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Viernes, 20 de junio de 2008

LA VENTA EN LOS OJOS

Puedo sola

 Por Graciela Zobame

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, advierte el dicho. Bienvenidas entonces al fuego donde arden los objetos de consumo que quieren congraciarse con “la nueva mujer”. Porque si algo sobra en las publicidades que la consideran algo más que un posible consumidor de lavandina, detergente y champú, es buenas intenciones. Traducción: darle la razón como a las locas en aquello de que es independiente, autónoma con decisión propia y vaya a saber cuántas cosas robadas a un manual de instrucciones del feminismo que terminan en gestos tales como no acercarle la silla, pasar primero, no ayudarla a cargar las bolsas pesadas. Y en este caso particular, vale aclarar, que cuando hemos dicho “algo más” nos referíamos a un coche, concretamente el nuevo Ford Fiesta, “Lo que hay que tener”.

Este es el lema que aparece en pantalla justo después de que la mujer independiente (y sola como un hongo) en cada uno de los spots que conforman la campaña denominada “Mujeres” pega el portazo (ya que acaba de cortar con algún lazo) y se mete en su coraza, su alter ego, su máquina, su Ford Fiesta. El auto arranca con ella y se va, lo vemos desde atrás, desde la posición del que se queda afuera, de a pie, o también por fin tranquilo, quién sabe. Ahí terminó todo. Pero lo que importa ahora es esa frase final: “Lo que hay que tener”. Hasta hace muy pocos días lo que había que tener ¿no era pelotas? Será que el auto en cuestión le da toda esa concentración de testosterona cuya ausencia había relegado a la mujer a una condición de inferioridad, debilidad y, por ende, falta de poder adquisitivo. Buenas intenciones pero falta de imaginación, porque se han movido muy pocas piezas desde aquellas otras publicidades que hicieron furor en los ochenta cuando auto lujoso + mujer lujosa, era el combo para afianzar la identidad del consumidor varón. Tienes lo uno, tienes la otra. El triángulo apenas se ha movido: el auto es la masculinidad que le falta a ella. No tendrás hombre tal vez, pero qué importa mujer, si tú puedes serlo, o casi.

Ahora retrocedamos la imagen. Son cuatro escenas con mujeres muy parecidas. Treintañeras de posición acomodada, que transitan por una Buenos Aires parisina, de calles empedradas, plazas bellas, siempre desierta. Ella siempre sale ofuscada de alguna mansión, camina derechito al auto y así, sola como viene, dice a cámara con expresión robótica alguna de estas frases: “Vos sos mi mamá, no mi amiga”; “Que yo sea independiente no te hace menos hombre”; “Aunque no te hagas cargo lo voy a tener igual”; “Aunque todas se las hagan, yo no me las voy a hacer”. Eso es, repite como loro alguna frase aprendida en algún curso acelerado de mujer moderna, y como no ha sido buena estudiante, no se lo dijo a quien iría dirigida (madre, novio, señor que no quiere seguir adelante con el embarazo, sociedad que invita a la cirugía estética), y lo dice ahora, al aire. Se mete en el auto, arranca y chau. Esta señorita en eterno conflicto y alma de recitadora, qué clase de objeto de deseo o de identificación puede provocar en nadie. La vida de la mujer independiente (claro que también puede ser que tenga un padre con dinero que le regala el auto) es un itinerario masoquista que bien vale recorrerlo en Fiesta.


Campaña Ford Fiesta 2008-Mujeres. En Youtube.com

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