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Viernes, 4 de septiembre de 2015

RESISTENCIAS

Salvavidas de papel

El Proyecto NUM se propone editar un libro (de base, colectivo y documental) con la compilación de expresiones que despertó y sigue generando la visibilización social contra la violencia de género. Sus impulsoras –artistas visuales sub-35– cuentan por qué lo hacen, por qué entienden que detrás de un trazo estético hay un mensaje social. Militan en las redes sociales pero reivindican el formato papel. Apuestan a la contraimagen en plena cultura de la imagen. El #NiUnaMenos como el “19 y 20” de su generación.

 Por María Mansilla

“Un libro no tiene pilas, no tiene baterías. Se abre, y cada vez que se abre esa fuerza se vuelve a proyectar. Abrís, y volvés.” Con esta resignificación de ese antiguo objeto de deseo llamado libro, las responsables del Proyecto NUM se arrojaron a seguir una idea incorruptible que se les metió en la cabeza una tarde, café de por medio, en el taller que comparten en Villa Urquiza.

La convocatoria se extiende hasta el próximo lunes 7 de septiembre. Bases y condiciones para acercar material, disponibles en http://proyectonum.tumblr.com. Bajo el arengue “Recuperemos la imaginación para cambiar la historia” ya llevan recibidas un montón de instalaciones, fotos, videos, collages, grabados, ensayos, poemas, textos. Mucha performance. Incluso les escribieron desde México (“ese país con una historia parecida a la Argentina por su trabajo social, de memoria y resistencia”, coinciden); se contactaron amigas y familiares de víctimas de feminicidios para dar testimonio; escribió gente de aquí y allá que no se dedica al arte pero quiere quedar a disposición, sumarse a este envión colectivo. La repercusión es mucho más masiva de lo que planearon. Hasta les enviaron bloques y bloques de aquellos comentarios de todo tipo que entraron en ebullición en los días del #NiUnaMenos, y que Facebook censuró.

Arte de base. Arte incómodo. De protesta. Transgresor. Si un buen cuadro es el que mejor representa la realidad, el colectivo busca exponer las pinturas que se escapan de los museos. Observa que en un año tan politizado como el 2015 –con altas movilizaciones generadas por la marcha pro Nisman, los festejos del 25 de Mayo y el #NiUnaMenos– es simbólico que sea esta última la que despierte tanta necesidad de expresión, sensibilización, visibilización. Sienten que los crímenes de Melina Romero (17 años, asesinada en septiembre de 2014) y de Daiana Ayelén García (19 años, asesinada en marzo) y la certeza de que “cada 30 horas muere una mujer en la Argentina víctima de la violencia de género”, fueron los casos que terminaron de encender la mecha.

“La mayoría de estas obras de arte surgieron en las redes sociales, un espacio súper democrático pero también muy efímero. Por eso el libro termina siendo lo más práctico en una época virtual –retoman–. Si tenés ganas de volver a esos poemas, a esas polémicas, a esos estados que surgieron, ¿cómo hacés? Para reconocer un momento histórico necesitás cierta distancia. Queremos documentar que esto pasó, y que fueron miles y miles personas de todo el país las que se involucraron. Con Proyecto NUM queremos hacer hincapié en los alrededores de la marcha, en todo lo que venía latiendo antes del 3 de junio. Queremos plasmar el nacimiento de una nueva mirada. Significa una nueva tradición para la historia del arte político que irrumpan estos mensajes relacionados con la violencia de género. El 3 de junio fue como la punta del iceberg, mostró el espíritu de la época. Ese día explotó algo que estaba mermando desde antes.”

Las mentoras prefieren conservarse como colectivo; apenas nos dejan contar que ellas son Lucía, Nina y Laura, que tienen entre 20 y 30 años y que vienen de ambientes bien distintos: universitarios, artísticos y de literatura e investigación. Sus respuestas son desde ese plural. Se encuentran leyendo a Griselda Pollock, Linda Nochlin y Ana Mendieta –académicas que hacen historia con perspectiva de género– y no paran de dar Likes a las acciones de Guerrilla Girls, Mujeres creando, Mujeres públicas. Admiran a León Ferrari por esa capacidad de salir del panfleto y del cliché, construir mensajes eficaces, llegar a todo el mundo.

–¿Cómo es que las tragedias puedan desatar impulsos creativos?

–Hay un fuerte peso de lo personal en lo que pasa, y por eso tragedias cercanas o tragedias sociales, genocidios o cuestiones más visibilizadas hacen hincapié en la realidad personal. Así se explica que, de repente, NiUnaMenos haya generado muchos cambios y reflexiones al interior de muchas mujeres, muchos hombres, de todo tipo de identidades... Lo que vimos es que por necesidad parecían surgir las expresiones. No era algo que pedía ni la marcha ni la concentración ni nadie. Brotaba. Ahí es cuando te das cuenta que la expresión, que parece algo tan volátil, frívolo o solamente estético, tiene peso social. Creemos en ese proceso: a veces la única manera de sobrevivir a lo feo, malo, es pudiendo comunicar algo más. Entonces pasa del ámbito privado a lo público. Hacer algo genuino tiene que ver con un diálogo entre lo interno y lo externo. Es visceral. Cuando te sentís interpelada por una situación que te pega a vos en lo personal, el arte transmuta esa experiencia interna y la convierte en algo externo. Por eso hablamos del arte como sublimación.

–¿Definieron un criterio de edición para seleccionar el material a publicar? ¿Qué lecturas hacen, qué creen que comunican las imágenes más duras o explícitas? ¿Cómo evitar el panfleto y los clichés para construir mensajes eficaces?

–Nuestro límite tiene que ver con la victimización. Preferimos acciones de resistencia más que de victimización de la mujer. Preferimos dejar a un lado las literalidades demasiado evidentes. Hay cosas que desde lo artístico pueden tener un sentido camuflado y dan para una riqueza mayor. Si hay una cultura que avanza hacia la imagen, buscamos rescatar su contrafunción. En un mundo con tanta imagen superficializada, queremos rescatar a las que hacen más a la reflexión en un amplio abanico de expresiones. Tratamos de ser amplias respecto a las metáforas.

–Ustedes auguran el nacimiento de una nueva tradición en el arte, a partir de estos registros. Cuando piensan en las representaciones femeninas instaladas, ¿qué encuentran?

–El tema de género está en la historia del arte desde hace siglos y siglos y siglos. Hay un canon estético muy grande. Por eso hoy en día como artistas y como argentinas nuestra función es revalorizar el cuerpo de la mujer desde otra perspectiva. Cuando se pinta un desnudo se está reforzando una tradición que ha puesto a la mujer siempre en un lugar pasivo, en lugar de modelo, de objeto. Lo que pasa es que esta noción del cuerpo está atada a los valores católicos, y se ve el cuerpo como algo intocado, intocable. Como dice John Berger, hoy la publicidad hace lo mismo.

–El periodista Mario Wainfeld, a propósito de la convocatoria de junio, escribió que hoy “la vanguardia son las mujeres que construyen discurso y construyen conciencia”. ¿Cómo las transforma, en lo personal, esta coyuntura?

–Nos pasó de hablar con amigas, discutir del tema con otras, ver cómo algunas tenían opiniones distintas sobre la marcha, las contradicciones que producía. Lo vivimos como algo de mucha densidad. Hablamos del tema hasta en nuestras casa, capaz no lo hubiéramos hablado si no hubiera pasado. El tema atravesó nuestras relaciones, se fortalecieron un montón de vínculos y con otros pudimos decir: “y bueno, ¡chau!”. A una de nosotras nos pasa de estar con las amigas de su mamá, compartir sobremesa, y de repente sentir que somos todas mujeres y estamos todas hablando de cosas heavies como la violencia. Es muy emocionante. Nos sentimos parte de una nueva solidaridad, contenidas, como que siempre va a haber alguien.

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