futuro

Sábado, 18 de diciembre de 2004

DIALOGO CON LA ENTOMOLOGA ADRIANA OLIVA

El caso Carrasco

Por A.P.

Adriana Oliva es bióloga, investigadora del Conicet y jefa del Laboratorio de Entomología Forense del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Por pedido expreso de la Justicia nacional y del doctor Julio Ravioli, quien por aquel entonces dirigía el equipo de médicos forenses que trabajaban en la causa, participó de la segunda autopsia de Omar Carrasco para determinar cómo se produjo la muerte del soldado, quien falleció el 6 de marzo de 1994 en un destacamento militar del Sur, mientras cumplía con el servicio militar obligatorio. Su trabajo comenzó el 27 de mayo de 1994, cuando recibió la muestra de insectos que se hallaron en el cuerpo de Carrasco, y finalizó con la entrega de los resultados que arrojaba su estudio, el 30 de mayo del mismo año.
Así, pudo determinarse que el cuerpo de Carrasco llevaba aproximadamente unos 25 días sin vida y que, si bien fue encontrado en el campo al aire libre, en realidad el cadáver estuvo oculto durante un tiempo y luego fue plantado en el lugar donde finalmente fue encontrado.
La datación del fallecimiento era un dato central para la investigación, ya que la duda radicaba sobre si la muerte era reciente o databa de un tiempo considerable. Cuando Oliva revisó las muestras se encontró con una población abundante de larvas de mosca verde (cuyo nombre científico es Phaenicia Sericata) y que había llegado al final del desarrollo larval. Al determinar la entomóloga que la muestra era pareja y abundante, pudo constatar que aquella no era “anormal” y que era algo en lo que podía basarse con relativa tranquilidad. Por otra parte, que las larvas se encontraran al final de su desarrollo, sabiendo que provenían de un lugar como Zapala en esa época del año, indicaba que el tiempo del deceso no podía ser inferior a 12 o 15 días. Por otra parte, y según Oliva pudo constatar, la amplitud térmica reinante en Zapala (durante marzo en el día hace mucho calor y, durante la noche, las temperaturas se reducen considerablemente) jugó su papel: en estos casos, el desarrollo de la larva se hace más lento. Esto es, manda la temperatura mínima.
Lo cual se relaciona con el punto de desarrollo de las larvas para calcular el intervalo post mortem del cuerpo. De los huevos que ponen las moscas salen larvas o “gusanos”, como se las conoce comúnmente. Las larvas se alimentan vorazmente y cambian su esqueleto externo –lo que se llama proceso de muda–, de modo que hay tres estadios larvales: cuando han consumido lo suficiente se transforman en pupas inmóviles, y las pupas a su vez se transforman en moscas adultas.
El tiempo que tarda una larva de mosca en desarrollarse depende de la especie a la que pertenece, la época del año y de la temperatura ambiente. En términos generales, las larvas se desarrollan con mayor rapidez cuanto más altas son las temperaturas (los datos con los que se manejaba por aquel entonces Oliva provenían de trabajos en laboratorio hechos en otros países a temperaturas constantes).
Por experimentos de otros y por experiencias propias y a medida que pudo recabar más datos sobre experimentos en ciudades como Buenos Aires, donde la amplitud térmica no es tan marcada, la entomóloga determinó que la misma especie se desarrolla más rápido con respecto a lugares donde por la noche disminuye la temperatura.
Otros insectos que aparecieron en el cuerpo del soldado fueron escarabajos del género Dermestes, que generalmente aparecen con una alteración que comienza en las extremidades. Con posterioridad al caso Carrasco, las distintas pericias en las que participó la doctora Oliva le permitieron establecer que los escarabajos Dermestes pueden llegar a un cadáver a los 20 o 25 días, con lo cual queda bien en claro que estos insectos no habitan cadáveres frescos.
Asimismo, la entomóloga no encontró larvas de mosca más jóvenes ni de otras especies. Según Oliva, “la mosca verde está activa bajo la luz, prefiere temperaturas calurosas y, para tener una muestra abundante de moscas verdes y no tener otras especies, yo tenía que pensar que el cadáver había quedado expuesto a la luz por lo menos medio día, pero que después lo habían mantenido en un lugar oscuro porque no habían ido otras moscas al cuerpo”.
Finalmente, se encontró otro insecto en las muestras, conocido como “avispa de chaqueta amarilla” y se veía, por el aspecto en el que se conservaba, que lo habían metido vivo en el frasco. Pero como la avispa no se introduce en lugares oscuros, Oliva concluyó que el cuerpo había sido ocultado un tiempo considerable en un lugar oscuro y que luego había sido arrojado al aire libre poco antes del hallazgo.
Además, el equipo de médicos forenses dirigido por el doctor Julio Ravioli encontró un patrón de lesiones muy característico que indicaba que Carrasco había recibido una feroz golpiza.

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