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Sábado, 19 de abril de 2003

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Trapos eran los de antes
Usualmente, la moda se asocia a lo superficial, lo vano, lo estético y, cómo no, a mujeres bellas y esbeltas (o anoréxicas, según el diseñador de turno). Pero lo cierto es que los vestidos dicen mucho más de lo que se cree sobre la cultura de una época: sus relaciones de poder, las divisiones de clase, así como sobre su carácter y temperamento (que muchas veces se expresan en la abundancia o escasez de colores y voluptuosidad de las telas). Y, como todo elemento de cultura, siempre hay un ejemplar al que se considera sino el primero, el más viejo. En el campo de la moda, tal honor le corresponde a un traje egipcio de lino (del que se conserva únicamente la parte superior, ver imagen) de unos 5 mil años. La prenda, que cuenta con mangas cuidadosamente bordadas, forma parte de una colección de artefactos egipcios que será exhibida en un edificio especial a construirse en el predio de la Universidad de Londres (Reino Unido), gracias a una donación de 4,9 millones de libras esterlinas recaudadas por la Lotería Británica.
El vestido (del 3000 a.C.) tiene su historia: a comienzos del siglo XX, William Flinders Petrie (considerado el padre de la arqueología científica) lo encontró dentro de una tumba a 80 km al sur de El Cairo. De allí lo llevó a Inglaterra hasta que, en 1913, la colección (que está compuesta por “sólo” 80 mil piezas) fue adquirida por la Universidad de Londres. Todo bien hasta que comenzó la Segunda Guerra Mundial y la colección Petrie (tal es su nombre) fue trasladada a dos habitaciones encima de la caldera de la Universidad para protegerla de los bombardeos. Allí, el viejo vestido, que según se cree perteneció a un aristócrata egipcio de la primera dinastía faraónica, salió airoso de inundaciones y de las altas temperaturas que lo acosaban, hasta que fue rescatado recién en 1977. Y desde entonces, sólo los especialistas la han visto.
La moda egipcia tuvo sus peculiaridades. Los egipcios no sólo se vestían con camisas: también tenían túnicas, fajas, faldas, taparrabos triangulares, pañuelos, gorros y guantes, entre otros, todos muy sencillos, y la mayoría hechos con materiales vegetales y en tonos claros (el preferido era el blanco). A lo cual le agregaban un toque de distinción: por razones higiénicas, faraones, sacerdotes y escribas acostumbraban llevar la cabeza afeitada, o se dejaban algún mechón colgando. Aún más, la moda egipcia fue poco vistosa y muy conservadora: casi no cambió en treinta siglos. Así como los papiros, las momias, las pirámides y los sarcófagos, la ropa que usaron los egipcios cuenta, siglos después, los secretos de su cultura y sus gustos más cotidianos.

Scientific American
¿Galaxias sin materia oscura?
A diferencia de sus parientas espiraladas, parece que en algunas galaxias elípticas, la famosa “materia oscura” es escasa o directamente inexistente. A partir de distintos indicios gravitacionales (movimientos extraños de masas de gas y estrellas), los astrónomos concluyeron que la materia observable de las galaxias es apenas entre un 10 y un 20 por ciento de la cantidad total que verdaderamente contienen. Y que el resto corresponde a una componente invisible (que permitiría la cohesión gravitacional de las galaxias). Sin embargo, un grupo de astrónomos británicos dice que algunas galaxias elípticas serían la excepción.
Aaron Romanowsky (Universidad de Nottingham) y su equipo estudiaron el movimiento de decenas de nebulosas planetarias (restos de estrellas similares al Sol) desparramadas en los bordes de varias galaxias elípticas. Para eso recurrieron a un espectroscopio acoplado al telescopio William Herschel (de 4,2 metros de diámetro). A diferencia de lo que esperaban, los astrónomos no encontraron pistas de materia oscura “tironeando” y acelerando a esas nebulosas planetarias: “en lugar de eso, observamos que su velocidad era relativamente baja, como si hubiese muy poca, o incluso ninguna, materia oscura en tres de las galaxias elípticas”, dice el astrónomo británico. “Es apresurado decir que las elípticas carecen de materia oscura, ahora vamos a examinar a otras veinte”, cuenta su colega Michael Merrifield.

NewScientist
Un antigua dios americano
Un grupo de arqueólogos norteamericanos y peruanos acaba de encontrar en Perú un fragmento de calabaza muy especial: por empezar, tiene más de 4 mil años. Y además, contiene la imagen de un antiquísimo dios americano. La pieza fue hallada en pleno valle del río Patavilca, a unos 200 kilómetros al norte de Lima. Esa región estuvo densamente poblada entre los años 2600 y 2000 antes de Cristo. Sus habitantes solían construir grandes monumentos de piedra y pirámides, pero no esculpían la piedra y aparentemente tampoco fabricaban cerámicas.
La figura de la calabaza, encontrada por la expedición arqueológica al mando de Winifred Creamer (Universidad de Illinois), corresponde a una deidad conocida en culturas andinas más recientes, y se la suele llamar “dios del bastón”, porque varias veces aparece sosteniendo una varilla. Tiene dientes en forma de colmillos y pies grandes, chatos y con garras. Y hasta ahora es la imagen más antigua de este dios: la datación mediante isótopos de carbono indica que la calabaza tendría unos 4450 años. Por otra parte, este singular hallazgo empuja mil años hacia atrás las evidencias de religión en el continente americano. “Es un hallazgo afortunado –dice, jugando un poco con el tema, el arqueólogo Richard Burger, del Yale Peabody Museum, en New Haven– encontrar algo así, tan bien preservado, es estar bendecido por los dioses.”

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