las12

Viernes, 4 de noviembre de 2016

ENTREVISTA

UNA TIPA RARA

La documentalista uruguaya Ana Tipa estuvo en Buenos Aires y presentó sus documentales Preso y Dos Hítleres, que indagan en las raíces latinoamericanas, nuestra idiosincrasia e identidad a través de personajes varones. No hay finales felices ni moralejas en sus películas pero sí un profundo sentido del vértigo narrativo y los opuestos como caras de la misma moneda.

Nació en Montevideo pero su vida es la de una trashumante. Estudió Bellas Artes en Perugia, Italia, y realización Cinematográfica en Caracas, Venezuela, becada por el Consejo Nacional de la Cultura. En Berlín trabajó para canales de televisión europeos hasta que, en uno de sus regresos a Uruguay fundó su productora, Huerfanita Films, con la que se dedica de lleno a la realización de sus proyectos. ¿Por qué Huerfanita?, quisimos saber. “Tiene que ver con mi vida personal. Si bien no soy literalmente huérfana, mi vida itinerante a veces me hace sentir así. Por otra parte, es un juego de palabras. Me dicen Anita y el diminutivo de ‘huerfanita’ de alguna manera me nombra.”

Actualmente vive entre Montevideo y Berlín, ciudad a la que llegó –cuenta con algo de pudor– siguiendo un amor y después se fue quedando. Viaja siempre con su gato para el que tiene distintos tipos de valija y se niega a decir su edad porque no le gustan las imposiciones sociales a las que deben responder las mujeres cuando descubren sus dígitos.

En su vaivén entre Europa y América, en ese ida y vuelta va creando sus producciones que siempre tienen lugar en su país natal, un poco porque es su tierra pero también porque es allí donde consigue la financiación para llevar adelante sus películas, en donde se destaca la búsqueda de personajes que narran su entorno y su historia siempre confrontados con un conflicto extremo que parecería no tener solución.

Entre sus creaciones, se encuentra Preso (2016) que es el documental que trajo a Buenos Aires luego de un derrotero por otros festivales como el festival Visions du Réel, de Nyon, Suiza y el de Chicago, y tiene en su haber –además– otras producciones tan destacadas como originales, entre las que sobresale Dos Hítleres, un documental que aún está in progress. Tipa hizo su primer corte en 2007 pero “lo que sucedió después del estreno –cuenta a Las 12– creó la necesidad de que siga indagando en la vida de esos dos hombres”. Así es, son dos uruguayos cuyos nombre de pila es Hitler. “Llevaba varios años en Alemania y ya me había familiarizado con la relación de este país con su pasado y, sobre todo, con la carga de significado que tiene allí la palabra Hitler –explica–. En una ocasión viajé desde Alemania a Suiza para visitar a unos amigos. En una estación, mientras esperaba un tren, compré una revista en cuya tapa aparecía una foto que atrajo mi atención: un joven asiático vestido con un uniforme nazi. El artículo hablaba de la imagen del Führer en el Tercer Mundo y, entre otras cosas, mencionaba la existencia de personas que, en nuestro continente, llevarían Hitler como nombre de pila. Leer esta noticia me produjo una larga asociación de ideas que desembocó, poco después, en el concepto central de Dos Hítleres. De vuelta en Uruguay puse en marcha la investigación, y los personajes y la realidad con los que me encontré ampliaron y reforzaron aquella primera idea. Así surgió la historia de la película.”

Dos personajes son el centro del documental. Son dos que le dan ritmo y contenido a esta exploración novedosa de América latina. Hitler Aguirre (1940) y Hitler Ignacio da Silva (1939): mientras el primero, un antiguo simpatizante de los tupamaros y pequeño comerciante, se jacta de decir que no fuma, no juega y no toma; el segundo, un policía retirado, disfruta de la cumbia y de las mujeres. Este es dadivoso y aquel austero. Son “dos Hítleres” que viven a trescientos kilómetros de distancia uno del otro: el ex policía en Artigas, un departamento al norte de Uruguay, que hace frontera con Brasil, y el comerciante en el centro del país, un pueblo, llamado Tucuarambó. En efecto, mientras Hitler Ignacio da Silva, por vivir en el norte, nos revela una cultura fronteriza, donde la cumbia y la bossa nova no conocen límites, Hitler Aguirre, a pesar de su actividad comercial, nos revela más el atavismo de las tradiciones. Interrogada en ocasión del estreno del documental sobre si no sería esta película una celebración del Macondo latinoamericano uruguayo de la postguerra fría con dos Hítleres en un pueblo entre la cumbia, el humor y el absurdo, Tipa contestó con honestidad pero sopesando con cuidado sus palabras: “Dos Hítleres podría verse como una celebración (si es que hay algo para celebrar) de la idiosincrasia latinoamericana, que en parte nace de la relación de nuestro continente con sus raíces europeas y su imagen de aquel continente; en este sentido, podría incluirse el concepto de postguerra, pues lo que se cuenta en la película es, también, una lejana consecuencia de esa postguerra. Sin embargo, la palabra celebración parece implicar algún tipo de aprobación, algo que no está en mi intención expresar. Sí es, en cambio, intencional describir ese Macondo latinoamericano, con los diversos aspectos que constituyen el entorno de la historia –sobre todo aquellos más dolorosos– a través del humor y del absurdo: la falta de autocrítica, la ligereza, nuestra posición frente a nuestras responsabilidades... ¿Puedo citar a Nietzsche? Das leidenste Tier auf Erden erfand sich das Lachen, en criollo: ‘El hombre, el animal que más sufre, tuvo que inventarse la risa’; traducido más libremente: ‘El hombre sufre tanto que tuvo que inventar la risa’. Sólo a través del humor podemos soportar ciertas cosas. El humor nos libera, nos ayuda a encontrar y a aceptar la verdad. Por eso, Dos Hítleres cuenta una historia de Hitler en un mundo macondesco”.

En cuanto a Preso, se trata de un documental único en su tipo, porque a pesar de la transparencia de su narración, permite distintas lecturas simultáneas. El preso del título es un hombre en apariencia libre, pero hecho de paradojas: trabaja construyendo una prisión y él mismo es prisionero de sus mentiras. Y a todo esto: ¿dónde termina el documental y comienza la ficción? ¿Es posible acaso que el espectador conozca su verdad y su familia no? En esas preguntas sin respuesta está el mayor atractivo de este film que se presenta como una auténtica cantera de novedades siempre valiosas.

La historia surgió mientras Tipa investigaba para realizar un documental sobre la construcción de casas y así se topó con Miguel, protagonista de su obra, un obrero de la construcción que construía la prisión de Ribera en Uruguay, y a través de un trabajo de observación Tipa notó que Miguel estaba tan preso como los presos a los que les construía el hábitat. Esta situación paradojal, dio inicio al proyecto que se afianzó al descubrir su otra manera de ser preso en el entorno familiar. La construcción a la que alude Tipa en su obra tiene varias capas: la construcción del penal, la construcción del proyecto de vida del protagonista y la construcción del propio relato de la película.

En la conversación con Las 12, Tipa se mostró como una mujer muy conciente de su género por eso nos llamó la atención la falta de protagonistas mujeres en sus historias: “Las mujeres aparecen en las historias acompañando al hombre, o subordinadas a él o actuando como respuesta a sus acciones. Son los hombres los que llevan adelante la historia”, explica increíblemente. Y sobre todo increíblemente para una mujer que va haciendo historia con las historias que cuenta. Quizá es tiempo de que alguien se lo diga.

Compartir: 

Twitter
 

 
LAS12
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.