las12

Viernes, 4 de noviembre de 2016

PARO DE MUJERES

LA TAREA INFINITA

La histórica movilización masiva que agitó a la Argentina y el mundo como un magma de latidos insurrectos dijo basta a los femicidios pero también clamó en una potencia colectiva que derramaron miles de testimonios contra las piedras que obstaculizan la fuerza de trabajo, la imaginación creativa, los saberes ancestrales y el derecho entrañable de pararse frente al mundo para obtener el propio sustento. El miércoles 19 de octubre no hubo ruegos sino reclamos por independencia económica y habitacional, por igualdad de oportunidades, por una Justicia que de una vez por todas cale más hondo que las heridas a sangre y fuego sobre tantos cuerpos. Y por la urgencia de una equidad de género profesional y laboral que atrasa hace décadas, aunque miles de gallos con corbata sigan cacareando que si las mujeres exigen cupos en la vida, primero se los ganen.

En el segundo semestre el desempleo femenino llegó al 10,5 por ciento, mientras que la tasa de desocupación de los varones es de 8,5 por ciento, según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (Indec) correspondiente a ese período.

Antonella D’Alessio, 30 años. Coordinadora de la Red de Psicólogas Feministas

Estoy desempleada porque mi contrato en la Coordinación de Políticas de Género y Diversidad Sexual del Municipio de Lanús terminó en septiembre. La que era mi jefa, Jimena López, se negó a renovarlo y despidió también a una compañera que se negó a atender a un varón agresor. La echó a los gritos. Varias colegas están renunciando porque tienen mucho miedo de trabajar ahí. Tengo pacientes en clínica, pero no muchos. Al menos somos dos en casa. Mi pareja tiene trabajo estable y eso ayuda a atravesar el momento. Fui a la movilización masiva del Paro de las Mujeres por las que ya no están, contra la violencia patriarcal machista que nos sigue tratando como objetos con un valor que termina cuando nos dejan de usar. A las que no pudieron estar en esa jornada les diría que vayan la próxima, que repliquen el mensaje en sus espacios, con los suyos, con vecinos, en las redes sociales.

La brecha de género se profundiza con la tasa de subocupación en un promedio de 11,2 por ciento, según el Indec. El salario promedio de empleadas/os formales e informales era de 7.425 pesos en el segundo trimestre del 2015. Pero en promedio los varones reciben 8.200 pesos y las mujeres 6.428 pesos.

Melina Sánchez, 33 años, docente

Trabajo en un secundario público. Tengo pocas horas actualmente y me las ingenio para pagar el alquiler que afronto sola. Pero sé de esto, estuve siete meses sin cobrar y por ello tomamos las calles varias veces. Ahora me convoca la violencia de género. De a poco pude introducir la problemática en mis clases y sé de colegas que también lo han hecho. Trabajamos las consignas del Ni Una Menos y Vivas Nos Queremos desde distintas lenguas originarias recordando que la explotación es de género, de edad y de raza.

En el 40,1 por ciento de las familias las mujeres son jefas de hogar. La cifra es elevada si además se cruza con que las jefas de hogar son las que más sufren el desempleo, la informalidad y la brecha salarial.

Cecilia F., 40 años, docente. Madre de una bebé, una niña de 11 años y un adolescente de 16 años

Llegué hasta el Obelisco porque estoy harta de sufrir violencia física, verbal y laboral. Por parte del padre de mis dos hijos mayores. No cuento con la cuota alimenticia y soy el sostén económico de mi familia. Soy docente en escuelas inicial y primaria: por parte de mi jefe también sufrí acoso psicológico y sexual desde 2007 hasta 2014. Pero al no contar con otro respaldo económico, no pude abandonar ese trabajo. Lo que sí hice, a pesar de las críticas y de lo poco que me creían mis compañeros y compañeras, fue denunciarlo. Soy feminista, nos juntamos con unas cuantas compañeras en varios barrios de la Ciudad a leer textos feministas para aprender, hacernos fuertes y ser conscientes de nuestros derechos, de los límites que hay que poner cuando existe violencia por parte de otras personas. Más allá de las denuncias que llevé a cabo y de tener la contra de mis compañeros del trabajo, sigo trabajando en el mismo colegio. ¡En mi casa me ocupo de todo! ¿Qué me gustaría que se modifique para lograr la igualdad de las mujeres y tener más derechos?: quiero que el mundo empiece otra vez.

En 2013 el desempleo promedio era del 6,4 por ciento –ahora es de 9,3– mientras que el desempleo juvenil femenino llegaba al 16,2 por ciento, según datos de la EPH publicados por el Ministerio de Trabajo en 2014. El fenómeno empeoró: el desempleo juvenil promedio es de 18,9 por ciento. Pero la falta de trabajo de las chicas menores de 30 años llega al 22,3 por ciento con picos de 25 en el Gran Buenos Aires, de 22,7 en la zona pampeana y de 23,7 en conglomerados urbanos como Gran Rosario, Gran Mendoza o Gran Tucumán.

Lucila Gregaire, 18 años, y Camila Chaya, 19 años, estudiantes universitarias

Somos alumnas de la Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM). Salimos a buscar trabajo para sostener los estudios, pero la realidad es desoladora. “Salimos en busca de nuestros primero trabajos, de camarera, call center, vendedora o animadoras de fiestas, pero este año no pudimos conseguir ni siquiera entrevistas laborales. Las condiciones son siempre en negro, `18 años y con secundario`; ya sabemos qué es lo que ofrecen. Pero además ahora nos angustia mucho no poder salir a la calle tranquilas o andar fijándonos todo el tiempo qué ropa nos tenemos que poner. Salir a la noche es cada vez más problemático, ya sea en tren o en colectivo… Hasta es mejor que tomarse un remís. Escribimos los carteles que llevamos a la marcha del miércoles 19 con marcador negro para pedir por una libertad sin miedo para poder vivir en plenitud, como hubiese querido Lucía Pérez.

María Maidana, 19 años, ex alumna de la Escuela Nº 43 Liliana Maresca, de Villa Fiorito

Estoy buscando trabajo pero no me es fácil. Mi trabajo diario ahora es cuidar a mis hermanos más chicos en casa. Desde siempre ayudé. Hace poco cuidaba a mi abuelo en el hospital donde estaba internado. Obviamente es acompañar a mi mamá en el trabajo doméstico aunque sin cobrar por eso. En casa sólo trabaja papá. Yo quiero conseguir algún trabajo por la tarde para poder estudiar Artes Visuales en la EMAV, que tiene convenio con la escuela, por lo que no tengo que cursar el primer año de la orientación básica. Además, me da la posibilidad de una salida laboral más rápida.

Organizaciones por la diversidad reclaman por la reglamentación definitiva de la ley de cupo laboral trans, sancionada en septiembre de 2015, que exige que el Estado bonaerense tenga entre sus empleados a un 1 por ciento de esa comunidad. La implementación del cupo laboral trans es una cuestión de derechos humanos. En los últimos tiempos aumentaron los crímenes de odio y violencia hacia la comunidad lgbtti. El promedio de edad de fallecimiento del colectivo trans es de 35 años y el 98 por ciento no tiene trabajo formal.

Laura Carrasco, 24 años

Durante cinco años sufrí violencia de género. Llegaron a tirarme desde un tercer piso, estuve internada y cuatro meses en silla de ruedas. La pasé muy mal, por eso quiero que esto se acabe. Basta de violencia de género y de violencia institucional. Hoy seguimos luchando por un cupo laboral trans para poder ser incluidas en la sociedad y tener un trabajo digno. En este momento, por ejemplo, estoy sin trabajo aunque terminando el secundario en el Bachillerato Popular Mocha Celis. Además comparto mi lucha con otras compañeras desde el Hotel Gondolin, donde viví varios años. Es una fundación desde hace un año y actualmente alberga entre 70 u 80 travestis y chicas que trabajan en la calle como yo. El miércoles habíamos marchado bajo la lluvia porque apoyamos a la diversidad de mujeres de esta sociedad de la que somos parte.

Compartir: 

Twitter
 

 
LAS12
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.