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Sábado, 18 de febrero de 2006

EL SINDROME DE LA FALSA MEMORIA

Traficantes de recuerdos

 Por Raúl A. Alzogaray

En 1992, en el estado de Missouri, Estados Unidos, un psiquiatra aplicó a una de sus pacientes, una mujer de 22 años, una terapia para recuperar recuerdos reprimidos. La mujer recordó que durante su niñez y adolescencia, su padre la había violado repetidas veces, la había dejado embarazada y la había obligado a abortar. El incidente llegó hasta los medios y se hizo público. El padre de la mujer, que era sacerdote, tuvo que renunciar a su cargo. Poco después, un examen médico reveló que ella era virgen y nunca había estado embarazada. La mujer demandó al psiquiatra. Y lo condenaron a pagar un millón de dólares.

Esta historia no es un caso aislado. Entre fines de los años ’80 y comienzos de los ’90, en Estados Unidos y Canadá, miles de personas sometidas a terapias de memoria reprimida recordaron que durante la infancia un pariente cercano había abusado sexualmente de ellas. Hubo muchos juicios y muchas personas fueron enviadas a prisión por crímenes que no cometieron (en Estados Unidos, la declaración de la víctima se considera prueba suficiente para condenar a un sospechoso).

En la mayoría de los casos, los recuerdos habían sido implantados en la mente de los pacientes en forma no intencional, durante sesiones de terapia de memoria reprimida. Cuando esto se empezó a revelar, la situación se invirtió y muchos profesionales fueron demandados y condenados a pagar sumas millonarias.

Falsos recuerdos verdaderos

Según cierta teoría psicológica, cuando alguien pasa por una experiencia muy desagradable, la mente reprime el recuerdo. La persona no recuerda lo ocurrido, pero la memoria reprimida afecta su vida cotidiana. Una forma de superar esto, afirma la teoría, es hacer que la conciencia recupere los recuerdos mediante hipnosis, análisis de sueños, aplicación de suero de la verdad y otros métodos.

Se ha estimado que la cuarta parte de los psicólogos estadounidenses y británicos aceptan la existencia de la memoria reprimida y aplican tratamientos para revertirla. Pero la mayoría piensa que esa idea carece de fundamento científico. Se ha demostrado una y otra vez, en experimentos controlados, que los métodos usados para recuperar esa supuesta memoria suelen implantar en la gente recuerdos confusos, erróneos o inexistentes. Sin embargo, en la mente de las personas afectadas estos recuerdos son tan verdaderos como los recuerdos normales.

En un artículo aparecido en la revista Skeptical Inquirer, Martin Gardner reseña otras consecuencias trágicas de lo que ahora se llama el “síndrome de la falsa memoria”. Los falsos recuerdos no se limitan a casos de abuso sexual, otros pacientes creyeron haber participado en cultos satánicos, sacrificios humanos y actos de canibalismo. Algunos se convencieron de haber sido secuestrados y torturados por extraterrestres. Otra variante se debe a ciertos psiquiatras New Age, que logran que la gente recuerde lo que ellos suponen son reencarnaciones pasadas o futuras. Gracias a este tipo de terapia, la actriz Shirley McLaine dice haber recordado sus aventuras en vidas anteriores.

Perdidos en el supermercado

Crear falsas memorias no es tan difícil como uno podría imaginar. La psicóloga experimental Elizabeth Loftus (actualmente en la Universidad de Washington) ha demostrado que a veces es muy fácil implantar falsos recuerdos. Uno de los experimentos realizados por Loftus consistía en contarle a un voluntario varios sucesos reales ocurridos durante su infancia y luego uno falso. En el falso relato, se le decía que una vez había acompañado a su madre a un supermercado, se había perdido y alguien lo había ayudado a reencontrarse con ella. El experimento incluía la presencia de un pariente cercano del voluntario, que confirmaba la veracidad de la anécdota. En los días siguientes, se interrogaba al voluntario acerca del incidente en el supermercado y se lo alentaba a recordar todos los detalles posibles. Sorprendentemente, el voluntario empezaba a “recordar” cosas que nadie le había mencionado, como el aspecto y la ropa de la persona que lo había ayudado a encontrar a su madre. Cuando finalmente le confesaban que la historia del supermercado era falsa, el voluntario se negaba a creerlo. Varios investigadores han repetido con éxito este tipo de experimentos.

En 1999, a causa de la investigación del caso de una jovencita que había acusado equivocadamente a su madre de abuso sexual, Loftus y su colega Melvin Guyer, de la Universidad de Michigan, fueron acusados por sus respectivas universidades de faltar a los principios éticos de su profesión. Al final, ambos fueron declarados inocentes, pero durante varios meses la pasaron muy mal. Un comité investigador declaró que Loftus no había cometido mala conducta académica, pero recomendó a las autoridades de la universidad donde ella trabajaba que la reprendieran y la hicieran asistir a un programa de educación sobre ética profesional.

Recién en 2001, el decano de la universidad le envió una carta donde la exoneraba definitivamente de todos los cargos. Eso ocurrió un mes después de que Loftus recibiera el prestigioso premio William James, otorgado por la Sociedad Psicológica Americana para honrar la trayectoria de sus miembros más brillantes.

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