futuro

Sábado, 6 de agosto de 2005

ASTRONOMIA: LA PARADOJA DEL “PLANETA X”

La décima roca desde el sol

 Por Mariano Ribas

Hace algo más de un año, la mayoría de los medios de comunicación locales se despacharon con un anuncio verdaderamente impactante: según decían, se había descubierto al décimo planeta del Sistema Solar. Por entonces, Sedna apareció a rabiar en páginas y páginas de diarios y revistas, y disparó grandes titulares en todos los noticieros de la radio y la televisión. Claro, era comprensible, al fin de cuentas, se trataba del tan esperado planeta número 10, el que se venía haciendo rogar desde marzo de 1930, cuando se anunció el hallazgo del número 9, Plutón. El hallazgo era cierto y absolutamente meritorio: Sedna era el objeto más lejano jamás observado en nuestro sistema, casi triplicando la distancia Sol-Plutón. Pero había un pequeño detalle: los astrónomos jamás dijeron que era un planeta. Y es lógico, porque es demasiado chico para eso (sólo mide 1600 kilómetros de diámetro, menos de la mitad que la Luna). Con el tiempo, el falso anuncio se fue desinflando, como si nunca se hubiese hecho. Y aunque la verdad finalmente asomó su poderosa cabeza, la confusión ya estaba instalada: al día de hoy, y a pesar de los intentos para aclarar lo contrario, muchos chicos de escuelas primarias y secundarias siguen repitiendo que “Sedna es el décimo planeta”.

Ahora, y sean cuales fueran las razones, la situación es exactamente inversa: un grupo de astrónomos norteamericanos acaba de anunciar mundialmente el descubrimiento del verdadero décimo planeta (más grande y mucho más lejano que Plutón) y la noticia, curiosamente, apenas ha trascendido localmente. No hay más que pasearse por las páginas de Internet de la NASA (www.nasa.gov) o de las revistas especializadas más importantes del mundo, como Sky & Telescope (www.skyandtelescope.com) para comprobar la verdadera dimensión del hallazgo de 2003 UB313, tal como ha sido bautizado provisoriamente.

Es verdaderamente paradójico: el año pasado, el “falso” décimo planeta estuvo en boca de todos. Y ahora, salvo contadas excepciones, el “verdadero” décimo planeta ha sido olímpicamente ignorado. Una paradoja mediática que más allá del caso puntual, nos hace pensar en la precariedad con que, muchas veces, los medios masivos de comunicación manejan la información científica.

PRESENTACION EN SOCIEDAD

Hace 75 años que no había un anuncio tan importante en materia de descubrimientos de la fauna planetaria local: el recién llegado está 97 veces más lejos del Sol que la Tierra, y sigue una órbita tan enorme, que tarda más de cinco siglos en dar una vuelta a nuestra estrella.

El histórico descubrimiento del planeta 10 es la consecuencia lógica de una larga pesquisa. Desde 1992, los astrónomos vienen encontrando, uno tras otro, pequeños objetos helados –de sólo cientos de kilómetros– en las fronteras de nuestro sistema planetario. Hasta hoy, ya suman más de mil, y conforman un gigantesco anillo de escombros helados, conocido como “Cinturón de Kuiper”, cuyo borde interior está un poco más allá de la órbita de Neptuno, extendiéndose miles de millones de kilómetros más lejos que Plutón. Lo cierto es que, debido a su pequeño tamaño, ninguno de esos cuerpos fronterizos podría considerarse un planeta (al menos, siguiendo los criterios adoptados por la Unión Astronómica Internacional). Y si bien es cierto que hay cuestiones de límites no del todo definidas, había un punto de acuerdo para la mayor parte de la comunidad astronómica: si se descubría un objeto más grande que Plutón (2250 kilómetros de diámetro), debería llamarse “planeta”. Al menos, por ahora. Y así fue.

¡PIEDRA LIBRE!

A decir verdad, el objeto fue detectado por primera vez en fotografías tomadas en octubre de 2003, por un equipo de astrónomos norteamericanos encabezado por Michael E. Brown (del Instituto de Tecnología de California), con la ayuda de un telescopio (de 1,2 metro de diámetro) instalado en el Observatorio de Palomar, en California. No era más que un puntito en medio de miles de estrellas de fondo. Pero en enero de 2005, Brown y sus colegas volvieron a fotografiar esa zona del cielo –en plena constelación de Cetus– y observaron que el puntito había cambiado ligeramente de posición. Poco más tarde, los científicos observaron al recién llegado con el súper telescopio (8 metros de diámetro) del Observatorio Gemini Norte, ubicado en la cima del volcán Mauna Kea, Hawai. Y así confirmaron su existencia, e inmediatamente lo bautizaron con una nomenclatura meramente técnica: 2003 UB313.

Teniendo en cuenta el movimiento angular, su brillo aparente, y su “albedo” (el índice de reflexión de la luz solar), los astrónomos determinaron su distancia y, principalmente, su tamaño. Ahora, 2003 UB313 está a 97 unidades astronómicas del Sol (una “unidad astronómica” es la distancia Tierra-Sol y equivale a 150 millones de kilómetros), es decir, 14.500 millones de kilómetros del Sol. O sea, casi el triple de la distancia que separa a Plutón de nuestra estrella. Por lo tanto, es el objeto más distante jamás observado en todo el Sistema Solar. Al parecer, el nuevo planeta sigue una órbita bastante excéntrica (muy ovalada), que le toma ni más ni menos que 560 años. Pero lo más impactante del caso es su tamaño: Brown y sus colegas calculan que mide alrededor de 2600 kilómetros de diámetro, o incluso, un poco más (es probable que mida alrededor de 3000 kilómetros). Y más allá de su tamaño y ubicación, las observaciones espectroscópicas realizadas con el telescopio Gemini Norte han revelado la presencia de hielo de metano en su superficie, un rasgo que lo asemeja a Plutón.

Por ahora, aquel lejano mundo helado no ha recibido un nombre como la gente (2003 UBH313 no es más que una fría designación de catálogo). Pero, según parece, sus descubridores ya le han enviado una propuesta a la Unión Astronómica Internacional. Veremos qué pasa. Mientras tanto, los astrónomos de todo el mundo saludan la llegada del planeta número 10. Y lógicamente, ya están esperando al número 11.

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"2003 UB313", el nuevo y flamante planeta x.
 
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