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Viernes, 18 de marzo de 2011

Andá a llorarle a Adele

Ahondando un estilo que ella misma definiera como heartbreak soul, la cantante brit Adele lanza disco nuevísimo, 21, edad de una madurez melódica que la mantiene en el podio de las mejores voces UK.

 Por Guadalupe Treibel

Es raro que una artista consagrada, aún con 22 añitos, reconozca que una de sus mayores influencias musicales son las Spice Girls. En especial cuando sus canciones llevan la marca del soul para corazones rotos. La británica Adele (así, sin apellido, como Cher o Madonna) lo admite sin culpa ni remordimiento. Claro que, en sus parlantes, sonaba algo más que “Wannabe”; Etta James, Peggy Lee y Jeff Buckley eran moneda corriente para la chiquilla que, en sus años mozos, se recibió de la BRIT School, el semillero de figurones como Amy Winehouse o Kate Nash.

Contrariamente a lo que pensaba de adolescente, Adele no se calzó el traje de RR.PP. ni se dedicó a lanzar carreras de otras artistas. Por amor a las notas, compuso unos temas, los subió a MySpace, largó unos singles, firmó contrato con una discográfica y ¡pum! En 2007 ya figuraba como “nuevo talento” en la lista de críticos especializados UK. Es que su voz llegó como un terremoto al oído de todos y sus kilitos de más –que carga, enhorabuena, desprejuiciadamente– hicieron de casa para un registro rico, complejo, gigante.

Su primer disco –19, título que hace referencia a la edad que tenía cuando grabó el LP– le valió dos premios Grammy (Mejor Nueva Artista y Mejor Performance Vocal Femenina) y varios hits, como el mundialmente famoso “Chasing Pavements”, “Hometown Glory” o “Daydreamer”, que sonaron a diestra y siniestra en el Viejo Continente. Capaz de sintetizar blues, jazz, folk, soul e –incluso– pop con arreglos cuidados y, ejem, esa voz voluptuosa, el debut dejó con la boca abierta a más de un escucha. Y, ahora, el fenómeno se repite con misma fórmula nominal. Porque el 12 de abril llega a las bateas locales 21 (“Es un lenguaje universal, una marca de adultez”), su nuevo larga duración, que alcanzó el oro en apenas dos semanas en Estados Unidos, se sostuvo number one en los charts de venta de Reino Unido durante seis semanas y debutó en primerísima posición en países como Canadá, Alemania, Austria...

El corte inaugural, “Rolling in The Deep”, es –por lo menos– prometedor: Mezcla de gospel y disco, con alguna reminiscencia a una Beth Ditto inspirada, y lyrics de venganza post-ruptura, el tema avisa: “Pudimos haberlo tenido todo / Vas a desear no haberme conocido”. Upa, la la. Lástima que en las 12 canciones que siguen Adele derrita la certeza, insista con ese corazón partido y se lamente tanto de la pérdida... “Era una gran relación hasta que se volvió amarga. Obviamente, porque hice un álbum quejón sobre mi ex”, explicó risueña en una entrevista. Ojo, no es la primera vez que un mal noviazgo le sirve de inspiración: 19 trata –en definitiva– de su chico anterior. “¿De qué voy a hablar? ¿Premios, viajes, millas acumuladas? Tuve suerte de que la vida interviniese”, aseguró en una oportunidad. Se ve que, mientras haya malos muchachos dando vueltas, habrá Adele para rato.

Aunque melancólico, 21 es el disco más maduro y conciso de la compositora que ama cocinar, se lleva de mil maravillas con mamá y disfruta de pasear a su perrito salchicha Loui por el parque. Su titánica habilidad vocal está al pie del cañón en cada melodía, con beats rápidos, un piano presentísimo, arreglos cuidados, sobreabundancia de colaboradores y baladas vulnerables cargadas de blues, pop, neo-soul y... bossa. Como en su versión de “Lovesong”, de The Cure, con arreglos originalmente preparados para Barbra Streisand, donde Adele se despacha: “Diga lo que diga / siempre te voy a querer”. Ay, un pañuelo para la muchachita... Por suerte, ella misma se ha encargado de asegurar: “Puedo parecer seria y malhumorada en mis canciones, pero –en la vida real– soy sarcástica y desfachatada”.

“Lo que amo de la música es que te puede convencer por completo de que alguien ha escrito ese tema para vos..., incluso cuando fue compuesto 80 años antes que nacieras”, definió Adele tiempito atrás. Eso busca ella: un poquito de eternidad.

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