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Viernes, 16 de mayo de 2003

LETRAS

Erotismo latino

Leonor Silvestri y Eleonora Tola, fanáticas del latín, crearon hace unos meses “El Círculo de Mesala”, un proyecto independiente que busca internarse en las letras clásicas, pero por ahora en las más cachondas: bucean en textos eróticos antiguos.


A esta altura, Leonor Silvestri está tan curada de espanto que aprendió a eludir el caminito de una explicación tortuosa con tanta delicadeza como su amiga Eleonora Tola. “La gente te dice: ‘¿estudiás letras clásicas? ¡Ah, cómo se hacen las letras!’... Es muy común que te digan eso, por eso yo prefiero decir que hago latín, que la gente más o menos juna”, dice antes de la carcajada esta casi graduada que, en medio de una investigación de UBACyT sobre diferencia e identidad culturales en Roma, encontró a su alma académica gemela en una chica que acababa de regresar con un doctorado de la Sorbona bajo el brazo. Las dos se apasionaban por los textos menos canónicos de la literatura latina, las dos miraban a la poesía antigua con ojos contemporáneos y las dos se preocupaban más por acceder directamente a esas palabras antes que por confiar en las traducciones ajenas.
–Hay un montón de gente no necesariamente retrógrada que piensa que las letras clásicas son ese doctor que tiene un programa político los domingos. Pero las letras clásicas son Passolini, no ese doctor. Son el humito que largan los personajes de Medea en la película de Passolini.
Explica una de ellas, y con ese enfoque resulta fácil entender por qué este dúo se convirtió, desde hace unos meses, en “El Círculo de Mesala”(en referencia al círculo de poetas que, además de contar entre sus miembros con Sulpicia, la única mujer escritora romana cuyos textos se han conservado, en la Roma del emperador Augusto, enfrentaba abiertamente al grupo oficial financiado por Mecenas), un proyecto independiente que, escapando levemente de los compromisos académicos, sólo busca dos cosas: redescubrir todo lo que hay por estudiar de los textos antiguos y bañarlos de la actualidad más plena con el simple gesto de recuperar sus sonidos para transmitirlos a la mayor cantidad de gente posible. Y, como para demostrar de entrada que la literatura latina, antes que doctos libros inaccesibles, puede leerse como un compendio de pasiones privadas, relaciones políticas y vida cotidiana, las chicas acordaron que la apuesta inaugural de “El círculo...” fuera cualquier cosa menos tibia: la literatura erótica que rozó lo obsceno con el énfasis suficiente como para estar siempre al margen de la historia oficial del latín.

El lado salvaje
“Creemos que tenemos una deuda y un compromiso con la sociedad argentina por haber pagado, a través de sus impuestos, nuestra educación, y que debemos devolverles eso mediante nuestro trabajo no sólo a nivel académico sino, también, a nivel público y general, sin descuidar el nivel de nuestra investigación”, reza una suerte de manifiesto fundador que Eleonora y Leonor delinearon a la hora de empezar a programar las charlas (abiertas y gratuitas) para un público dispuesto a atender encuentros interdisciplinarios y, sobre todo, dialogar con esos textos. Y las chicas, puestas a moverse y generar respuestas (que reciben en [email protected]), algo de atención han prestado a que todos los detalles vayan sumando puntos para diluir cualquier fantasma solemne capaz de merodear a esos escritos de más de dos mil años; por algo, digamos, su programa de actividades presenta títulos como “Sexo, mentiras y poesía” (sobre la elegía erótica) o “Leer, escribir y publicar. El duro trabajo del escritor antiguo” (sobre la producción y circulación de los textos en la antigüedad).
Leonor Silvestri: –Lo primero que hicimos, en realidad, fue el mito de Orfeo, con una lectura disciplinaria que combinaba filología clásica con psicología, que proponía a Orfeo como el arquetipo de la neurosis compulsiva. Ese mito lo vimos en la representación de Ovidio, en la Décima Metamorfosis, y a partir de ahí planteamos el corte interdisciplinario. Sobre eso, después hicimos la proyección del mito en la literatura contemporánea.
Eleonora Tola: –En esa charla, también estuvimos leyendo y comentando poesías, pero en traducciones nuestras. Con el mito de Medea hicimos algo parecido, planteando desde el enfoque interdisciplinario la cuestión de la maternidad. Porque Medea es como el arquetipo de la mujer “salvaje” que se rebela al orden social, al orden simbólico, y que, entonces, revierte esa situación matando a sus hijos para vengarse del marido, que la abandona. En todos los casos, la perspectiva interdisciplinaria te permite entender los textos desde ángulos distintos.
Pueden enumerar con un fanatismo memorable todos y cada uno de los temas que fueron abordando de un tiempo a esta parte. Los textos de Catulo y el léxico de género que puede rastrearse a lo largo de algunas de las frases más venenosas y menos corteses de la historia literaria romana, las palabras que Ovidio escribió durante su exilio (con lo que fundó, recalca Eleonora –que acaba de doctorarse precisamente trabajando esos textos–, la literatura del exilio en Occidente), y miradas múltiples sobre los mitos (“cada autor selecciona un fragmento de los mitos según sus elecciones estéticas, no es lo mismo Medea para Eurípides que para Ovidio o Séneca”) y su influencia sobre la cultura contemporánea también encontraron su lugarcito bajo los reflectores en las fechas que las chicas organizaron lecturas en Cabaret Voltaire (el lugar propio que el grupo de chicas poetas “Zapatos Rojos” supo armarse desde el año pasado) y la Boutique del Libro.
–¿Por qué empezaron a hacer esta movida?
E.T.: –Queríamos crear un espacio nuestro independiente del marco académico de la facultad, proponer una alternativa de acercamiento a la gente. La gente a veces se desconecta porque este tema se mantiene anquilosado, muy poco actual. Y nosotras queremos mostrar la actualidad desde otra perspectiva.
L.S.: –Hay otra cuestión, además, que es en manos de quiénes estaban, en el mundo, las lenguas clásicas como saberes. A veces, parece que fueran un bastión de la derecha, pero no tiene por qué ser así. Es necesario que la gente se acerque, porque si no los textos se pierden. Y también queremos rescatar textos que son los menos conocidos, como las Trisias, de Ovidio, que tradicionalmente hay una política de tratarlas como textos menores. O las poesías de Catulo, que a veces ni figuran en las ediciones eruditas porque tienen un lenguaje obsceno. A Catulo le gusta la obscenidad, son textos en donde le dice a una persona que la va a culear, ¡y ésa es la palabra que usa en latín! Claro que no se traduce así. Eso pasa porque las letras clásicas siguen siendo lo inmaculado, el querubín... Todavía existe ese prejuicio de que es una cosa demodée, a la que se dedican solamente unos viejos retrógrados que no tienen nada para hacer. En mi caso, yo me puse a investigar Catulo porque descubrí que es el más contemporáneo de los autores clásicos: es una poesía intimista, autobiográfica, que intenta ser verosímil. No es que él esté escribiendo cosas verdaderas, sino que intenta que te creas que sí. En ese sentido, es muy parecido a lo que hace Silvia Plath. Y el punto es ése: vos podés hacer un cruce con un autor que es dos mil años posterior sin ningún problema, sin mediación, como si estuvieras trabajando dos autores modernos. Catulo, además, trabaja el amor, es muy romántico, pero también es muy malo con la gente que no quiere. Y tiene un trabajo muy lexical, insulta a todo el mundo. Es muy interesante, pero a mucha gente no le gusta porque no es la “alta cultura”. En su vida, él es representante de la alta cultura, su familia es una de las más importantes de Roma, peroalgunas de las cosas que escribe tienen el lenguaje de la calle, de la vida cotidiana. Por eso tampoco suele verse el insulto que hace contra el César, como cuando amenaza a un amante del César al que odia por algún motivo y lo llama “mentula”. Y “mentula” no quiere decir pene ni miembro viril, sino pija.
E.T.: –Ese insulto, por ejemplo, tiene todo un trasfondo, una connotación sociológica y de género. Pero no tiene traducción. Por eso nuestro punto de partida siempre son los textos. Queremos que la gente se acostumbre a eso. Que cuando lea alguna traducción, se interese por ver la fuente tal cual es. En el caso del latín tal vez sea un poco más difícil, pero una puede ser crítica de lo que lee.
L.S.: –En lenguas clásicas, hay mucha mediación temporal, por eso son tan difíciles de traducir, porque hay una serie de competencias culturales que ellos tenían y nosotros ya no. Pero para muchas cosas es necesario conocerlas. Y además, te da un método de trabajo para la poesía. Tiene mucho que ver con el trabajo de la sonoridad de cada fonema dentro de cada palabra de cada verso. No se puede trabajar poesía latina o griega sólo con el contenido: la poesía es sonido, y el sonido y la forma son contenido. Por eso hay tantas disciplinas para las que el conocimiento de lo clásico debería ser imprescindible, como pasa con los filósofos contemporáneos.
E.T.: –El trabajo desde Lacan hasta los posestructuralistas, el trabajo que hacen de las etimologías y los cambios de palabra surgen de ahí.
L.S.: –O Adorno, que tiene todo un capítulo de Dialéctica del Iluminismo basado en un trabajo sobre La Odisea, justo antes del de Sade. ¿Y cuánta gente leyó Sade que no leyó La Odisea? Es un clásico súper moderno.
Vuelven a la carga: las letras clásicas son Passolini, no un saber anquilosado que ya ha dado todo lo que tenía para decir. Son Passolini, dicen, porque se acuerdan del vapor de los personajes de su versión cinematográfica de Medea.
L.S.: –En la película todos los personajes están cagándose de frío, porque en el texto de Ovidio, no en el de Eurípides que se toma como clásico, Medea vive en un lugar donde hace mucho frío. Passolini vuelve a construir esto del frío. Entonces, ¿qué leyó Pasolini? Leyó Ovidio, leyó todo Ovidio. Y las letras clásicas son eso.

"Cuentos de amor, de locura, de muerte: Orfeo, Pigmalión y Narciso", el próximo encuentro de "El círculo de Mesala" será el sábado 31 de mayo a las 18.30 hs en la Boutique del libro (Olazábal y Triunvirato).

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