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Sábado, 17 de agosto de 2013

EL PROBLEMA DE LOS RESIDUOS NUCLEARES

La cueva de los desechos olvidados

Onkalo, palabra finlandesa que puede traducirse como cueva o escondite, es el nombre del primer depósito definitivo para residuos nucleares de alta actividad construido en el mundo. Olkiluoto –una pequeña isla del Mar Báltico que se encuentra a unos 300 km de Helsinki– es el sitio que en el año 2001 el gobierno de Finlandia, tras estudios geológicos, evaluaciones ambientales y acuerdos con los municipios de la zona, eligió para su emplazamiento.

 Por Rodolfo Petriz

Los planes para construir un repositorio en donde arrojar los desechos de su industria nuclear comenzaron a desarrollarse en Finlandia a mediados de la década del 70, en consonancia con la obligatoriedad que imponen las leyes finlandesas –compromiso ciertamente elogiable– de disponer de sus residuos nucleares dentro de las fronteras de su propio país.

EL PROBLEMA ES LA BASURA

Grosso modo, existen dos grandes tipos de residuos nucleares: los de baja y media actividad y los de alta actividad. La diferencia entre ambos grupos está dada por el tipo y nivel de radiaciones que emiten y el plazo de tiempo durante el que lo hacen.

En términos temporales, se consideran de baja y media actividad aquellos desechos cuyo período de semidesintegración es inferior a los 30 años. ¿Qué significa esto? Que si en la actualidad existen 100 átomos radiactivos, en un plazo menor a 30 años van

a quedar 50, y así sucesivamente. Se calcula que al cabo de 10 períodos de semidesintegración, 300 años como máximo, la radiactividad de ese material va a decaer de tal modo que pierde su peligrosidad. En cambio, los residuos de alta actividad tienen un período de semidesintegración superior a los 30 años, por lo que en ciertos casos es necesario que transcurran miles y miles de años para que su radiactividad decaiga a niveles que no dañen a los seres vivos.

La disposición final de los residuos de baja y media actividad se realiza en contenedores de hormigón armado ubicados a ras del suelo, mediante un sistema de múltiples barreras, al estilo de las muñecas rusas. Con los residuos de alta actividad, en su mayor parte combustible gastado de las centrales nucleares, la situación es mucho más compleja, ya que requieren de condiciones de almacenamiento definitivo muy especiales. Si para los desechos de baja y media actividad se necesita un depósito que garantice la seguridad durante 300 años, en el caso de los residuos de alta actividad se manejan escalas temporales fuera de toda dimensión humana. La opinión generalizada de los científicos es que deben almacenarse en estructuras que se mantengan incólumes durante un mínimo de 100.000 años, aunque algunos postulan que este plazo debe estirarse hasta el millón de años. ¿Qué se hace actualmente con los residuos nucleares de alta actividad? Tras su paso por piletas de enfriamiento se los guarda en silos temporarios, ya sea junto a las plantas nucleares o en almacenes centralizados, en donde son constantemente monitoreados. Además, en el caso de los países más avanzados, se recupera en plantas de reprocesado parte del uranio y plutonio no quemados, reduciendo así el volumen de la basura nuclear, pero no eliminándola en su totalidad.

Sin embargo, éstas no son soluciones definitivas. ¿Qué hacer entonces para aislar estos residuos durante un mínimo de 100.000 años? Una de las soluciones que tiene más aceptación entre los especialistas en gestión de desechos nucleares es el almacenamiento geológico profundo. Sobre esa idea comenzó a excavarse Onkalo en septiembre del 2004.

UN ESCONDITE PARA LOS PRÓXIMOS 100.000 AÑOS

Un túnel de acceso de 5,5 km de largo conduce hasta el lugar donde se depositarán los miles de toneladas de residuos nucleares generados en Finlandia: cientos de nichos distribuidos en una vasta red de galerías a casi 500 metros de profundidad.

Al igual que en los repositorios de baja y media actividad, en Onkalo también se usará un sistema de múltiples barreras para confinar los desechos. Las barras de combustible nuclear gastado serán introducidas en contenedores de cobre resistentes a la corrosión, los cuales se depositarán sobre un lecho de bentonita compactada, un tipo de arcilla que cuando recibe agua se expande sellando y aislando los contenedores. A estas primeras barreras les seguirán materiales de relleno como roca y más bentonita, además de tapones de hormigón en diversos sectores. La última protección es la misma roca en donde se hizo la excavación. Está previsto que el depósito comience a recibir los primeros desechos en el año 2020 y continúe haciéndolo durante un siglo, hasta el año 2120, cuando una vez completo se sellen definitivamente las galerías y el túnel de acceso.

A diferencia de los repositorios finales de baja y media actividad, en donde se mantiene un monitoreo permanente sobre los desechos, estos basureros están concebidos para ser sellados y abandonados. Frente a ello, además de los numerosos planteos éticos y filosóficos que se presentan en relación con el legado de desperdicios nucleares que nuestra civilización les está dejando a las generaciones venideras, hay un dilema del orden de lo operativo –y uno de los temas centrales de Into The Eternity, el documental que el danés Michael Madsen realizó sobre la construcción de Onkalo– que preocupa a algunos especialistas y que deberá ser resuelto por los propios finlandeses dentro de un siglo. En un plazo de 100.000 años es altamente probable que desaparezca la población en el territorio en donde se encuentra el basurero, incluso se supone que habrá una nueva glaciación que cubrirá la zona bajo cientos de metros de hielo. Si ello sucediera y miles de años más tarde una cultura diferente de la actual y sin registros históricos del pasado volviera a ocupar la región, ¿habría que dejar algún tipo de señal indicando el peligro que se encierra a gran profundidad? O por el contrario, asumiendo que la curiosidad mata al hombre, ¿sería preferible evitar toda referencia al mismo y así evitar llamar la atención sobre algo probablemente desconocido para las futuras generaciones?

Se calcula que hay en todo el mundo unas 270.000 toneladas de residuos nucleares de alta actividad, cifra que se incrementa día a día. Finlandia es el único país que ya tiene preparado un lugar –si Onkalo funciona bien– donde deshacerse de sus desechos de forma segura.

¿Qué sucede en otras partes del mundo? Francia habría escogido el lugar donde construir su almacén geológico profundo y entraría en operaciones en el año 2025. En cambio, en EE.UU. reina la incertidumbre, ya que recientemente comenzó a desmantelar, debido la inestabilidad geológica del terreno, las instalaciones de Yucca Mountain, el basurero nuclear que estaba construyendo en Nevada. Con los otros países nucleares, Argentina entre ellos, las cosas tampoco están claras, ya que las decisiones al respecto parecen estar en suspenso. En algunos casos porque el volumen de residuos almacenados de forma temporaria todavía no sería preocupante; en otros, porque confiarían en la posibilidad de encontrar en un futuro no muy lejano soluciones tecnológicas más adecuadas.

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UN TÚNEL DE 5,5 KM DE LARGO CONDUCE HASTA EL DEPÓSITO DE LOS RESIDUOS NUCLEARES.
 
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