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Sábado, 5 de abril de 2003

NOVEDADES EN CIENCIA

Novedades en ciencia

30 horas en un solo cd

NewScientist Dos gigantes de la electrónica mundial acaban de lanzar nuevos aparatos que, según dicen, permitirán grabar hasta decenas de horas de música en un solo CD. El anuncio, lógicamente, está causando revuelo en la industria musical mundial, ya bastante golpeada por la piratería y las tan habituales “bajadas” de temas por Internet.
Tal como cuenta la revista británica New Scientist, el grabador de CD de Sony se basa en el ultraeficiente sistema de compresión utilizado en los MiniDiscs, logrando comprimir treinta horas de música –en formato MP3– en un solo disco compacto. Y para escucharlos serán necesarios unos nuevos estéreos personales que costarían 150 dólares. Por su parte, el equipo de Philips promete grabar hasta cien horas de música, o los sonidos que uno quiera, también en formato MP3. Teniendo en cuenta que un típico tema musical dura cuatro minutos, un CD podría contener la friolera de 1500 canciones... ¿no será mucho? Ambos lanzamientos ya están siendo duramente criticados: “Cualquier cosa que le permita a la gente piratear más canciones, será una pésima noticia para la industria de la música”, dice un vocero de la BPI, la industria discográfica británica. Lo de Sony es realmente curioso, dado que una de sus ramas, Sony Music, también fabrica y vende discos compactos. Pero Simon Mori, de Sony Consumer Electronics en Berlín, dice que la compañía confía en que la gente comenzará a pagar por la música que baja de Internet, tal como está ocurriendo con dotmusic.com, un sitio lanzado recientemente por más de 30 sellos discográficos. Habrá que ver.

Vivir en un pozo submarino

Discover Una vez más, los científicos han comprobado que la vida sabe adaptarse a las condiciones más inhóspitas. Recientemente, un equipo de biólogos encabezados por Stephen Giovannoni, de la Universidad de Oregon, envió un pequeño submarino a explorar las profundidades marinas frente a las costas de aquel estado norteamericano. La nave llegó al fondo del mar, y luego extrajo una muestra de agua de un pozo que se hundía cien metros por debajo del piso oceánico, bien adentro de la corteza terrestre. Teniendo en cuenta las tremendas presiones submarinas, la falta de oxígeno y la ausencia de luz solar, no era mucho lo que podía esperarse. Sin embargo, y para sorpresa de Giovannoni y los suyos, el análisis de la muestra reveló que el agua estaba cargada de montones de microbios. Al parecer, estos seres son muy parecidos a los famosos extremófilos, unos organismos unicelulares muy resistentes que suelen colonizar las chimeneas hidrotermales de las profundidades de los mares. Además, las pruebas mostraron que la muestra de agua estaba enriquecida con compuestos de amoníaco, y por eso Giovannoni dice que estos microbios deben sobrevivir metabolizando compuestos de nitrógeno. Más allá de su indudable importancia científica, este curioso hallazgo refuerza las esperanzas de quienes confían en la posible existencia de microorganismos en el subsuelo de Marte, o el enorme océano de agua que esconde Europa, una de las grandes lunas de Júpiter.

Salamandras en conserva (volcánica)

nature Un día hace 165 millones de años, un grupo de salamandras intentó cruzar un río del norte de China. No tuvieron suerte: una capa de lava les pasó por encima, matándolas instantáneamente. Fue una clara tragedia para las salamandras, pero no para los científicos que recientemente encontraron sus restos: gracias a este incidente, los anfibios cuerpos salamándricos quedaron estampados y bien preservados en la ceniza volcánica. Los investigadores están más que contentos, ya que los análisis químicos realizados indican que corresponden a las salamandras más antiguas hasta ahora encontradas.
El equipo de científicos de la Universidad de Chicago (Estados Unidos) y la Universidad de Pekín (China) bautizó una de las especies de las salamandras encontradas como Chunerpeton Tianyiensis y afirman que los ejemplares son muy parecidos a los que hoy viven en Asia y en Estados Unidos. El descubrimiento sirve, entre otras cosas, para ver cómo el mecanismo de evolución trabaja: al parecer, las mil salamandras encontradas en Fengshan (400 kilómetros al norte de Pekín) demuestran que algunos de estos anfibios cambiaron en sus características morfológicas, pero otras no.
Las salamandras son unos pequeños animalitos anfibios de cuatro patas, piel mucosa sin escamas y de sangre fría que se reproducen en el medio acuático. Casi todas son nocturnas, miden entre 20 a 25 centímetros y, a diferencia de las ranas y sapos, son incapaces de emitir algún sonido.
Como el de muchas especies, el origen de las salamandras es incierto. Sin embargo, el reciente descubrimiento aclara un poco el panorama: según la investigación realizada por Neil Shubin y Ke-Qin Gao, las salamandras se habrían originado en Asia y de ahí, lentamente, se desperdigaron por el mundo.
Hasta ahora, los fósiles de salamandra más antiguos registrados tenían unos 65 millones de años (Era Terciaria). Y tampoco se diferencian mucho de los restos de sus tatarabuelas de 165 millones de años. La tragedia volcánica que tuvieron que vivir estos anfibios tiene muchos puntos en común con la que les tocó a los habitantes de Pompeya cuando los ríos de lava vomitados por el Vesubio los petrificó en el año 79. La única diferencia es que primero les tocó a unas minúsculas salamandras, las mismas que correteaban entre las patas de los dinosaurios.

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