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Viernes, 13 de mayo de 2016

ENTREVISTA

Maleva

Apenas asumió el gobierno de Macri, Susana Rinaldi presentó su renuncia como agregada cultural de la Embajada de Francia. Después de un año y medio de gestión, la cantante vuelve y retoma los escenarios haciendo lo que mejor sabe: transmitir emoción sin dejar de decir lo que siente sobre este momento político. A meses de haber entrado en su octava década de vida, sigue peleando por los derechos de lxs intérpretes y pone el ojo, y la voz, en la violencia machista y su eterna banalización mediática.

 Por Flor Monfort

Susana Rinaldi entra a un bar de Buenos Aires y ocupa todo el espacio. Alguna gente se para a saludarla, una mujer joven interrumpe la entrevista y pide perdón por la emoción, otra señora relojea desde lejos a la cantante, “la” voz femenina del tango y se queda helada cuando la escucha tararear Los mareados con ese tono grave y tenaz que la caracteriza. Viene de un largo viaje Rinaldi, uno que incluyó un exilio de año y medio en París, ciudad en la que ya había vivido durante la dictadura y en la que se quedó más de veinte años (“pero ahora nada que ver, nena, otra cosa” dice) y luego un compromiso con AADI, la Asociación de Intérpretes de la que es vicepresidenta que la llevó a Ginebra por dos semanas a pocas de volver a instalarse de nuevo en su casa. Está cansada, dice, pero no podía fallar a su tarea y mucho menos pudo quedarse un minuto en su cargo, que tenía rango de embajadora, cuando el nuevo gobierno asumió y, como no podía ser de otra manera, ya se ocupó de desmontar.

–¿Qué lectura hacés de este momento del país?

El país se muestra diferente y a lo mejor no lo es, son lecturas que se hacen. Por supuesto que somos responsables de lo que votamos, de lo que aceptamos y de lo que queremos. Yo no hubiera votado a Macri, porque si hay algo que Macri demuestra detestar es la responsabilidad del Estado frente a la ciudadanía, y eso a mí me falta, me falta lo esencial, el paternazgo de algo. Pero es consecuente con el hecho de que una no conoce a la madre de Macri, nunca la vio, y eso no es casual: esta mujer está escondida probablemente en su historia, y perdón que me meta en algo que no me corresponde pero si una trata de analizar un poco esta diferencia en la cual hemos caído, no es aislada. Toda Latinoamérica está viviendo un proceso similar, posibilidades que una a una se fueron cayendo.

–¿Por qué pensás que llegamos a esto?

Porque entendemos mal el paternalismo. No lo entendemos como una parte esencial para que haya posibilidades diferentes para cada uno pero sobre todo no entendemos la libertad. La libertad de Cristina Kirchner, por ejemplo, Macri no la tiene porque está agarrado de pies y manos con los compromisos que evidentemente tuvo que tomar para llegar adonde está y que vamos a ver cómo nos deja parados. Argentina es un país joven y lo malo es que no deja de serlo, es como si nunca entrara a la madurez. Porque Argentina acepta como totalitario un orden que hoy se quiere olvidar y opta por un conservadurismo que efectivamente es lo que tenemos. Ese conservadurismo siempre estuvo, detrás, y su persistencia nos tiró de un cachetazo. A partir de ahí, esa otra fracción de actitudes que aparecieron hablan de traición. Hacer aparecer que el Frente para la Victoria fue un invento, una ficción de vaya a saber quién es patético y lo estamos viendo, junto a la decrepitud de aquellos que han defeccionado o de aquellos otros que no oíste nombrar más, que es lo mismo que traicionar. Menos mal que a mí me quedan personas como Taiana o Filmus que hablan desde otro lugar. Imaginame a mi sola frente a esta realidad: no veía el momento de presentar mi renuncia.

–¿Cómo fue?

Apenas ganó Macri yo no quise esperar que viniera nadie, ni aun que hubieran nombrado al nuevo embajador. “Yo no tengo más nada que hacer acá”, pensé. A nivel presupuesto, el ultimo orejón del tarro siempre es la cultura, y a partir de ahí darme cuenta de que no iba a poder hacer ni por presupuesto ni por voluntad algunas de las medianas cosas que he podido lograr, habiendo pagado cosas de mi bolsillo, fue suficiente para irme. He abierto las puertas de ese espacio que hacía mas de treinta años que no existía. Existía dentro de las obligaciones que mandaba Cancillería, había un gestor de la parte cultural, un asesor, un ministro cultural, pero por si las moscas, pero el hecho de reincorporar la figura de agregado cultural que naturalmente debe ser ministro y a partir de ahí tener su plenitud total de decidir y gestionar fue magnífica. He recibido a todo aquel que se acercó a la embajada y a todo aquel que no lo he convocado, para que estuvieran en cuanta manifestación se hacía en la embajada. Hubo un pianista excelente, Di Giusto, que vive hace más de treinta años en Francia y jamás había entrado a la embajada. Se me cerró la garganta cuando me lo dijo. Yo estoy muy agradecida a la gente que me ha ayudado. No me fui por la puerta grande como me hubiera gustado pero sí he podido agradecerles y me hicieron una despedida mis compañeros. Fue un año y medio pero fue intenso, fue un gran trabajo de mucho compromiso.

–¿Cómo fue volver a vivir en París?

Nada que ver, desde otro lugar. Otra época, yo soy otra. Por eso la estoy pagando todavía, mi cuerpo lo está contando todo el tiempo. Estoy cansada, pero no solamente eso, el cuerpo me está pidiendo parar. Los viajes son diversos e internos también. Y llegar acá me determinó a quedarme y no pude quedarme: tuve que salir enseguida por mi compromiso con AADI (Asociación Argentina de Interpretes Musicales). Y ese compromiso que lleva ya treinta años está en mi conciencia, soy representante de músicos e intérpretes, tuve que salir cuando mi cuerpo me pedía quedarme, porque ese es el único lugar que todavía nos queda para seguir discutiendo sobre los derechos de intérprete. Cuando volví quería encerrarme en mi casa y no hablar con nadie pero tuve que apechugar e ir a Ginebra porque soy la directora del espacio internacional, no pude no ir. Ese viaje me cansó por demás, me di cuenta cuando me subí al avión y me dije “vieja, calmate, tranquila, que tenés que hablar”

–En ese año que estuviste ausente se gestó una movida muy grande que bajo la consigna NiUnaMenos hizo estallar el Congreso en una movilización que ya cumplirá su primer aniversario contra la violencia machista. ¿Cómo te pega ese tema?

Me da una profunda vergüenza porque este es un país que está esperando florecer desde aspectos básicos de una nación y que esa nación prohíje a la cantidad de muchachos viles, como decimos en el tango, que quieren matar sus incapacidades asesinando mujeres… ¿qué te puedo decir? Es una desgracia que vive el país entero. Son acontecimientos diarios que te dejan perpleja. No sé cual es la respuesta de esta bendita clase media que sostiene al país, no he leído gran cosa salvo lo que publican ustedes, evidentemente no es un tema que comprometa a los grandes medios ni a la agenda política, porque ahí los compromisos son de otra naturaleza, hay una cosa más compleja. Hay muchos que se callan la boca, mucho de poder en juego: “yo no te voy a permitir que vos tengas poder para nada” es el mensaje de estos tipos, luego del cachetazo la trompada y luego de eso ahogarte. La mujer no puede tener poder de ninguna naturaleza.

–Y ese mantra de machos parece extenderse a las mujeres líderes…

Exacto. Fijate lo que pasa en las estructuras políticas, en el mismo momento en que se dieron cuenta de lo que pasaba en América Latina y sus mujeres empezaron a tirarlas abajo, esto es lo que está pasando con Dilma en Brasil, que es un papelón frente al mundo entero. No hay que callarse. Siento que hay una declaración de guerra y no la hace Lisistrata. Hoy la guerra declarada, nos la han declarado a las mujeres, en todo lo que hagamos, en todo lo que digamos, en todo lo que intentemos hacer. Hay que mirarle la cara a ese juez horrendo que quiere meter presa a Cristina, que de Bonadío no tiene nada, porque además la juega de papá bueno. Acá no estamos acostumbrados a mirarle la cara a la gente, porque ahí te asustarías menos de las cosas que pasan porque estarías más prevenida (risas). Las caras que ves, quiénes son los que te están diciendo lo que te dicen. Lo de Cristina es infame, porque si hubieran encontrado un pelo para ponerla en la cárcel no hubieran dejado de hacerlo, con el beneplácito además de los que la traicionaron, porque la traicionaron a ella además de traicionar al movimiento. Porque es fácil dejar a una mujer sola. Yo quisiera haber visto la cara de la madre de Macri, alguna vez por lo menos. De la misma manera en que el padre se ha pasado refregándote en la jeta cuánta chica bonita ha tenido al lado, a mi me hubiera gustado verle la cara a la mamá del Presidente.

–Cuando la vicepresidenta salió a hablar de la diferencia entre “pobres” y “normales” te mostraste públicamente indignada pero sos una de las pocas figuras que opinan sobre política actual con tanta determinación. ¿Eso tiene un precio?

No sé y no me importa. ¿Gente pobre y gente normal? Es brutal decirlo y no salir y pedir disculpas es peor aun. Si una habla bien de ella tiene que decir “qué bruta”, si habla bien de ella, imaginate. Y esto es lo que piensa este gobierno, solo que ella lo dice y Macri se lo guarda. Yo espero de todo corazón que alguna de la gente que pienso que son pensantes salgan a discutirlo, lean eso y tengan la grandeza de salir a defender a la gente “normal” y a los “anormales”. Esta mujer engloba todo, y ya el símbolo de los globos…

–¿Creés que falta reflexión o pensamiento, que es conveniencia o que hay un efecto anestesia?

Me asombra que no haya un intelectual que salga y diga esto es una barbaridad. Nada más. Y ahí me aparece lo de Brecht, aquello de que un día vinieron a buscar al de la otra cuadra y no me preocupé porque no era yo, pero un día me tocaron la puerta a mi. Porque si seguimos así esto va a pasar. Por un lado está la torpeza de decir “no digamos nada todavía” para no aparecer como equivocados. Yo tengo parte de mi familia que lo ha votado a este señor y realmente me da vergüenza a mí sacar el tema. Estamos en un tiempo donde nosotros, los que decíamos que iba a pasar lo que está pasando, y éramos agoreros mala gente que con tal de defender lo que nosotros creíamos que debía ser, tenemos que estar más presentes que nunca. Todo lo que este tipo iba a tener que cumplir lo está cumpliendo.

–¿Cómo es el homenaje a Chico Novarro que estás presentando en Clásica y Moderna?

Recoger de su acervo todo lo que puedo mostrar con mi mayor autoridad, y con toda la alegría de que él esté ahí personalmente y escuche. Me escribió en una poesía muy corta las razones por las cuales yo estoy en el tango, por qué yo tengo que ver con esa música, y por qué cuando llega al otro llega diferenciada. No es solo cómo canto, es cómo la transmito, cómo la llevo. Al tango se lo ha denostado teniendo la poesía maravillosa y universal que tiene. “Hoy vas a entrar en mi pasado” es una frase muy importante (la canta). Yo empiezo cantando un tango que él me escribió en 1997, se llama “Patsia” que es “locura” en italiano, esa locura exaltada, y dice “vos y yo sentados a la mesa de un café, tal como escapados de un dibujo de Calé, vemos como al fin pasa la vida, esa torta de tres pisos donde nadie te convida, viejo. Somos unos locos que vivimos al revés. La Avenida de Mayo alrededor nada que ver. Locos en el medio de la patsia y no queda ni un tranvía que nos deje bien”. Eso yo no lo encontré en ninguno, hablar de un tiempo que continúa y que no se olvida de lo anterior. Eso también soy yo y eso es el tango. Estoy muy feliz, creo que a la gente le va a gustar. Y después voy a descansar, necesito ese descanso.

Sábados de mayo.
Susana Rinaldi con el espectáculo Cuenta conmigo
Clásica y Moderna:
Av. Callao 892, CABA.
Reservas 4812-8707.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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