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Viernes, 29 de abril de 2011

PASOS PERDIDOS...

Para luchar contra el machismo hay que resignificar el sentido común

 Por Gonzalo Ruanova *

La concepción del machismo como actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres es fruto de prácticas sociales inmemoriales, que se origina en los aspectos físicos como la capacidad muscular, pero que se ha desarrollado hasta denostar la integridad y la dignidad de la mujer mediante actitudes, conductas, prácticas y creencias.

El machismo penetra en muchos niveles de la sociedad desde la niñez, generalmente, a través, de la familia y de la escuela, pero se reproduce en ámbitos laborales y religiosos e –incluso– tiene una rica tradición literaria. Convertido en un eficaz mecanismo de control social, hasta hace no muchas décadas, estas prácticas lograron institucionalizarse al construirse una valoración positiva de la sumisión, del lugar de la mujer en el matrimonio y la procreación que cooptaron el sentido común como puede verse, actualmente, en muchos programas televisivos.

Los resultados de estas prácticas no sólo han generado discriminación y degradación de la mujer, sino la limitación de sus ámbitos de actuación y de sus derechos. Lamentablemente, también han originado muertes. En nuestro país, durante el 2010, fueron asesinadas 260 mujeres por causa de violencia de género.

Es por ello que Fundación Buenos Aires Sida, la Casa Abierta María Pueblo, la Subsecretaría para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la violencia contra las mujeres, el Consejo Nacional de las Mujeres y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales han iniciado la promoción de “260 hombres contra el machismo” que retoma la iniciativa que convocó –el año pasado– a 231 hombres: el total de víctimas de femicidio durante el 2009 a una marcha en el Obelisco.

La campaña llegó a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires luego de haberse organizado eventos en distintos lugares del país y junto a distintas instituciones y organizaciones políticas y sociales y de haber recolectado el apoyo de una gran cantidad de dirigentes políticos, sociales y sindicales.

La lucha que afrontamos no es una lucha que se reduce a los derechos de la mujer o las sanciones penales de los delitos de género. Así como describimos que el machismo es una práctica inmemorial, la lucha por la erradicación de la violencia de género es una lucha centralmente cultural. El mejor mecanismo de prevención es evitar la naturalización de estas conductas y reconstruir las significaciones positivas acerca de la mujer y su rol en la familia y la sociedad. En síntesis, es una batalla por el sentido común, por resignificar los conceptos.

Una tarea que sólo puede ser afrontada de manera colectiva y que requiere de las mismas herramientas que han logrado construir al machismo: de la educación, de la familia, de la escuela y, especialmente, de todos los medios de difusión para lograr garantizar a las mujeres una vida digna, sin discriminaciones, sin amenazas, sin muertes. Las palabras construyen un sentido. Las prácticas los institucionalizan. El machismo debe comenzar a ser una palabra del pasado para que sus consecuencias puedan ser superadas.

* Diputado porteño por Nuevo Encuentro e impulsor del proyecto por el que la campaña “260 hombres contra el machismo” fue declarada de interés social y educativo en la Ciudad de Buenos Aires.

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