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Viernes, 30 de mayo de 2008

MUSICA

La educación sentimental

Lejos del kitsch, los surcos de Liliana Herrero rasgan lo más tradicional del folklore e invitan a la historia musical a conversar desde la contradicción y el caos de las emociones. Sensible y geográfica, la artista inaugura más interpretaciones en su nuevo trabajo “Igual a mi corazón”.

 Por Guadalupe Treibel

Liliana Herrero es geografía y signo, es arte contemporáneo con raíces y proyección. Es la mezcla, la rugosidad, el aire. Es Argentina y el mundo. Es todos los calendarios y ninguno: No hay tiempo no hay hora, no hay reloj / No hay antes ni luego, ni tal vez / No hay lejos ni viejo, ni jamás, canta en su versión de “La casa de al lado”, del uruguayo Fernando Cabrera. Y abre la historia.

Porque a más de dos décadas del punto iniciático de su carrera musical, la cantante (entrerriana de nacimiento, rosarina por elección) estrena trece canciones y una yapa con Igual a mi corazón, su onceavo y último trabajo, que grabó en sólo un mes, donde sigue reinterpretando temas de siempre, convirtiéndolos en leyendas de hoy.

La recepción del disco viene muy bien...

–Para mi sorpresa, viene bien. Siempre me pregunto: “¿Dónde están las personas que están esperando que una haga un disco? ¿Quiénes son? ¿Cómo son?” Es extraño ¿no? Es muy difícil definir un público ¿Qué pasa por el corazón y la cabeza de esas personas?

O sea que, cuando preparás tus obras, ¿no estás pensando en un público tipo?

–No, cuando hago un disco no. Por eso siempre me sorprendo. Es algo que yo preparé egoístamente, pensando en que me gustase a mí. Jamás pensé en términos de venta. Mis desvelos no eran esos.

¿Cuáles eran tus desvelos?

–Volver a casa a la noche y escuchar lo que había grabado, ver si estaba desafinado, si lo quería sacar o dejar, si quería cambiarlo, cambiarle la instrumentación. Lo otro no.

Los desvelos dieron fruto porque, a lo largo de sus catorce tracks, “Igual a mi corazón” recorre la geografía musical, el campo abierto de Herrero. Ella, que sabe dónde acariciar la nota, transmite emoción y sentido. Temas como “Brillantina de agua”, de Ana Prada, o “Zonko querido”, de Juan Falú y Pepe Núñez, son muestra brillosa de eso.

Y, sí, “Zonko querido” es un retrato de situación: Abundosos de recuerdos / los dos somos buen comienzo / y esta parla tan certera / acopiando buenamente / los amores y las penas, señor / tan prolijamente / Corazón yo lo respeto / y usted corazón lo sabe / estuvimos codo a codo / yo pichón y usted mandando.

Muchas veces, en filosofía, se habla de la imposibilidad de determinar ciertas prácticas vinculadas al hacer de un cuerpo ¿En la canción prima esa lógica fenomenológica del cuerpo?

–El hacer se hace haciendo, sí, pero siempre hay un piso porque si la historia fuera sólo interpretaciones, no podríamos hablar de nada de lo que ha sucedido. En la música pasa lo mismo: hay un piso, una búsqueda, un sendero, un horizonte sobre el cual una se recuesta (para no decir “trabaja”, una palabra horrible, tan productivista). Hay un campo abierto trazado que puede recibir varias visitas.

Visitas por fuera del folclore...

–Yo soy una folclorista pero nunca dejaré de conversar con otros géneros. Nunca dejaré de tratar con personas que se inscriben en otras tradiciones musicales porque, de esa conversación, pueden salir cosas maravillosas. No sólo no me lo impido: lo promuevo, lo genero, lo llevo a un punto de máxima tensión. Si no ¿cómo hago para juntarme con artistas como Lisandro Aristimuño?

Según Herrero, en la música de este joven cantautor nacido en Viedma que mezcla elementos electrónicos con música popular, folk y chacarera, ella ve un territorio. En sus canciones está la Patagonia como categoría metafísica. “Está como horizonte abierto, sonoridad, recuerdo, plano, tramo. Una línea sonora me lleva ahí –define la ganadora del Premio Konex Platino 2005–. La entrerraneidad también sería un enigma. Y más ahora que Entre Ríos está planteando fuertemente su polémica con la ciudad.”

¿Y cómo evaluás el conflicto agrario que enfrenta al Gobierno ?

–Me preocupa porque es un tema muy grave. Son momentos difíciles para la Argentina. Aún con las críticas que pueda hacerle al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, esta protesta me parece brutal y poco cuidadosa para la estabilidad democrática del país. Algunas voces de la polémica me resultan asqueantes, como el señor (Eduardo) Buzzi, el presidente de Federación Agraria. O el ruralista Alfredo De Angeli, que no sé de dónde salió; es un sujeto extraño y desmesurado con un reclamo patetoril. De todas formas, hay que entender que estas formas de disputa son antinomias históricas del tipo Campo vs. Ciudad. Deberíamos repensar el pasado porque se trata de la historia misma de la Argentina.

¿Te parece importante el revisionismo histórico?

–La historia siempre vuelve y siempre está adelante nuestro, como una piedra en el camino con la cual tropezamos cada tanto. La historia insiste e insiste y aquello que no se resuelve, aparece como problema. Lo mismo pasa con la música. Hay un patrimonio cultural extraordinario que está esperándonos. Uno lee ahora las memorias de Atahualpa Yupanqui, a cien años de su nacimiento, y no hay manera de parar de leerlo. Atahualpa es un sinfín. Lo mismo va a pasar con Adolfo Abalos o el Cuchi Leguizamón. No se agotan, sus obras son exquisitas.

Dice Herrero que, para discutir un proyecto de país, la reflexión sobre su música no puede quedar afuera. Porque para ella, un país es juntamente eso: “Un conjunto de textos maravillosos, memorias de luchas, de fiestas, de poesías, de música, de sonoridades”.

¿Y qué es la música?

–La música es puro gozo y llanto también. Son manifestaciones escandalosas de los sentimientos humanos, llevados a un límite exagerado, desmesurado. Si estoy en la música, estoy en esos términos. Si no siento que realizo una especie de tarea administrativa. Una vida sin música sería impensable. “Sería un error”, dijo Nietszche. En realidad, no se si dijo esa frase o si alguien la puso en una remera y así pasó a la historia.

¿No te parece que lo cultural está devaluado hoy en día, sobre todo en relación a lo que se ve en la tele?

–Me parece patético. Ahí se ve la alianza feroz del mercado y las empresas de comunicaciones en el mundo contemporáneo. Pero no ocurre sólo en Argentina, es global. Y tiene sus costos: ha reducido el oído, la sospecha de que pueda haber otras sendas, otros caminos; ha dejado al costado miles de acciones humanas bellísimas; ha dejado de lado el libro. Son las formas globalizadoras por excelencia con su estándar simplificador, homogeneizador, estupidizante. Toda la diversidad desaparece, todas las rugosidades de una cultura desaparece. Creo que es el gran tema del mundo contemporáneo y me encantaría que debatiéramos esto en Argentina: discutir en papel de los medios, las clasificaciones, las estrellitas, toda clase de captura de lo real que disuelve toda rugosidad y grano que puedan tener las cosas. Porque las cosas tienen un grano, una ronquera; no es todo claro y transparente.

En ese panorama ¿qué significa salir con una propuesta propia?

–¡Festejemos que miles de personas y yo salgamos con una propuesta diferente! Festejemos todos los Lisandro Aristimuño, los Coqui Ortiz, los Juan Quintero, las Laura Albarracín, las Mariana Baraj, los Fito Páez, los Spinetta, los García, todo lo que todavía tiene peso, cuerpo y rugosidad ¿Qué importa la homogeneización del mercado si eso está y está siempre y va a insistir?

“El corazón, que parece tan armonioso y citable, es ese caos”, dirá Horacio González (su marido, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional) en la introducción palpable de palabras que anteceden a la canción. El arte de disco de Igual a mi corazón son esas líneas (sumadas a otras) y (doble) dedicatoria de Liliana, con cariño: “A la que para Mayo vendrá, mi nieta que ya tiene nombre y se llamará Rita Peñalves. A mi amigo Fito Páez”. Sólo el teléfono hace que Herrero se detenga en la charla... está a la espera del llamado familiar que le anuncie que ya es abuela.

Volviendo al disco, también está –claro–la tapa y esa imagen cruda que la desnuda en el rasgo más íntimo: un risotón con mil sentidos. “No es una risa sin más. Es una risa que tiene una mueca, una ironía, que podría ser una gran carcajada cultural. También es alegría y desparpajo”, dice Herrero sobre la foto que empapeló Buenos Aires y agarró desprevenido a más de un porteño con esa bomba de gestualidad. Según la artista, la fotógrafa Nora Lezano descubrió algo en su corazón: “Fue una carcajada final. Ya estaba harta de cambiarme la ropa, el maquillaje, los peinados. Dije ‘¡basta!’, tiré la cabeza hacia atrás y ella sacó esa foto. Vio algo precioso y, al mismo tiempo, terrible. Así son los corazones.”

¿Seguís dando clases de filosofía?

–¡No soy más una maestra argentina! Dejé la Universidad de Rosario en el 2005. Me fui con una gran discusión por las formas más globalizadas y estereotipadas del conocimiento. Más sojizadas, diría yo. O sea, más entregadas a las exigencias del mercado. Después, gracias a una invitación de Juan Falú, di clases dos años en el Conservatorio Manuel de Falla

Mencionabas Rosario recién. ¿Cuánto tiempo viviste allá?

–Yo soy entrerriana y rosarina. En realidad viví más tiempo en Rosario de lo que viví en Entre Ríos, donde estuve hasta los 18 años. Lo que pasa es que Entre Ríos tiene el peso inicial, de nacimiento. Y ahora estoy en Buenos Aires pero hace no mucho.

¿Es importante para vos el lugar donde estás?

–Sin duda. Los primeros años no fueron fáciles para mí. Es difícil encontrarse en esta ciudad.

Para encontrar a Liliana Herrero, basta con escuchar cómo interpreta. Porque ella no alecciona, sólo deja el campo chico (siguiendo la metáfora geográfica) y da un nuevo panorama. Contradictorio a veces, sí. Pero, igual a su corazón, la emoción no es transparente. Es, como dice González, un corazón-caos. Eso canta en “Achado” (Carega-Mello): Me siento tan cerca cuando aún es lejos / Tengo tanto miedo de mi coraje / Ojos negros quién te habló para mirar / Me siento tan burra cuando estoy tan sabia / Y me siento sola cuando beso labios / Quién va querer explicar el dolor. Corazón contradictorio, oh, sí. £

El 31 de mayo en el centro cultural Haroldo Conti. Buenos Aires.

El viernes 11 de julio, presentación de Igual a mi corazón en Teatro Coliseo, Buenos Aires.

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