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Viernes, 3 de septiembre de 2010

DIEZ PREGUNTAS > A INES ESTEVEZ

El camino y los atajos

 Por Laura Rosso

1) ¿Cómo es el recuerdo del despertar de tus primeras vocaciones?

–Sólo puedo percibir, si me retrotraigo a la infancia, una certeza de arte viviendo dentro de mí. No hubo un día, una cosa o una experiencia que detonara mis vocaciones. Mi madre era docente, mi padre oficinista, pero él amaba el jazz y ella la ópera, ambos disfrutaban escribir. Había un Winco que sonaba cuando quedaba algo de tiempo libre; y como no había dinero para TV, manoteábamos libros, mis hermanos dibujaban muy bien, tocábamos la guitarra bastante mal, yo estudiaba danzas desde los cuatro años, y escribía desde que pude hacerlo. Era normal sentir amor hacia cualquier expresión creativa en medio de un caos familiar, no siempre idílico, pero lleno de mundos interiores ricos.

2) ¿Por qué se produjo ese viraje de la actuación a la escritura?

–Mis primeras inclinaciones fueron la danza y todo lo referente a la música, además de las letras. Escribí toda mi vida. Con pudor, porque creo fervientemente en la experiencia y el escalafón. Actué para poder pagar el alquiler. Y me fue increíblemente bien. Pero siempre quise desarrollarme en los otros aspectos. Escribir es más protegido, menos expuesto. Es una actividad que se hace en soledad, uno de los estados que mejor me sienta.

3) ¿Qué lugar ocupa la literatura en este momento de tu vida?

–Es mi verdadera meta ahora. Es a lo que desearía dedicarme definitivamente. De lo que quisiera vivir en el futuro. Soy feliz escribiendo. Caigo en brazos de una auténtica fiebre creativa, es un mundo vastísimo donde nada es imposible y todo está para ser descubierto.

4) ¿En qué te ayudaron autores y autoras que hayas leído? ¿A quiénes podés mencionar?

–Poetas de todo pelaje y raza, con sus ilimitados mundos y sus formas musicales; y Wilkie Collins, mago de la estructura, genio del suspenso, amigo de las resoluciones constructivas, rebelde para su época victoriana. Un desafiante disfrazado de metódico con alma de poeta. Con la ética por delante de todo. Cualidades que persigo.

5) ¿Cuáles son las primeras cosas que les decís a quienes se acercan a tus clases?

–Libertad, independencia. Hablo de ser constructivos y responsables con lo que emitimos artísticamente, del concepto de unidad y concatenación de cualquier acción propia o ajena. Los convenzo de que venimos al mundo con capacidad creativa y que sólo debemos recordarla. Pongo la autoestima por encima del ego, destierro el juicio y enarbolo la autoevaluación. Hay que cambiar la cosa. No pude hacerlo desde la actuación, sólo logré apenas mostrar la diferencia. Entonces voy a intentarlo desde la formación, donde todo está por construirse.

6) ¿En qué consiste el método que utilizás en tus seminarios de actuación?

–Podría decirse que es sistémico. Me enfoco en los objetivos de cada alumno y lo acompaño para que descubra por sí mismo que no hay límites a la hora de expresarse. Los puntos de partida que diseñé están basados en mi experiencia profesional, son de fácil abordaje y dan resultados inmediatos. Son cuatro pasos teóricos con pequeños ejercicios que aportan claridad a la hora de interpretar. Son aplicables a la vida. Y enseño además la diferencia entre teatro y cine.

7) ¿Qué te interesa explorar cuando escribís?

–Todo. La soltura de seguir a un personaje que comienza a tener autonomía, y vos no tenés otro remedio que dejarlo decidir. Desarticular la estructura también me fascina. Y el contenido es de vital importancia para mí como lectora. Para sentir vaguedades emocionales están la música y la pintura. Si escribís, decí algo. Y tratá de hacerle bien al mundo. Quién sabe cuánto tardaré en arribar al punto en que yo misma me permita decir que soy escritora.

8) ¿Cómo es la huella que quedó impresa de tus años de actriz?

–Actuar fue una salida práctica para mantenerme, y también para explorar y disfrutar de la creatividad. No es diferente de lo que soy o hago ahora. Sólo que ahora duermo y como cuando quiero, no cuando paran la filmación o cuando termina la función. Y salí de un sistema agotador en muchos sentidos.

9) Si pudieras imaginar un día perfecto, ¿cómo sería?

–Playa. Brasil. Verano. Salud. Nada para hacer. Ningún remordimiento. Ningún deber. Ninguna necesidad.

10) ¿Qué ves cuando te ves?

–Un ser que hace lo mejor que puede, con aquello de que dispone y se camufla para parecerse a los humanos.

Nació en Dolores y a los diecisiete años arribó a la ciudad de Buenos Aires. Trabajó en televisión en programas como Verdad/Consecuencia, De poeta y de loco, Vulnerables, Criminal, entre otros. En cine participó en películas como Matar al abuelito, La nave de los locos y Ay, Juancito, entre otras. Se retiró de la actuación en 2006 para transitar otros caminos. La obra de Stephen Belbe, Grabado (Tape) fue su debut como directora en 2008, donde dirigió a Fabián Vena, Guillermo Pfëning y Carolina Tejeda. Ahora, su tiempo lo dedica a escribir.

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