en un puerto, pero lo cierto es que estoy un poco saturado de la noche, show, show, noche, viaje, volver a Lima. Allá, en Perú, tengo una vida de hogar, de tipo que hace chi kung… y acá la de un rockero que tiene que ir a tocar de pueblo en pueblo, a veces a las cuatro de la mañana. Qué sé yo, quizá pueda encontrar una veta en el proyecto con la Fernández Fierro. Estamos hablando con el Tucán del tipo de composiciones que vamos a trabajar en el futuro.

–¿Se apagó el punk?

–Después de haber tocado este año con Los Violadores en el Luna Park, ¿qué más puedo hacer? Nada de lo que haga en el punk podría superar a eso. Volvimos para que dejen de preguntarnos cuando volvíamos, para saldarle la deuda a quienes nos decían que les debíamos algo y, sobre todo, porque nosotros mismos necesitábamos darle otro cierre a una historia que había terminado tan convulsionada. Esa noche hubo mucho vértigo y adrenalina, euforia y desborde, errores y cositas… pero creo que finalmente logramos presentarnos de manera digna y dar un gran concierto. Aunque sea por un rato, nos dimos el gusto de vencer a nuestro principal enemigo: el tiempo.

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En el show de esta noche en el teatro Vorterix, Pil tocará con las dos formaciones de Pilsen.
 
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