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Miércoles, 25 de junio de 2008

DISCOS › ESTA NOCHE EN ELEPE, UN DISCO FUNDAMENTAL DEL ROCK ARGENTINO

Almendra explica “Almendra”

Hoy a las 23 en el programa de Canal 7, por primera vez en los 39 años que pasaron desde su grabación, Spinetta, Emilio del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García hablan en profundidad de la grabación de un disco capital.

 Por Cristian Vitale

“Yo creo que Almendra empezó con esa ingenuidad, como si fuéramos cuatro niños que recién acabábamos de nacer y entonces nos echamos al mundo de esa manera” (Edelmiro Molinari).

Pasaron 39 años. Seguro que de haber imperado la idea jauretcheana de dar vuelta el mapa y ver la realidad desde aquí –poner el centro en la periferia–, el primer disco de Almendra se hubiese ubicado entre los mejores del, por y para el globo, sin dudas. Cuatro nenes, prácticamente: Luis Alberto Spinetta y Emilio del Guercio tenían 18; Edelmiro Molinari, 20; y Rodolfo García –el mayor– recién salía de la colimba. De ellos cuatro, química letal mediante, emergían gemas cuyo brillo, estético e intrínseco, llega hasta hoy. Es preciso nombrarlas a todas: “Muchacha ojos de papel”, “Fermín”, “Figuración”, “Color Humano”, “Laura va”, “Que el viento borró tus manos”, “Ana no duerme”, “Plegaria para un niño dormido” y “A estos hombres tristes”. Consciente de ese fulgor que no reconoce calendario, la producción de Elepé (hoy a las 23 por Canal 7) lo eligió como uno de los discos a revisitar. Lisandro Ruiz (productor general) y el séquito de melómanos que lo acompaña desde hace seis discos (Marcelo Fernández Bitar y Eduardo Berti, entre ellos) fue al detalle, le sacó punta a la insistencia y logró algo inédito en la historia del rock argentino: reunir a los cuatro –por separado– para que hablen de un mismo tema: la lágrima del payaso y sus estelas.

Y entonces, Luis Alberto con canas, el pelo levemente más corto y la misma lucidez; Emilio, calvo y parsimonioso; Edelmiro, rockero irrenunciable; y Rodolfo, memoria de elefante, patriarca de las clinas blancas largas, irán desgranando puntillosamente los secretos de cada canción que hicieron de aquel disco uno de los más importantes de estos cuarenta años. Porque el objeto del programa –es preciso recordarlo– es dedicar cada edición a recorrer un disco entero, con todos sus giros. Pasaron El amor después del amor (Fito Páez), los primeros de Pedro y Pablo y Los Gatos; Bicicleta, de Seru Giran; Libertinaje, de Bersuit; Honestidad brutal, de Calamaro, y ahora éste. Como en cada capítulo, aparecerán personajes que, directa o indirectamente, formaron parte. O tienen algo que decir: en este caso, Bernardo Baraj, por fanático de la primera hora; Alejandro del Prado, por lo mismo y por haber compuesto esa linda canción que es “Tanguito de Almendra”, Charly García, Miguel Cantilo, Pipo Lernoud, en carácter de testigo esponja de la época; Rodolfo Mederos, uno de los tangueros invitados a grabar en el disco, y Rep, por elegir la tapa como “una de las diez mejores que vio en su vida”.

Una tapa que, precisamente, figura como uno de los temas más jugosos que abordarán los protagonistas. Resulta que por inentendible y poco comercial, la RCA –el sello que editó el disco– intentó cajonearla sin resultado. Los cuatro, entonces, contarán cómo fue. “Para el concepto de ese momento era una cosa espantosa. Y de hecho hubo que hacerla dos veces porque la gente de la compañía no podía digerir esa tapa”, dirá García. “Los tipos no lo podían creer, porque, en una tapa de un long-play (en la época) salía la cara de los artistas, o con las guitarras eléctricas en la mano; y nosotros salimos con una tapa así, que me parece absolutamente genial hasta hoy”, enganchará Del Guercio. “Se la bancaron finalmente cuando volvimos a aparecer con el Original 2, dijeron: ‘Bueno, vamos a llevarlo a la imprenta y que sea lo que Dios quiera’”, reirá Spinetta.

Y así irán desgranando secuencias de diálogo televisivo plano a plano. Por ejemplo, para referir a “Color Humano”, uno de los temas que el código del payaso marcaba como uno de los que el hombre de la tapa canta desmayado en el vacío. Para Spinetta, un tema precioso. “Fue el pivote para las grandes zapadas de Almendra (...). Como Grateful Dead, también nosotros sentíamos que nos podíamos expresar, teníamos un guitarrista que rompía con todos los moldes y queríamos también todos tocar y vernos, sentirnos en el medio de una zapada que nos hiciera acordar a una zapada de jazz.” Para Molinari, su creador, inconcebible por duración. “Te decían: ‘No, no te lo van a pasar por la radio’, porque las radios tenían todo un límite de tiempo para pasar tus canciones y si duraba más de tres minutos no te lo pasaban, era así de corta. Y nosotros, lo mismo: ‘Color Humano’ lo hicimos, nos tiramos a la pileta, hicimos un zapadón increíble (...). Son todas cosas que destruían la rigidez que tenían los estudios y las compañías de grabación acá en ese momento (...). Me han preguntado muchas veces: ‘¿En qué mambo estabas cuando compusiste ese tema?’. Era un viaje de ácido impresionante y, no sé, con interés. Lo anecdótico es esto: a mí me encantaba tocar en la cocina, me encanta tocar. En la cocina me encantaba tocar la guitarra y lo compuse en la cocina de mi casa, mientras mamá me estaba cocinando un bife con papas fritas, no sé qué. Yo volaba con una tranquilidad extraordinaria en ese momento.”

Spinetta: –Yo los entiendo a los de las discográficas, decían: “¿Esto?”. Hacían cola para arrancarse los pelos... Porque decían: “Esto no va a vender nunca”. Y bueno, como contrapartida, hubo dos o tres canciones que sí lograron atraer al público –aunque con un método espurio, como lo de “Mucama ojos de mantel”–, también otros temas, “A estos hombres tristes”, o “Plegaria”, o “Laura va”, o mismo la parte cantada de (cantando) “Veo mares de algodón sin mareas, suave sol reflejándonos”, precioso, ¿entendés?

Es el caso de “Fermín”, uno de los temas que los hombres le cantan a la lágrima del hombre de la tapa, atados a sus destinos. Una canción que para Emilio significa nítidamente la mirada que puede tener sobre la locura un pibe de 18 años. “Está planteada la locura desde el dolor, desde lo inasible, de cosas incomprensibles. Yo creo que la poesía tiene la capacidad de nombrar cosas que el lenguaje coloquial y la prosa no pueden nombrar. La poesía nombra lugares del alma que no son explicables; no son reproducibles.” Y sigue Spinetta: “Inclusive ya ahí Mambrú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá, hay una cosa entre lo idiota y lo militar, que generalmente están muy cerca”.

Apenas breves recortes de lo que se verá y oirá esta noche: ¿quién era Ana, la que no dormía?; ¿por qué “Salva tu piel, la ciudad se llevó el verano”, la frase de “A estos hombres tristes” que pegó tanto en la generación?; ¿dónde y para quién compuso Del Guercio “Que el viento borró tus manos”?; ¿por qué “Laura va” derivaba de “She’s Leaving Home”, de The Beatles?; ¿a quién se le ocurrió incluir sesiones de bandoneón?; ¿por qué “Muchacha”? Y, claro, la canción preferida de cada quien. Como bonus, el reconocimiento de Charly García sobre el aporte de Spinetta como letrista al rock en castellano. Para alquilar balcones.

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Almendra, piedra basal en el origen del rock argentino.
 
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