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Viernes, 4 de noviembre de 2016

CINE › EL CICLO “CINE ALEMAN CONTEMPORANEO, UNA APROXIMACION” EN EL KINO PALAIS

Para ponerse al día con el cine alemán

Desde hoy y hasta los primeros días de diciembre, el Palais de Glace propone un cuerpo de películas dedicadas, en su mayoría, a revisar el estado de la Alemania posterior a la caída del Muro.

Un mix de realizadores jóvenes con otros experimentados y un cuerpo de películas dedicadas en su mayoría a revisar el estado de la Alemania posterior a la caída del Muro (sobre todo la actual), presenta el ciclo “Cine alemán contemporáneo, una aproximación”, integrado por films estrenados en el último lustro. Kino Palais lo pone en pantalla en el Palais de Glace (Posadas 1725) con apoyo del Goethe-Institut, desde hoy y hasta los primeros días de diciembre. Todos los films programados son inéditos en Argentina, con la única excepción de la extraordinaria Ave Fénix, de Cristian Petzold –uno de los mejores films estrenados aquí el año pasado–, incluyendo uno de los más premiados en los German Film Awards 2015 (Jack, del suizo Edward Berger) y una reconstrucción ficcional de uno de los ataques racistas más conmocionantes de la reciente historia alemana (Somos jóvenes. Somos fuertes, del hijo de inmigrantes Burhan Qurbani). Con entrada libre y gratuita, las funciones de “Cine alemán contemporáneo, una aproximación” tendrán lugar todas las semanas de viernes a domingos, siempre a las 19 horas.

Dos de las películas del ciclo presentan grupos juveniles simétricos. Uno de esos grupos es el que integran los protagonistas de Cuando soñábamos (Als wir träumten, 2015, el próximo domingo y sábado 3 de diciembre), criados en los últimos tiempos de la ex Alemania Oriental, cuando los escolares todavía recibían el nombre de “pioneros”. De jóvenes experimentarán lo que Occidente tiene para ofrecerles: la libertad del vacío, la desilusión, los estimulantes, la ley del más fuerte. Basada en una novela, el director de Cuando soñábamos es, junto con Christian Petzold, el más renombrado del lote. Se trata de Andreas Dresen, de quien por aquí se estrenó la love story geriátrica Nunca es tarde para amar (2009), y que suele ser un abonado permanente de las Semanas de Cine Alemán que se celebran todos los años en el Village Recoleta. Al grupo protagónico de Cuando soñábamos, que prueba de liberar los sentidos bailando tecno y consumiendo éxtasis en una disco de su propiedad, se le opone la pandilla de Somos jóvenes. Somos fuertes (Wir sind jung. Wir sind stark, 2014, sábado 19 de noviembre y viernes 2 de diciembre), que termina arrojando bombas molotov contra el albergue municipal habitado por inmigrantes vietnamitas en la ciudad de Rostock, bajo la consigna de que “alguien tiene que ordenar el chiquero”.

Ambas juventudes coexisten, ya que los episodios de Rostock tuvieron lugar en 1992, tres años después de la caída del Muro. Es interesante la inversión de signos políticos que muestra la película de Qurbani, con alguno de los miembros de la pandilla protestando contra los “malditos socialistas conservadores”. En este contexto, el intercambio de saludos nazis o la exhibición de algún símbolo nazi que algunos de los jóvenes sobreactúan tal vez quiera vestirse de un sentido de rechazo por el régimen anterior, ignorando tal vez la trágica paradoja de pretender retroceder a un régimen no sólo anterior sino, obviamente, mucho más retrógrado. Como sus contrapartes de Cuando soñábamos, hay un grado de confusión en estos jóvenes que los pone en una peligrosa situación de disponibilidad para la acción directa. Somos jóvenes. Somos fuertes (el título asocia juventud con valores nazis) muestra la xenofobia como sentimiento generalizado en Rostock 1992. Como microfascismo de la vida cotidiana, que permite que el “héroe” de la película (hijo de un político socialdemócrata, para más datos) se pase toda la película con expresión de perplejidad, para terminar tirando su “molo” contra una “china cochina”. Es perturbador lo que muestra el film de Burhan Qurbani. Más aun lo que no muestra y da a pensar: ¿qué estará pasando hoy en Rostock y otras ciudades alemanas? ¿Qué pasará mañana?

Dirigida por el debutante Jan Ole Gerster, Oh Boy (2012, hoy y el domingo 20 de noviembre) presenta a otro joven sin sentido de dirección, pero esta vez en solitario y fotografiado también en un espléndido blanco y negro, como el film de Qurbani (que empieza en esa clave y pasa luego a color). Hace dos años que Niko Fischer dejó la carrera de Abogacía y hace dos años que no se lo dice a su padre, cuestión de seguir recibiendo la mensualidad que éste le pasa. Niko se dedica a no hacer nada. El problema es que tampoco lo pasa muy bien así, y la antipatía que de pronto el universo parece profesarle (en el Starbucks no le entienden el pedido, el cajero automático le chupa la tarjeta, un psicólogo laboral se revela como una suerte de torturador nazi) da la sensación de ser una proyección de su propio desánimo. Hasta que termina de meter la pata con una chica divina, ex compañera de primaria dispuesta a todo. Retrato tal vez de alguna juventud contemporánea rica con tristeza, Oh Boy es algo así como un “Todos contra Niko”.

Por el lado de la sátira viene también Tiempo de caníbales (Zeit der Kannibalen, 2014, mañana y viernes 25 de noviembre), un cuento de cazador cazado en el que dos consultores de empresas que creen tener el mundo en las manos se encontrarán en manos del mundo. La acción, a medio camino entre el teatro de boulevard y la sitcom de dientes afilados, tiene lugar exclusivamente en suites de hoteles 5 estrellas enclavados en ciudades como Nueva Delhi y Lagos, ya que los protagonistas no necesitan salir de allí para abrochar sus negocios. Se trata de la clase de película en la que hasta el más mínimo movimiento está guionado (es una suerte de prima alemana de El método, aunque algo menos moralista y bastante más divertida), con un final que se ve venir como un tren en la distancia. Un film de encierro, pero de imprevisible devenir, es Super-Egos (Über-Ich und Du, 2014, 12 de noviembre; debió haberse traducido como Superyoes), en el que un pícaro se hace pasar por acompañante de un venerado psicoanalista anciano, que tiene cierta mácula en su pasado: la de haber adherido al nazismo (posible alusión a Heidegger, mutatis mutandi). La película, dirigida por Benjamin Eisenberg (el de El ladrón, vista en un Bafici), muestra un gusto por lo insólito que incluye entre otros obsequios una transferencia de personalidades entre los protagonistas.

El concilio de los pájaros (Zerrumpelt Herz, 2014, viernes 11 y domingo 27) y Jack (2014, 18 de noviembre y domingo 4 de diciembre) quedan para el final, pero son dos de los films más sólidos de la programación. La primera de ellas –ópera prima del muy joven Timm Kröger– narra la visita que en 1929 dos hombres y una mujer hacen a un amigo en común, compositor musical, quien tras separarse de su esposa decidió abandonar Berlín, harto de la música “degenerada” (el término que daban los nazis al arte que consideraban decadente) de Hindemith y Kurt Weill, para refugiarse en el bosque. Como en los cuentos, el bosque será para ellos un lugar de extravío, en algunos casos literal y en otros espiritual, en medio de un cargado aunque difuso clima de presagio. Jack tiene mucho del cine de los hermanos Dardenne. La cámara en mano sigue con urgencia durante toda la película al chico del título, que tiene un hermano menor del que se hace cargo como si fuera un padre, mientras la madre de ambos no parece muy dispuesta a hacerse cargo de ellos. La película, que transpira una sensación de presente continuo, es nerviosa, intensa y sostenida, con un insuperable Ivo Pietzcker en el protagónico.

Y queda claro, Ave Fénix (Phoenix, 2014, domingo 13 y sábado 26 de noviembre). Pero ya se sabe que esa es una obra maestra, categoría fugitiva del cine contemporáneo.

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Somos jóvenes. Somos fuertes muestra la xenofobia como sentimiento generalizado en Rostock 1992.
 
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