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Viernes, 14 de octubre de 2016

XXXI ENM > INTENSO DEBUT > AGENDA NUEVA

LA RAZON DE MIS ANCESTRAS

Dos talleres se abrieron por primera vez en el Encuentro y fueron tan concurridos que multiplicaron sus comisiones y espacios de discusión: Mujeres y cannabis, y Mujeres afrodescendientes. En el primero, la criminalización del autocultivo, el uso medicinal y la madurez social para plantar la modificación de la Ley de Drogas fueron los temas más calientes; en el otro, identidad, reconocimiento del Estado, racismo e hipersexualización de la mujer negra.

 Por Carolina Selicki Acevedo

El sol intenso aumenta la temperatura en la ciudad y dentro de una de las aulas del primer piso de la Facultad de Humanidades el debate entre más de cien mujeres parece estar a tono. Es domingo y faltan sólo dos horas para cerrarse los talleres y redactar las conclusiones, por eso es vital organizarse para ir a la marcha, que se anticipa multitudinaria. Entre los temas principales abordados en el primer Taller de mujeres afrodescendientes se mencionan la identidad, la invisibilización por parte del Estado, el racismo y la hipersexualidad de la mujer negra y afrodescendiente. “Debemos resaltar que es la primera vez que se que nos da la palabra y que se nos permite repensar la recuperación de nuestra historia producto de una lucha colectiva”, aclama Julia, mientras anota en una hoja tras consultar si están todas de acuerdo. La fundamentación es lo primero, luego vendrán las propuestas. Otra de las voces es la de Laura Omega, referente de Matambas, agrupación que está en proceso, pertenece a la Red de Mujeres Afro y que cuenta con miembrxs que portan el estandarte de un reclamo milenario. “Mis familiares fueron traídos en barcos desde El Cairo al puerto de Buenos Aires en 1595 y tomados como esclavos de casa por ser considerados “banguelas” -de piel más clara y más altos-. No soy la única militante racial ya que mi madre y mis tíos también lo fueron”, cuenta a Las12. Pese a crecer en un contexto de militancia considera que desde el feminismo no se ha dado lugar a la mujer negra. Sin embargo, nada opaca su alegría: “Este año hubo 100 mujeres cada día, por lo que habrá que crear más comisiones para el año próximo. Informamos más que nada porque muchas mujeres vinieron viéndose blancas, construidas blancas por la sociedad o su educación pero son negras. Por eso es vital reconstruir la identidad”.

Entre las asistentes son constantes los elogios a la joven Yos Pinha, oriunda de Venezuela y radicada en Argentina hace un año, a quien le interesa participar por primera vez como negra, disidente sexual y de género no binario, migrante y educadora popular -da clases en la Villa 31-. No porta una identidad sencilla y eso la singulariza pero a su vez la hermana con sus pares. “Hoy celebro que denunciemos la exotización y rarificación de nuestrxs cuerpos, entre otras opresiones contemplando todas las feminidades y negritudes. Debemos entender el cuerpo como un entramado de convivencias históricas y espiritualidades difíciles de separar más cuando se padece a diario”, analiza y agrega desde su experiencia en el bachillerato popular: “No existe en las currículas el abordaje del legado o del origen afrodescendiente confinado a lo subalterno. ¿Cuántas mujeres negras o trans leemos o de cuántas autoras indias disidentes sexuales conocemos su obra o investigaciones? ¿Qué cuerpos entran en la universidad? Intento construir un cuerpo textual que reivindique estas problemáticas y re-significar la historia escrita por blancos heterosexuales, descolonizar con materiales alternativos. El bachillerato es en un 80 por ciento migrante así que el saber se construye con quienes asisten a clase”.

Y si hay algo que emociona es el cruce generacional y la riqueza de las experiencias compartidas. Gladys Flores es otra de las referentes de Matambas. A sus 60 años nos cuenta que participa de los ENM desde sus inicios. Se define como afro-guaraní, feminista y educadora popular. “Soy de varias generaciones de mujeres solas con hijos, por eso mi apellido es Flores como mi madre, mi abuela proveniente de Corrientes y como mis chozna-abuelas originarias de Minas Gerais. No muchos entienden mi identidad, porque se va construyendo. Primero fui comunista, luego feminista o ambas a la vez y finalmente sumé la cuestión étnico-racial. El relato se fue construyendo para mis hijxs, nietos y nietas y es fundamental la oralidad”, explica disfónica tras la intensa jornada: “Lo que no se dice no existe. ¿Y cómo nombrar? A mi familia la he criado con canciones de cuna de Violeta Parra o un fragmento de la poesía “Meme neguito” de Nicomedes Santa Cruz. Tengo dos hijos y una hija biológica y tres adoptivas. Soy madrina de 26 ahijados y ahijadas, es una red de amor. Viajo también mucho a Bahía, el sincretismo más grande de mujeres e indígenas está allá. Ayer cuando hicimos la ceremonia, escuchar a las más jóvenes felices de ser negras, encontrarse y reconocerse fue maravilloso. En 2014 vine con una banderita hecha por mi hija que decía “Argentina también es afro” y preguntaba a mujeres si se consideraban como tales y así fui conociendo amigas y reconstruyendo orígenes. Hoy iniciamos una nueva etapa en la red de lucha”.

Ya es hora de volver a las calles al ritmo del candombe y el repicar de los tambores. Argentina también es afro.

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