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Viernes, 21 de octubre de 2016

PARO DE MUJERES

Ni para un caramelo

 Por María Mansilla

Foto: Constanza Niscovolos

La verdad, no se le movió un pelo a la mayoría de las personas que estaban en el hall central de Aeroparque el miércoles pasado a la 1 de la tarde, cuando frente a su vista comenzaba a latir el ruidazo por el paro internacional de mujeres. Sólo algunas personas acompañaron con la mirada y con sus palmas, desde la mesa de un bar o la cola del check-in, el eco del “Ni-una-menos/Vivas-nos-que-remos” que gritaban las 50 mujeres vestidas de negro que avanzaban contundentes. Empleadas de tierra de líneas aéreas y del free shop, azafatas sin uniforme ni maquillaje dejaron sus puestos para repartir cintas negras y folletos mientras afirmaban: “No más femicidios”, “No criar niños machistas”, “Es un día de duelo, nada que festejar”. La misma acción se replicó en Ezeiza; los volantes viajaron a los mostradores de todo el país. Después, almorzaron juntas y salieron a la calle para unirse a la marcha, encolumnadas con la CGT y la CTA, según la adherencia de sus gremios.

Los aeropuertos siempre huelen tan bien. Sus baños públicos son de los que nunca se quedan sin papel. Al mismo tiempo, los aeropuertos son un escenario político singular. El aire suele estar medio encerrado y los usuarios de este servicio VIP, vacunados de ser variable de ajuste de algunas protestas por reclamos de mejoras laborales. ¡Ahí sí que reaccionan los pasajeres!

“Esto llegó a un límite. Porque hubo 5 femicidios en 20 días y porque tenemos un gobierno al que le interesan poco los programas de género, de cuidados, de protección. Más que nunca tenemos que tomar medidas: el presupuesto destinado a combatir la violencia machista es de 0,8 centavos, ¡no te alcanza ni para un caramelo!”, dice Mónica Ameneiros, secretaria de Género de APA (Asociación del Personal Aeronáutico).

Lxs trabajadorxs del Aeroparque que tuvieron que seguir prestando servicios apoyaron el paso de la columna aplaudiendo sobre sus cabezas o cerrando el puño con ganas. Ana, por ejemplo, aclaró que no pudo moverse de la máquinas del check-in desde donde asesora y organiza a la tribu con valijas, pero igual se sintió ahí, marchando, diciendo basta, igual que cuando denuncia a la línea 145 un viaje que le resulta sospechoso de trata de personas (como el de las chicas dominicanas hacia Comodoro Rivadavia, un clásico). Ana también habló en nombre de algunas conocidas del sector del free shop que no estuvieron en el ruidazo pero batallan de forma sostenida tanto como batallaron su conquista pionera: 15 días de licencia a las compañeras víctimas de violencia de género.

En el ruidazo sí marchó Natalia Fontana, de los Aeronavegantes: ojos verdes, pelo rubio despeinado y con freeze (¡qué manera de llover este miércoles negro!), sin tacos ni medias can-can ni traje de Barbie. Natalia, azafata, aclara que ellas no son víctimas, al contario: son de armas tomar, están acostumbradas a tener el rol de mando. Cuenta que desde la primera marcha #NiUnaMenos se sumaron más compañeras a la actividad sindical; que el área de género existe desde hace dos años y que lograron incorporar a su convenio colectivo de trabajo varios de los beneficios que el nuevo Código Civil establece para gays y lesbianas, como licencias por matrimonio igualitario y adopción.

“Venimos calentitas del Encuentro de Mujeres”, dice Ameneiros antes de sacar pecho y contar que su gremio, que tiene más de 70 años de historia y de cultura machista, hace 4 amplió el estatuto para sumar este espacio de género. Las chicas de APA llevan años viajando a los ENM, taller Mujeres y Sindicatos, problematizando su convivencia con tipos con tanta fama de duros. “Si no participamos no pertenecemos. Si no pertenecemos no podemos reclamar”, repiten en asambleas y radiopasillos.

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