futuro

Sábado, 20 de julio de 2013

35 premios Nobel y 600 jóvenes investigadores

 Por Martín Cagliani

Desde Lindau, Alemania

Cuando éramos niños nos relataban esos cuentos originados en la recopilación de los Hermanos Grimm, en los cuales había condes y condesas, grandes héroes y héroes por nacer, palacios y pueblos de ensueño. Este relato ocurre en un pueblito de cuento de hadas llamado Lindau, donde los nacientes héroes de la ciencia, jóvenes investigadores de todas partes del mudo, se reúnen a escuchar las anécdotas de los veteranos más laureados, los ganadores del Premio Nobel.

Son los llamados Lindau Nobel Laureate Meeting. La idea principal de estas reuniones es conectar y enseñar, que las nuevas generaciones se nutran de la experiencia que destilan las viejas generaciones de investigadores.

En ese pueblito de ensueño que es Lindau, enclavado en una isla del lago Constanza, Alemania, se cumple el sueño de todo científico que recién empieza su carrera, que es el de poder charlar de frente con los veteranos de la ciencia, con aquellos que llevan décadas de investigación encima y que han aportado su granito a la historia y al avance de la ciencia.

El principal objetivo de las Lindau Nobel Laureate Meetings es que los 600 investigadores jóvenes que acuden cada año a Lindau se puedan conectar entre sí y con los premios Nobel. La carrera de un científico que se inicia puede llegar a ser muy dura, por lo que tener la oportunidad de hacer conexiones como ésta es un gran logro para los 600 jóvenes que fueron elegidos para asistir a Lindau.

ARGENTINOS EN LINDAU

Un ejemplo de ello son Laura Mazzaferro, Victoria Flexer y Javier Bardagi, tres investigadores argentinos que se dedican a la química, y que estuvieron en Lindau. Laura y Javier están terminando sus estudios de post doctorado en Alemania. Victoria lo está haciendo en Bélgica. Esto resume un poco una de las metas de estas reuniones: la de anular las fronteras. Que la ciencia no tenga nacionalidad, más que la de la humanidad.

Podrá parecer naïf, ya que si bien los científicos no tienen problemas en desarrollar sus investigaciones en diferentes países, sus descubrimientos a veces no se transforman en un bien de la humanidad, ni en el de una nación dada, sino tal vez de una compañía. Lindau aboga por compartir el conocimiento.

Laura Mazzaferro es una argentina de La Pampa, que se recibió de licenciada en Química en 2007, en la Universidad Nacional de La Pampa, y se doctoró con beca del Conicet en 2011. Para 2012 ya estaba realizando su post doctorado en Alemania, becada por la Fundación Alexander von Humboldt, en la Universidad de Freiburg.

“Cuando recibí la nominación para participar de la reunión Lindau –nos contó Laura antes de que se iniciasen las reuniones– fue una gran sorpresa, porque siendo estudiante en la UNLPam jamás me imaginé poder encontrarme algún día con nada menos que los premios Nobel de Química. Considero que estos científicos son la cara visible de excelentes grupos de trabajo, sin los cuales los descubrimientos que realizaron no hubieran sido posibles. Por eso me gustaría preguntarles cómo fue ese proceso de armar un grupo de trabajo y llevar adelante una línea de investigación, qué dificultades tuvieron y cómo las resolvieron. Sí, me interesa particularmente ‘eso que no se cuenta’, o sea, el día a día de trabajar en investigación.”

Victoria Flexer es doctora en Química de la Universidad de Buenos Aires, y está investigando en la Universidad de Ghent, Bélgica, becada por el programa Marie Curie Actions. Allí llegó desde Australia, donde trabajó como investigadora. Antes estuvo en Francia, donde hizo un post doctorado de tres años. Esto ya nos habla de una científica inquieta. “Ahora estoy trabajando en estudios de corrosión y recubrimientos anticorrosión aplicados en particular a conservación de patrimonio cultural (objetos antiguos, incluyendo arqueológicos)”, nos cuenta Victoria.

“Lo que más me interesa del meeting de Lindau –dice Victoria– es la posibilidad de escuchar conferencias sobre temáticas muy diversas, donde espero que los oradores darán una charla tratando de abarcar una visión amplia de algún tema. A mí siempre me gustó la ciencia en un sentido amplio, y me interesa incluso la posibilidad de moverme entre distintos temas. Algo que un poco he hecho en estos años de trabajar en el extranjero. Lamentablemente esto no es muy fácil, dado que cuando uno busca un nuevo puesto científico en general buscan contratarte por la experiencia que ya tenés en determinado tema, y no porque vos tenés ganas de aprender cosas nuevas en una temática completamente distinta.”

Javier Bardagi es otro químico argentino, doctorado en la Universidad Nacional de Córdoba, que también logró una beca de la Fundación Alexander von Humboldt, para trabajar en la Universidad de Regensburg, Alemania. “Principalmente –nos cuenta Javier–, espero poder conocer o interpretar la visión del futuro de los premios Nobel, cómo encaran sus proyectos a largo plazo. Por supuesto que también es una gran oportunidad para conocer investigadores de diferentes países y compartir ideas, algo que siempre es bueno y que muchas veces te lleva a ver las cosas desde otra perspectiva. Por suerte el entusiasmo se contagia y uno puede cargar pilas al encontrarse con personas que muestran un gran entusiasmo por lo que hacen.”

ENSEÑAR LA CIENCIA

Hacia el final de la semana de Lindau, Victoria Flexer nos cuenta que “es la mejor conferencia en la que jamás estuve. Me voló la cabeza. Te puedo decir que las tres palabritas del leit motiv de la conferencia se aplican a la perfección: me eduqué, o sea, aprendí cosas nuevas; me conecté, o sea, conocí un montón de colegas con quienes entablé discusiones muy interesantes y con quienes tal vez en el futuro termine colaborando, y por sobre todas las cosas sirvió para inspirarme. Me di cuenta de que los Nobel son tipos del montón pero con una mente brillante. En los 6 días que pasé en Lindau, no vi una sola muestra de arrogancia, de soberbia, ni de pedantería. Todo lo contrario, muchísima humildad, siempre un reconocimiento a sus colaboradores en el laboratorio, a la pequeña cuota de azar que ayudó a algunos a descubrir algo único. La buena onda constante para detenerse y responder preguntas mano a mano cuando te los cruzabas en un pasillo”.

“¿Cómo no sentirme ahora obligada a enseñar en mi regreso a Argentina, después de haber pasado una semana con estos tipos en un proceso de aprendizaje permanente?”, reflexiona Victoria. Es lo que resume el paso de los jóvenes investigadores y de los Nobel por Lindau.

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