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Viernes, 18 de septiembre de 2015

CINE

La banda sigue tocando

Meryl Streep se luce en Ricki and The Flash, la última película de Jonathan Demme que confirma una vez más el carácter bello y camaleónico de la reina de Hollywood.

 Por Marina Yuszczuk

Hace tiempo que los años la transformaron y junto con las arrugas llegó la época de interpretar madres: fue la ama de casa italiana que rechazaba un futuro junto a Clint Eastwood para no abandonar a los hijos en Los puentes de Madison (1995), la distraída que no estaba segura de cuál de tres galanes era el padre de su hija en la bizarra Mamma mia (2008), de la que salió indemne, la jefa atroz y adicta al trabajo de El diablo se viste a la moda (2006) que sobre el final recibía el pedido de divorcio de un marido harto de tener una mujer tan ocupada, o la esposa invisibilizada a la que la partida de los hijos ya grandes había enfrentado con toda la soledad de un matrimonio gastado en ¿Qué voy a hacer con mi marido? (2012). Pero eso sí, nunca interpretó a una mujer que no fuera fuerte y luchadora, porque después de todo es Meryl Streep y nadie se lo creería: ella es uno de los ejemplares más hermosos de ser humano que existen sobre la tierra y puede hacer el ridículo, disfrazarse de cantante de Abba, llorar como una magdalena o cocinarle un huevo frito cabizbaja a un marido que ni la mira y hacer sentir cada vez, con la misma presencia, la ilusión absoluta de que lo que tenemos enfrente es una persona, cálida, cuestionable, real, que merece ese momento de cercanía que propone una película.

Y para personajes cuestionables ninguno lo es más que Ricki Randazzo, la rockera que interpreta en la nueva película de Jonathan Demme. En Ricki and The Flash (2015), Meryl abandonó una vida y una identidad para mudarse a otra ciudad y fundar una banda del mismo nombre. Pero el detalle es que esa vida incluye un matrimonio con Pete (Kevin Kline) y tres hijos que quedaron por el camino. La película encuentra a una Ricki de más de sesenta, convertida durante el día en cajera de supermercado que nunca tiene un mango y por las noches en líder de una banda con botas de taco altísimo, remeras de encaje, camperas de cuero y tatuajes que entretiene a los pocos asistentes de un bar de pueblo. Ricki brilla en el escenario, se siente que goza y que su destino es estar ahí mucho más que en la caja del súper o cocinando para toda una familia, aunque le moleste la concesión al gusto popular que debe hacer todas las noches cuando le piden, después de Mick Jagger y Bruce Springsteen o de algún tema propio, que toque una de Pink o Lady Gaga.

Pero un llamado del ex la reclama para ir a ponerle el hombro a una hija recién separada y deprimida. El miedo de Ricki en la cara es palpable y se entiende: lo menos que se puede esperar es algún buen pase de factura. De todas formas ella acepta el desafío, como lo aceptaba ese otro personaje que interpretó Streep casi cuarenta años atrás en Kramer vs. Kramer (1979), al interpretar a una esposa y mamá que dejaba al marido y al hijo para hacer carrera y a la vuelta pretendía retomar una maternidad que su ex le negaba. El tono es bien distinto en la película de Demme, una comedia que avanza a paso previsible desde la resistencia inicial de los hijos hasta la conquista. Pero lo mejor que hay ahí para ver y escuchar es el personaje que compone Meryl Streep, escrito por otra mujer, Diablo Cody, quien se hizo conocida por el guión de La joven vida de Juno (2007) sobre otra mamá, aquella vez adolescente, que renunciaba al hijo. Ricki Randazzo tiene una bandera norteamericana tatuada en la espalda y votó a Bush porque tuvo un hermano que murió por la patria y “apoya a las tropas”; es copada pero no del todo progre, es grande pero igual le cuesta entregarse a la relación con un nuevo novio, tiene sus arranques de inmadurez y sobre todo le falta eso que la podría redimir de toda renuncia: ser varón, o tener un éxito innegable. Y para colmo no pide perdón, más bien se explica cantando sobre unos acordes de guitarra: “Fui una fría para irme de ese modo, pero no preferiría ser nadie más”.

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