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Viernes, 16 de octubre de 2015

PERFILES

Ellas ganaron

La lucha de las mujeres presas logró desalojar a los genocidas.

 Por Roxana Sandá

La Sala III de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata ordenó desalojar de la Unidad 31, destinada a mujeres, embarazadas y madres con sus hijxs, a hombres imputados y condenados por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura, trasladados allí el año pasado con el argumento de que no estaban dadas las condiciones de acceso a la salud en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, donde se encontraban. El fallo de la Cámara dejó sin efecto la resolución 557/14 del director del Servicio Penitenciario Federal (SPF), que había dispuesto la reubicación de los genocidas en Ezeiza provocando el desalojo de unas 40 mujeres y su traslado violento y al voleo hacia sectores de máxima seguridad para que ocuparan la U31 un centenar de hombres, en una muestra institucional de absoluto desprecio por la relevancia de la cuestión de género en el sistema carcelario. El Tribunal, que hizo lugar a un hábeas corpus interpuesto a favor de las mujeres detenidas, resolvió que "en el plazo de 20 días se proceda a desalojar a los internos hombres y se reintegre a su antiguo alojamiento a las internas desplazadas".

El 23 de mayo de 2014, las 30 mujeres del sector A de la Unidad 31 de Ezeiza, construida para recibir a las de "buena conducta" y a madres con niñxs de 4 años, fueron trasladadas sin previo aviso y mediante un operativo violento al complejo IV –ex Unidad 3–, de máxima seguridad y peores condiciones edilicias, para poder alojar a genocidas detenidos en Marcos Paz. "De madrugada, fuimos levantadas a gritos y a empujones, 2 requisas por interna (...). Estuvimos hasta el mediodía dentro de los transportes sin ir al baño, sin desayunar, algunas internas apenas con ropa de abrigo suficiente o sin calzar. Fuimos inspeccionadas sin ningún tipo de respeto a nuestra dignidad", describía una de las mujeres que sufrieron el traslado. "Muchas de nuestras pertenencias se extraviaron por el camino, sospechosamente las pertenencias con algún valor. Fuimos alojadas en condiciones inferiores a las que teníamos en la Unidad 31. Estuve una semana sin sábanas, toallas, ni cubiertos, comiendo con las manos y me contagié sarnilla humana." Los colectivos que decidieron la presentación de un hábeas corpus para anular la resolución del SPF, se preguntaban entonces en qué momento las mujeres de Ezeiza dejaron de ser personas. El amicus curiae formulado por las organizaciones YoNoFui y Limando Rejas les puso voz a las mujeres perjudicadas, sin oportunidad de declarar en el marco del proceso. Las movilizaciones populares, los petitorios de firmas y la denuncia permanente de las presas terminaron por perforar el silenciamiento intramuros de una de las poblaciones más vulnerables.

En la audiencia judicial con las partes, la defensora de las mujeres lamentó el desapego al concepto originario de la U31, "que fue pensada para albergar a una categoría especial de mujeres que demandaba, incluso, un tratamiento separado y diferenciado del resto de las mujeres", según consta en el fallo. "(…) si la Unidad fue concebida de manera independiente dentro del universo de mujeres privadas de la libertad, con mayor razón debe estarlo del colectivo masculino. Esa desnaturalización es tal, que en la actualidad alberga más hombres que mujeres". Hasta abril de este año se alojaban 93 mujeres y 106 varones. En cascada gravosa, a la reducción de espacios comunes sobrevinieron el incremento de personal masculino y las demoras alarmantes en la atención médica. En agosto, una interna parió a su hijo en el piso, sin ayuda médica.

Así las cosas, es imperioso saber por qué se sigue priorizando el bienestar de autores de crímenes de lesa humanidad por sobre otras poblaciones carcelarias. Desentrañar el lamentable gen de la Resolución 557/14, que ignoró tratados internacionales de derechos humanos y de género, produjo un riesgo evidente para detenidas de buena conducta e inició un retroceso aflictivo en las condiciones materiales de vida de las mujeres. Se sabe que allí donde nadie mira imperan las arbitrariedades del sistema carcelario. Imposible la previsibilidad, por eso el tiempo del encierro sobresalta y es brutal, pero en el mientras tanto no es de humanxs ni piadosxs estar sumándole más miedos al miedo. El adentro necesita construir búsquedas de vidas vivibles, pero para eso precisa de un afuera que empiece a reflexionar sobre las infinitas formas en que castiga una sociedad.

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