las12

Viernes, 5 de noviembre de 2010

VIOLENCIAS

Ante la ley

En lo que va del año, ocho mujeres murieron quemadas sin poder testimoniar cómo fueron agredidas, con parejas que declararon accidentes inverosímiles y con antecedentes de violencia de ellos hacia ellas. Dos de esas muertes, la de Wanda Taddei en febrero y la de Fátima Catán en agosto, parecen calcadas. Pero mientras en la primera se está por dictar el procesamiento de Eduardo Vázquez, ex baterista de Callejeros, la segunda parece estancada y la familia recibe amenazas de la familia del agresor, Martín Santillán. Por qué no pueden avanzar por los mismos carriles de la ley causas de evidente crueldad y alevosía hacia dos mujeres que no quisieron denunciar en vida pero que cuentan con familias que piensan dejarlo todo para hacer justicia por sus muertes.

 Por Flor Monfort

En la madrugada del 10 de febrero Wanda Taddei llegó al hospital Santojanni con el 65 por ciento del cuerpo quemado por el fuego, en un incidente que su pareja, Eduardo Vázquez –ex baterista de Callejeros absuelto en el juicio por Cromañón–, calificó de accidente tras una discusión de madrugada. Estaban en la casa de la pareja, en rigor la casa que Wanda compartía con sus dos hijos y a la que Vázquez se había mudado. El también se quemó, tenía una mano entera vendada y la otra con curaciones, pero mientras sus heridas le permitieron limpiar el living de la casa y re-ordenar la escena, su esposa murió once días después en el Instituto del Quemado. Nunca abrió los ojos, se sabe que llegó aullando de dolor palabras desordenadas pero sobre eso hubo testimonios cruzados y finalmente nunca se supo qué dijo ni a quién. Sobre esa noche, Vázquez declaró una pelea por “celos”, estuvo detenido durante 8 días y a falta de pruebas que lo mantuvieran preso fue liberado por el juez de instrucción, Eduardo Daffis Niklison, y dictaminada la falta de mérito. Pero atrás de Wanda había una familia convencida de que el accidente no era tal; una mamá, un papá, amigas, hermanos y hasta los hijos de ella, de 9 y 6 años, que conocían las agresiones de Vázquez y que incluso se habían animado a denunciar el maltrato que ella sufría. Cuando todo parecía cerrado, los meses pasaban y la falta de mérito quedaba impresa y parecía desvanecer toda posibilidad de investigación, Leonardo Rombolá, abogado penal de la familia Taddei, pidió que se sume a la causa la declaración de los niños bajo cámara Gesell y se realizó la reconstrucción del hecho, el 2 de septiembre, donde se pudo establecer que aquella primera declaración de Vázquez no coincidía con las posibilidades técnicas que planteaba el escenario. Nunca se contradijo: insistió con la pelea, la botella de alcohol revoleada (que nunca se encontró) y el cigarrillo que desató el fuego, pero los seis peritos que evaluaron esta versión la encontraron débil, imposible de ocurrir en el mundo real. El 28 de octubre amplió su declaración y ahora la jueza Inés Cantisani debe definir la situación de Vázquez. El procesamiento por homicidio ya está dictaminado, lo que falta saber es si será por homicidio culposo, en cuyo caso Vázquez esperaría el juicio en libertad, o por homicidio agravado por el vínculo, de manera que debería ir preso inmediatamente. “Estamos esperando las novedades, luchamos por esto y muchas veces pensamos que todo podía quedar en la nada, pero gracias a nuestro abogado y a toda la paciencia y fuerza que sacamos de tanto dolor, estamos a punto de ver el vuelco de esta causa, que ojalá sirva para las otras, sobre todo la de Fátima, que parece trabada”, dijo Beatriz Regal, mamá de Wanda.

Fátima Catán murió el 22 de agosto en el Hospital Interzonal de Agudos Evita. Tenía el 85 por ciento del cuerpo quemado y la versión que dio su pareja, Martín Santillán, cuando la ingresó, ileso, a ese lugar, es igual a la que dio Vázquez seis meses antes: alcohol (en vez de una botella, en algodones para limpiar CD), una discusión y un cigarrillo como causas de un incendio que la mató a ella. El se dijo inocente, insultó a los padres de su novia y huyó misteriosamente del hospital, retomando su vida normal y su trabajo en el Aeropuerto de Ezeiza. Hoy, Elsa Jerez y Jesús Catán, los padres de Fátima, relatan estos dos meses como una pesadilla. Vieron morir a su hija pero además son víctimas de constantes amenazas y no pudieron recuperar sus pertenencias. “Yo sabía desde hace dos años que él le pegaba, y sé que él la mató. No sólo mi vida es un calvario por la muerte cruel de mi nena, a quien extraño todos los días, sino que nunca recibí una explicación, una palabra, una visita o un llamado de esa familia. Si fue un accidente, ¿por qué nadie me contacta y en cambio recibo amenazas y agravios? No tengo para pagar a un abogado así que recibo ayuda legal oficial. Sé que ellos están trabajando pero es todo tan lento que no sé si tengo fuerzas para llegar al final”, dice Elsa, desde su casa de Fiorito. Perdió su trabajo cuando su hija estaba internada y está intentando armar una marcha para pedir justicia por Fátima. “No le tengo miedo a nada, tengo séptimo grado terminado en una escuela de Santiago del Estero pero sé dónde terminan mis derechos y dónde empiezan los del otro. Me da vergüenza ajena que esta persona siga yendo a trabajar como si nada y no haya sido capaz de devolverme ni una media de mi hija”, concluyó sin dejar de aclarar que el inminente procesamiento de Eduardo Vázquez le da esperanzas para seguir. “Tal vez sirva para nuestro caso.”

Según el Observatorio Adriana Marisel Zambrano de la asociación civil La Casa del Encuentro, son ocho las mujeres que murieron quemadas durante 2010. Los casos de Wanda y de Fátima parecen replicar un modelo que muchas veces se copia con la mediatización. Si Vázquez estaba libre, Santillán pudo pensar que la versión accidental era creíble y que a falta de testigos vivos, su palabra era contundente. Por ahora, la Justicia le da la razón porque nadie lo llamó a declarar ni hay fecha de reconstrucción, a pesar del pedido de los abogados de la familia. Pero el fuego se remonta a un juicio que ya ocurrió, un juicio que absolvió a la banda Callejeros en 2009 y en el que toda una audiencia fue testigo del mismo Eduardo Vázquez que ahora se dice inocente gritarle a su ex abogada, Analía Fangano: “Vos vas a conocer Cromañón, yo a vos te voy a quemar”. Fangano quería que sus defendidos tomen responsabilidad por lo ocurrido, no era partidaria de esa máxima que instaló Pato Fontanet, el líder de la banda, de “o todos o ninguno” y eso le valió el enfrentamiento con todo el grupo menos con Maximiliano Djerfi, quien terminó siendo su único cliente. Para ella, la de Wanda es una muerte anunciada en la Justicia, una muerte habilitada por una absolución absurda: “Si hubieran estado al menos dos meses presos, habrían trabajado de otra manera la culpa que todos sentían. La absolución, en cambio, es impunidad y yo sabía desde el principio que ese dictamen habilitaba a una tragedia futura. Vázquez fue violento con todas sus parejas, sólo que con Wanda hay una familia que denuncia y puede pagar peritos y abogados. La familia de Fátima no tiene esos recursos, aunque Santillán sea tan culpable como Vázquez. En este país, la víctima tiene que probar que es víctima y esto no debería ser así. Tiene que trabajar la Justicia y tiene que reglamentarse la ley de violencia de género para que cualquiera pueda denunciar la violencia doméstica con peso real. Si esta ley hubiera estado en marcha, Wanda podría estar viva porque su familia se atrevió a denunciar en aquel momento. Sin embargo, hoy tenemos una muerta”, explicó.

En el caso Taddei, el cambio de carátula ya está hecho, pero hay un largo camino hacia la condena esperada, que podría ser prisión perpetua si se prueba la violencia preexistente y se escucha el eco de esa amenaza que Vázquez hizo pública contra su ex abogada, pero que terminó proyectada en el cuerpo de su pareja unos meses después. En el caso Catán, parece depender de la energía de una familia destruida que la causa siga viva aun sin contar con recursos económicos para darle elementos a la Justicia que prueben la calidad de víctima de la víctima.

El martes, el ex policía Carlos Miguel Ocaranza fue condenado a prisión perpetua por el crimen de su mujer, María Mirtha Burgos, a quien asesinó a golpes de puño el 14 de junio de 2007. Que lo que se replique ahora sean estas condenas y no las excusas de los asesinos que, aun acorralados, insisten con el argumento “yo la amaba, nunca la hubiera matado”.

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EDUARDO VAZQUEZ TRAS DECLARAR SU INOCENCIA. AHORA CAMBIO LA CARATULA DE LA CAUSA Y SU SITUACION PROCESAL PUEDE LLEVARLO A LA CARCEL
Imagen: Télam
 
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