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Viernes, 18 de septiembre de 2009

MEDIOS

Hitler, el semental de los creativos

Una publicidad pergeñada por creativos alemanes identifica a Hitler con el virus del sida. Una campaña en la que nada se dice sobre el uso de preservativos y mucho deja que decir sobre inteligencia, derechos humanos y las ganas que pueden quedar de ir y hacerse un análisis.

 Por Sonia Tessa

Un hombre y una mujer están haciendo el amor. Un erotismo convencional, ningún preservativo a la vista. De pronto, el hombre en cuestión levanta la cabeza y su rostro evoca el horror. Es inconfundible: Adolf Hitler. ¿La mujer? Ella es sólo una excusa en la construcción del corto. La única frase del spot es “El sida es un asesino de masas. Protegete”. El aviso ideado por la agencia alemana Das Comitee para la ong Regenbogen (Arco Iris) parece salido de la máquina del tiempo: atrasa más de 20 años, y lo logra en apenas 44 segundos. Le bastan para criminalizar el sexo, discriminar a las personas que portan el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y olvidar las premisas básicas de prevención: uso de preservativo y detección precoz.

No hay dudas de que la ONG y la agencia lograron su cometido. El mundo habló de ese spot, que más que despertar conciencias sobre la presencia del virus, genera los efectos contrarios: miedo y estigma. El argumento de los creativos, uno que sabemos todos/as: que querían generar impacto. ¿Por qué será que los publicitarios defienden cualquier violencia con ese argumento?

“Nos preguntábamos qué rostro podríamos darle al virus, y por supuesto no podía ser uno bonito”, explicó a la agencia AFP Dirk Silz, director creativo de Das Comitee. “La campaña fue organizada para sacudir a la gente, para poner el tema del sida en primer plano y para invertir la tendencia de tener relaciones sexuales sin protegerse”, explicó. Eso sí, no se ve un preservativo ni por casualidad. La campaña parece más bien diseñada para horrorizar a la gente sobre la sexualidad.

Pero el spot no estaba solo. Hubo también afiches con mujeres haciendo el amor (ellas siempre de espaldas, siempre bellas, siempre objetos de la satisfacción del otro) con el propio Hitler, Saddam Hussein y Joseph Stalin. Más allá de toda la tela política que haya para cortar en las elecciones de los personajes, y que no es objeto de este artículo, está claro que la campaña publicitaria no provoca temor al sida, sino hacia quienes portan el virus en su cuerpo. Es decir que despierta los fantasmas del miedo al Otro. No se trata de protegerse del contagio –y cuidarse unos a los otros para evitarlo–, sino de ver al Enemigo, nada menos que al hombre que mandó a matar a seis millones de judíos, en cada posible pareja sexual.

No hay explicación de los creativos o la ONG que alcance para desmentir esa primera lectura, tan dolorosa que hiere como una puñalada.

Que la sexualidad es un lugar de dominio, de control de la humanidad, fue develado por los trabajos de Michel Foucault en el siglo pasado. Y el temor, la culpa, los estigmas son algunas de las herramientas de ese control.

En ese sentido, el spot de Das Comitee es tan obvio que se deben tener muy bajos niveles de sentido común, espíritu crítico y sensibilidad para verlo sin comprender la connotación: las personas que llevan el vih en su sangre son asesinos de masas. Como no sabés quién lo lleva, mejor evitá el sexo. Esa es la primera lectura: el sexo te va a matar como Hitler. Y quienes conviven con el VIH son todos demonios.

Y todas esas connotaciones le dan otro valor al “protegete”, la última frase del spot. ¿Cómo? Los preservativos, protagonistas de las campañas de prevención en las últimas dos décadas, brillan por su ausencia. La importancia de la detección precoz, muchísimo más. Porque ¿quién querría saber si lleva el VIH en la sangre si eso lo convierte en un émulo de Hitler y lo sustrae del sexo? También es una incógnita por qué no se dice nada sobre los tratamientos que convirtieron al sida en una enfermedad crónica. Es cierto, sólo en determinado contexto económico y social, pero también es cierto que los tratamientos permitieron a las personas que viven con VIH ampliar de manera exponencial sus expectativas de vida. También es verdad que ese mismo avance significó un retroceso: al ser una enfermedad manejable, las actitudes de cuidado mutuo y autocuidado se relajaron.

Al respecto, en la página web de Regenbogen e. V. se afirma: “La campaña debe despertar el interés para que el tema vuelva a ser el centro de atención y detener la tendencia a mantener relaciones sexuales sin protección. Porque cualquiera puede infectarse”. Para reforzar esa idea, indican que “en los últimos años, el interés público por el sida ha disminuido de forma masiva. Sin embargo, el número de víctimas apenas disminuyó. Hasta el momento han muerto más de 28 millones de personas en todo el mundo. Y cada día mueren casi 5000 más. Por ello, el sida es uno de los mayores asesinos de masas de la historia. Sólo en Alemania viven alrededor de 60.000 seropositivos o enfermos de sida. Nadie debe olvidar estas cifras. Pues quien olvida puede convertirse en víctima”.

Mencionar a las personas que viven con VIH como víctimas las comprime a un solo lugar, empequeñece nuevamente las enormes posibilidades de vida que se le ofrecen, día a día, de desarrollarse, de hacer su vida, desde hace más de 20 años a muchos de ellos. Y toda la concepción del spot esconde un hecho fundamental: “Tres mujeres por minuto contraen el vih en el mundo, y el más dramático rostro de la epidemia del sida es el que representa simbólicamente a una mujer semianalfabeta de menos de 25 años”, dijo Patricia Pérez, flamante presidenta de ICW (Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con HIV), en su discurso de asunción. En esa situación, criminalizar el sexo no soluciona el problema, sino que lo agrava. Porque además, si en algo se había avanzado era en dejar de ver a las personas que viven con HIV como culpables.

Por todo esto, las ONG que trabajan la problemática en distintos países del mundo pusieron el grito en el cielo. En Gran Bretaña, por ejemplo, un vocero de la organización Aids Trust consideró: “El anuncio estigmatiza increíblemente a las personas que viven con VIH, que ya afrontan la discriminación debido a la ignorancia que existe sobre el tema”. No fue la única. Por su parte, la ong Terrence Higgins calificó la campaña como “insensible”. “En el Reino Unido, una de cada cuatro personas que tiene el virus no lo sabe. Y, al potenciar la estigmatización, avisos como éste no alientan a la gente a realizarse el test”, indicó la directora de la organización, Vicky Serrad.

Activista argentina de actuación internacional, Pérez apuntó que “el impacto perseguido en el público general olvida que el aviso puede ser visto por personas que conviven con VIH”. La activista planteó que el mensaje “es peligroso”. Por eso, criticó la estigmatización que propone y también afirmó que “las campañas masivas deben ser parte de una estrategia de prevención mucho más amplia, no se trata sólo de un spot publicitario”. Para la presidenta de ICW (www.icwlatina.org), “hay cuestiones que son el ABC y los publicistas deben saber. En esta campaña, el sida está marcado de una cuestión negativa y oscura. Volvemos el tiempo atrás, cuando la enfermedad remitía a las culpas, a lo oscuro, a la frase ‘por algo será’, de connotaciones tan duras para los argentinos”. ¿Y, sí. La campaña parece plantear que mantener relaciones sexuales con personas que portan el vih es acostarse con Hitler. Demasiado espantoso para dejarlo pasar.

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