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Viernes, 21 de octubre de 2016

MONDO FISHION

Carteras en miniatura

 Por Victoria Lescano

“¿Acaso para salir de noche las mujeres precisamos otra cosa que un rouge, un espejo y un billete de cien dólares?” esgrimió en 1960 la diseñadora húngara Judith Leiber para fundamentar el furor de sus carteras joya o minaudiere, realizadas en cera y en metal con forma de animales o de flores, también pintadas a mano y que entre sus excesos admitieron el brillo de siete mil cristales. Los modeles célebres adoptaron forma de vegetales, de osos, sapos, caracoles o violines que ingresaron a los placard de las devotas de la moda kitsch. Atentos a la avidez de acarrear sus cigarrillos y pintalabios en cajitas de metal que percibió en sus clientas circa 1930 el joyero Charles Arpels ideó las vanity cases, carteras con interior de metal y divisiones para cobijar el tabaco y los artilugios cosméticos. Pero el artilugio de las miniaturas en forma de cartera volvió a estar en boga en las recientes pasarelas europeas para 2017. Mientras que en Valentino adoptaron forma de cigarreras o de portarouge contemporáneos y colgantes en tonos rosa, negro, rojo, verde y celeste, las modelos fueron ornamentadas con secuencias de dos o tres miniaturas, en Kenzo y en Jil Sander las maxicarteras de otras temporadas fueron reemplazadas por sobres que colgaron de la cintura, ya en cuero crudo o en diversidad de brillos. Pero en la colección 2017 de Stella Mc Cartney las miniaturas simularon pequeños monederos cruza con cinturón y en la firma Rag& Bone emularon las riñoneras utilitarias que Prada popularizó a comienzos de 2000.

Las pequeñas carteras derivan de las limosneras –dícese de los bolsos de cuero con cierres que además reprodujeron réplicas de capillas medievales esculpidas en oro o en plata–, en el siglo XVI les siguieron las “carteritas misterio”, con la particularidad de reunir varias bolsas dispuestas a modo de montañas rusas, destinadas a guardar joyas, documentos secretos o monedas. Otra versión primitiva de las miniaturas fueron los retículos romanos: bolsas de seda o de terciopelo en colores que se usaron para acarrear binoculares para funciones de teatro. O bien las escarcelas medievales, las primitivas bolsas que los mensajeros y los peregrinos incorporaron para trasladar documentos. Las carteras diminutas también señalaron el estado civil de su usuaria: los monederos eran de rigor en las mujeres casadas, mientras que las solteras debían llevar sus tarjeteros.

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