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Viernes, 23 de marzo de 2007

TELEVISION

La hora de las niñas

Desde hace un mes, Menta, Gala y Bamba irrumpieron en la televisión como las Reinas Magas, tres heroínas que vienen a salvar al mundo ante la ausencia de los Reyes Magos. Andrés Gelós, su autor, cuenta cómo es realizar esta “sit-com infantil” que no se priva de deliciosas referencias cinéfilas y cuyas primeras historias surgieron hace cinco años, cuando inventaba cuentos para su hija recién nacida.

 Por Moira Soto

No, no era un espejismo lo que se veía en la pantalla de Canal 13 el jueves pasado a las 11 y pico de la mañana: en Reinas Magas, una producción local para niñas y niños, con el trasfondo de una colorida escenografía que remitía al territorio del “había una vez”, una figura grandota, toda de marrón, de la melena cuadrada con flequillo a los zapatones, el abrigo de arpillera con grueso cinturón, se movía pesadamente. La imagen evocaba directamente al Golem de 1920, film clásico inspirado en la leyenda judía que dio origen al relato de Meyrink, protagonizado y dirigido (junto a Henrik Galeen) por Paul Wegener. En una televisión abierta donde hace rato largo que no se ve ficción para público infantil hecha aquí, y donde, en (desdichado) cambio, han proliferado las Flavias, Panams y Caramelitos conduciendo y “cantando”, Reinas Magas resulta una especie de milagro inesperado y, a la vez, la alentadora confirmación de que es posible hacer una sitcom para párvulos/as con muy buena calidad en todos los rubros. Empero, hay que lamentar que esta insólita producción de –hasta ahora– 39 capítulos grabados haya sido lanzada el 5 de febrero sin avisos y sin que la prensa especializada se diera por enterada (salvo una breve nota publicada en Clarín la semana pasada, a casi mes y medio del estreno). Hasta el viernes último, Reinas... se emitió diariamente de lunes a sábado (llegando a tener algún pico de casi 7 puntos pese a la falta de promoción), y a partir de esta semana podrá verse sólo los próximos cuatro sábados a las 10. Después, habrá que esperar las novedades: cambio (o no) de canal, repeticiones, nuevos episodios.

“Imagina en el más inmenso de los mares el más pequeño de los países, imagina en el más pequeño de los países el más increíble de los castillos...”: así arrancan los capítulos de Reinas Magas mientras la imaginación muestra a tres chicas bien distintas –ninguna rubia– sobrevolando en globo esa isla diminuta, donde –además del citado castillo– hay un laberinto y en los árboles que parecen de plastilina están pegados afiches que anuncian la desaparición de los Reyes Magos. La imaginación de Andrés Gelós, mente creadora y rectora del proyecto, efectivamente toma el poder en estas aventuras maravillosas protagonizadas por siete personajes estables (incluido un tiburón sobreadaptado) que transcurren en Shangrilandia, según reza en la puerta de entrada a esta dimensión de los sueños donde se dan cita con total familiaridad figuras históricas y fantásticas.

En el elenco estable, gana la bondad (que no ñoñería) de Menta, Bamba y Gala, aliadas a Antoniato, gerente de la fábrica de juguetes, frente a la maldad (relativa) de Das Pulgas, Jésico y el Tiburón con vocación de ballena. Las tres chicas están pasando pruebas iniciáticas para alcanzar el rango de Reinas Magas, con poderes para repartir juguetes, tarea que adoran realizar, aunque cada una desarrolla otras habilidades. En los recreos cantan y bailan temas de jazz, salsa, merengue, hip-hop, con letras que dicen, por ejemplo, “voy a invitarte a una fiesta/ de la que nunca te vayas./ Voy a contarte una historia que no termine jamás...”, o “salsa, pa’comerse la vida,/ salsa, pa’ensuciar la camisa/ (...)/ Sal y canela al amor le pondré,/ chile y pimienta para enloquecer,/ dulces, ciruelas, azúcar, merengue o café...”.

“A los 18 escribí mi primer libro de cuentos y lo autopubliqué”, dice Andrés Gelós. “Aprendí cómo hacer, dónde comprar el papel, dónde imprimirlo... Me di cuenta de que era más fácil de lo que pensaba. Entonces, a un par de amigos poetas que estaban tocando penosos timbres en las editoriales, les dije: se los hago yo. Así llegué a los 60 y pico, entre los cuales hay algunas joyitas como la obra de Juan José García Gallo, que acaba de ganar el Premio Municipal de Poesía. Después empecé a publicar libros de arte, actualmente le hago los catálogos a la casa de remates Naón, al Museo de Arte Decorativo, a Bellas Artes, al Sívori... Me fui especializando y terminé haciendo libros como Buenos Aires escultórica, una galería a cielo abierto, con fotos de José Luis Diéguez Gondar, que incluye prácticos mapas.”

¿De dónde salen las Reinas Magas?

–Nace mi hija Catalina hace 5 años y empiezo a inventarle cuentos. Ahí arranco con una colección de relatos infantiles, entre los que figuran Bananas con patas y Clarita y la maceta mágica. Las ilustraciones son de Marcelo Di Stasio y difieren entre sí según el cuento: collage, fotoshop, óleo, carbonilla. Cuando Marcos Carnevale, mi amigo, empezaba a escribir Sin código para Canal 13, se quedó sin autores, me convocó y me largué a escribir esa tira que anduvo muy bien. Mi aporte fue en lo humorístico y situacional, y siempre que podía metía la baza literaria en algún resquicio. Después trabajé en una serie para Cris Morena, Bella y Bestia, que es para el año que viene, porque quería aprender toda la parte industrial. Entonces, me dije: esto lo puedo hacer por mi cuenta. Escribí el guión de uno de mis primeros cuentos, Reinas Magas: la historia de que un día los Reyes Magos desaparecen –todavía no se reveló la causa de su ausencia– y alguien tiene que ir a ocupar su lugar. Me pareció que en ese espacio tenían que estar quienes cubren la desaparición, que son las mujeres. Siempre en un tono de comedia absurda, estas tres chicas desembarcan en Shagrilandia, título que alude a aquel paraíso perdido, y también a la tierra, la materia. En la isla hay un malo estereotípico, Das Pulgas y, como es inevitable, un ayudante torpe. También está el Tiburón 6, contratado para filmar un capítulo de la serie, que creció hasta salirse de la pecera y aprendió a respirar, hizo la evolución darwiniana. Es la mascota y también un espacio escenográfico en sí mismo, porque cada tanto se traga a algún personaje, pero no llega a digerirlos. A este sitio cae gente de todo tipo: un día, Saint-Exupéry, otro, Pierre de Coubertin, el inventor de los Juegos Olímpicos...

¿Cómo se arma un programa infantil que armoniza estéticamente dirección de arte, música, puesta en escena, actuaciones, pleno de imaginación y que se permite el lujo –para la TV abierta– de citas literarias, cinéfilas, históricas?

–El programa no es pretencioso, juego solamente con cinco escenografías, pero es cierto que hubo mucho cuidado, buena terminación en todos los rubros. Lo estético surge de mis gustos personales, me puede inspirar la línea Tim Burton, por ejemplo. Cuento con un director de arte como Alejo Garay, que pescó muy bien esta onda. En lo actoral, me ayudó mucho mi hermano Pablo Gelós, quien convocó a Ariel Kotlar, un compañero clown, para hacer a Jésico, mientras que Mauricio Jortack es un Antonietto apropiadamente gesticulador. El casting lo hizo Susana Cardoso, la autora de Locas de amor, con ella elegimos a las tres chicas. La verdad es que había rasgos favorables para armar esta ficción en los tres Reyes Magos clásicos: son de tres etnias, de tres culturas, de tres religiones distintas, y se reúnen con un objetivo. Es un mito ecuménico.

¿No pensaste en una morocha de tierra adentro para uno de los colores?

–Sí, yo quería que fueran diferentes, con habilidades también diferentes. Y me cae la hija de Rubén Rada –yo no conocía este detalle–, Lucía Rada Vivanco, y descubro que canta muy bien. Así que la morocha de tierra adentro se oscureció un poco, aunque no es negra del todo. Además compone: tres temas son de ella. A Gala la interpreta Luz Cipriota, campeona argentina de danza acrobática, hace lo que quiere con su cuerpo, es una bonita clásica. Y la tercera es una loca linda de la guerra, Irene Goldszer, una actriz que hace unipersonales de teatro y que armó este personaje, Mentita, que para mí es el motor del programa.

¿Reinas es una producción totalmente independiente?

–Sí, de la productora Plop, que se armó para realizar este proyecto.

Más allá del eclecticismo evidente de tus gustos, ¿tenés alguna fuente de inspiración que esté en la base de tus elecciones?

–Si yo le tengo que agradecer a alguien el haberme animado a darle forma a este pequeño planeta, Islote, es a María Elena Walsh. Porque yo me crié con esas canciones, con esas historias. Pero es verdad que la producción televisiva local no ha estado a la altura de la producción editorial para chicos. Lo de Midón, Vivitos y coleando, duró poco. Georgina Barbarossa hizo Doña disparate y Bambuco, que estuvo bueno, pero se realizó en el canal público y pasó inadvertido.

¿Hiciste negocio con las Reinas?

–Hasta ahora sólo perdimos plata. Pero estaba previsto y nos sentimos contentos con lo que hicimos. Acá hay una ausencia total de ficciones para chicos. Me envalentoné con este programa y ahora tengo en marcha dos producciones: una sobre mitos criollos como el pombero, el lobisón. Y otra de humor, además de proseguir con Reinas Magas.

¿Tener dos hijas te modificó la cabeza o ya tenías ideas igualitarias?

–Tengo dos hijas, Catalina y Sofía, mi esposa Natacha, y el único animal que hay en mi casa es una gata, Kitty. Mi mujer también viene de las letras, escribe muy bien pero tiene mucha autocrítica. La editorial Tiago Biavez la fundamos y la manejamos los dos. Creo que gracias a la educación que tuve, a la forma de pensar de la gente que me rodea, nunca fui un machista básico, aunque no niego que esa mentalidad a veces se pueda infiltrar un poco. Me gusta haber hecho este pequeño aporte de convertir a los reyes en reinas, en heroínas lanzadas. Relaja, descontractura y se hace justicia. Porque los que aspiran a ese puesto son los malos, pero queda claro que las chicas de esta historia se lo merecen por su altura moral. Noto que hay bastante machismo en el aire, y me parece muy lamentable. Pero sinceramente creo que me encuentro lejos de ese pensamiento.

Habrás notado que la discriminación prosigue en la división sexual del trabajo, en los roles y juguetes que se asignan a nenas y nenes.

–Si sigo con mi experiencia personal, tengo que decirte que mi hija mayor es una enamorada de los animales, me enseña las diferencias entre los felinos, en su mundo; ella querría vivir en la selva casi todo el tiempo, juega a eso. Dentro del marco lúdico que ella construye, me parece que su elección no es ni de nenas ni de nenes. Si bien lo que vos señalás puede ser cierto por arrastre, por imposición del mercado, veo chicas que se hacen valer, que han tomado la batuta del liderazgo en el jardín de infantes, en los grupos de juegos, en la plaza, en las vacaciones en la playa. Noto eso en mi campo visual, digamos, chicas que no se dejan segregar, que avanzan, que comparten, que se integran. Me parece bárbaro, me alegra. Personalmente, me pone muy feliz tener dos hijas mujeres, y si tuviese otra nena, estaría más contento todavía. Veo en ellas diversidad como personas, me gusta jugar, dialogar, abrazarme con mis hijas desde una espontaneidad que me parece un tesoro. Por ahora soy para ellas el padre todopoderoso: imaginate, les cuento un cuento y sale por la tele, Mentita y Gala vienen al cumple de Catalina... Este año resulta muy excitante para ellas, comprobaron que lo que se sueña a veces se puede hacer carne, realidad. Si crecen con esa idea, ya tengo dos aventureras que no les temen a los escollos.

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