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Viernes, 12 de noviembre de 2004

LETRAS

lengua larga

La escritora Angélica Gorodischer será una de las 22 mujeres entre los 160 invitados al III Congreso Internacional de la Lengua Española y está dispuesta a tomarse muy a pecho esa (escasa) representación femenina. A pesar de que no puede adelantar detalles de la ponencia que presentará, da algunas pistas sobre el modo en que planea escandalizar a la docta audiencia.

Por Sonia Tessa
Desde Rosario

Angélica Gorodischer está convencida de que si viviera en Chubut no sería una de las disertantes del III Congreso Internacional de la Lengua Española, que revolucionará a Rosario del 17 al 21 de noviembre. La autora de Trafalgar y Kalpa Imperial sabe que sólo por la invitación de la municipalidad es una de las 22 mujeres –de 160 invitados– que tendrán algo para decir –según el Instituto Cervantes y la Real Academia Española– sobre “identidad lingüística y globalización”. Con ese eje de debate, se desarrollará este acontecimiento que congrega, cada tres años, a académicos, escritores y autoridades de los medios de comunicación en alguna ciudad que no sea capital del país anfitrión, para debatir sobre el devenir del idioma español. No es porque Angélica tenga problemas de autoestima, ni porque le falten méritos. Sus 20 libros publicados, múltiples premios, la edición de su obra en varios idiomas y la próxima reedición de Kalpa Imperial en Estados Unidos no dejan lugar a dudas. Pero como buena feminista, sabe que a las mujeres no les alcanza con el mérito. Y de eso se trata también este congreso. La ausencia flagrante de escritoras le resulta “espantosa”, aunque no atribuye tanto al machismo desembozado de los miembros de la Real Academia, sino más bien a una “ignorancia”, que la vuelve a remitir al sexismo.
Aun cuando su intervención no hará eje esta vez en la cuestión del género, confiesa que apuesta a “escandalizar” con sus ideas sobre la identidad lingüística, un concepto que critica ferozmente. Y aunque no puede adelantar nada de la ponencia que le hicieron presentar por anticipado, cuenta algunas claves: “Hablo de identidad y explico que no entiendo un corno lo que quiere decir. La identidad de nuestra lengua es una sumatoria de todos los pueblos que se nos vinieron para la Argentina ¿de qué identidad me están hablando?”, enfatiza esta escritora de 75 años que nació en Buenos Aires, pero vive en Rosario desde niña. “La identidad nuestra, la de los que nos reuniremos ahí, es ser escritores, o lingüistas, o críticos o lo que sea”, agrega para concluir: “No entiendo muy bien qué es la identidad, prefiero hablar de valores, de ideología, y de la vida de la lengua, que me parece lo más fascinante que hay”.
Es por eso que arremete contra el concepto de “pureza del lenguaje”, una cualidad que atribuye sólo a las lenguas muertas, como el latín o el sánscrito. “A mí lo de la pureza del lenguaje me parece una tontería. Estamos vivos porque somos mestizos. Nuestra lengua está viva porque lo es, así como todas las demás”, dice.
Eso dirá –palabras más, palabras menos– en el congreso que tiene en vilo a la ciudad. Porque Rosario exuda entusiasmo por el acontecimiento cultural que ha logrado cambiarle la cara. Además de las obras públicas que la embellecieron, todos quieren saber de qué se tratará. Y como Angélica es una de las caras de la abundante publicidad televisiva que realiza la municipalidad, la gente se acerca a preguntarle. “Hay quienes no tienen la menor idea de qué es un congreso. Yo me doy cuenta por lo queme preguntan por la calle. Como aparezco mucho por televisión, me paran por la calle y me preguntan para qué se hace, y por qué, qué tiene que ver con la lengua, qué lengua”, dice gesticulando como lo hace habitualmente, antes de sacar la lengua para mostrar que no es esa de la que se habla. “Entonces yo explico qué es un congreso, cómo gente que está en lo mismo se junta para estudiar algún aspecto y ver otras cosas nuevas. Y a qué vienen esto, es otra pregunta. Entonces yo explico que vienen a estudiar el idioma español, porque uno dice el idioma español y es más comprensible. A saber por qué de pronto han crecido de 63 millones a 400 millones los que hablan español en todo el mundo, que también vienen a ver cómo se habla el español acá, en Colombia, en Chile, en distintos lugares del mundo, que vienen para averiguar cuáles son las palabras que nos han enriquecido”, agrega. Y allí de nuevo aparece su genio polemizador: “Tomá, acá les doy con todo...”, hace el gesto de corte de mangas y arremete de nuevo contra la pureza del lenguaje.
No sólo por eso le “da con todo” a la Real Academia, también critica el sugestivo raquitismo del congreso en cuanto a invitadas mujeres. Las hay involucradas con su organización, ya que la senadora Cristina Fernández de Kirchner es la presidenta honoraria de la comisión organizadora, y la vicegobernadora María Eugenia Bielsa una de sus principales motores. Las hubo inmersas en la polémica, como la que se desató por la exclusión de Nélida Donni de Mirande a pedido de la comunidad educativa de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, donde la lingüista tuvo una colaboración activa con la última dictadura militar. Luego, si bien la Academia optó por invitarla, ella se autoexcluyó. Hay también unas cuantas académicas invitadas, pero escritoras, muy pocas.
“La ausencia de Griselda Gambaro es algo que a mí me pega en el quinto forro de los ovarios, no puede ser. Es la mejor escritora argentina”, se indigna Angélica, antes de aclarar: “No sé si no la invitaron y ella no pudo venir, o dijo que no. Pero en ese caso, deberían haberlo comunicado tal como lo hicieron con otros escritores varones. Fulano ha sido invitado pero no pudo venir por cuestiones de familia. Muy bien, la señora Gambaro fue invitada –en caso de que lo hayan hecho, que no lo sé–, pero no pudo venir por cuestiones X”, completa la idea. No es la única omisión que le parece “espantosa”. “No entiendo cómo no se la ha invitado a Diamela Eltit, cómo no se la ha invitado a Margo Glanz, a Elena Poniatowska. A lo mejor se las invitó y no se dijo que no iban a venir. De ninguna mujer se dijo la invitamos y no pudo venir”, agrega.
Por eso, será una de las pocas escritoras que se siente en las mesas del Centro Cultural Parque de España. Y hoy es una de las caras visibles del congreso para Rosario. A ella no le molesta ser una celebridad a la que los canallas (simpatizantes del club Rosario Central) le agradecen por la calle haber dicho que el Congreso de la Lengua debiera hacerse en un lugar tan popular como esa cancha de fútbol, para que todos pudieran acercarse. “Me encanta ser una celebridad, porque soy una exhibicionista. Me hubiera gustado ser prima donna, una estrella, ese tipo de cosas”, dice sin tomárselo demasiado en serio, divertida. “Me gusta figurar, andar por todos lados, soy muy gregaria, muy urbana, muy sociable. Por supuesto que escribo en soledad, pero yo no puedo dejar de ir al café a charlar con las amigas. Y escribo con todo eso, desde todos los acontecimientos y las experiencias”, termina, antes de volver a regar las plantas, como lo hacía antes de empezar la nota, en el bello jardín de su casa del sur de la ciudad de Rosario. Con ese mismo bagaje se sentará el viernes 19 de noviembre a leer su ponencia sobre “Escritura literaria, la invención de una identidad”, y tratará de cumplir el objetivo de escandalizar.

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