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Viernes, 13 de mayo de 2011

DIEZ PREGUNTAS A MONICA CABRERA

Mónica en el cielo con diamantes

¿Por qué decidió realizar una especie de saga con el personaje de Dolly Guzmán?

–Durante diez años realicé espectáculos en los que interpretaba a varios personajes. En ¡Dolly Guzmán no está muerta! también: la madre muerta de Dolly, su amiga, la hermana Irma y la mucama. La gracia era la diversidad y la caracterización con pocos elementos, de uno a otro. Dolly me resultó atractiva por su profundidad e independencia. Creo que Dolly llegará a ser mi personaje emblemático, como Mrs. Marple o Mr. Poirot, para Agatha Christie.

En esta segunda entrega se exclama: ¡Dolly Guzmán no está loca! ¿Qué le sucede a la señora Guzmán esta vez?

–Dolly es atrapada por el doctor Mnemo e internada en el Manicomio del Diablo, para su tratamiento. Allí, él le corta la cabeza y se la apropia. Dolly escapa y es perseguida por su psiquiatra en helicóptero, mientras intenta recuperar su cabeza. Busca trabajo en El Bataclán, el boliche donde siempre se presenta; hace una nota en televisión con funestos resultados, creyendo encontrar aliados para su lucha; tiene varios enfrentamientos armados con diversos perseguidores, planea huir del país para salvar su vida y concluye en un final inusitado.

¿Quién es Dolly? ¿De qué materia está compuesto su mundo?

–Dolly es una artista, como se denominaba en la década del ‘40 a los que estaban en el “espectáculo” cantando, actuando o bailando. Es de edad media, y la idea del fracaso, del anonimato y el paso del tiempo la atormentan. Tiene problemas con las drogas, la bebida, las leyes, las armas y permanece al margen a su pesar. Ella es el centro del universo y tiene una gran fragilidad, aunque ande armada y parezca embestir contra el mundo. En su realidad todo puede suceder, pero lo insólito y lo imposible será asumido con naturalidad.

¿Alguna vez llegó a trabajar en algún símil de los peringundines donde trabajó su personaje?

–Lo más parecido a un peringundín fue un bar en Allen, haciendo una función de El sistema de la víctima, llevada por Café Cultura. Juntamos unas mesas atadas con alambre y ahí arriba actué. Uno de los dueños del bar me sugería hacer algunos chistes entre las mesas, que levantaba mucho al público. El estaba de mi lado, quería tener una buena noche de consumiciones. La gente entraba al bar, en una ochava, y hablaba como si nada. Algunos, sentados, miraban la obra muy interesados, y finalmente hubo una trifulca entre los parroquianos habituales del bar y los espectadores que defendían el silencio. Nunca me puedo reír de los malos ratos, aunque el tiempo pase, lamentablemente.

La obra expresa sin medias tintas las dudas y los temores de un personaje femenino. ¿Cuántos de esos laberintos tienen que ver con usted?

–Siempre me siento ajena a los padecimientos históricos de mis personajes. Todas las situaciones muy cercanas a mí, me resultan insoportables y no podría exponerlas ante desconocidos. Dolly tiene una búsqueda desesperada por permanecer, es adicta a casi todo, vive en una soledad oceánica y lucha insensatamente contra lo imposible. Y sale indemne de las situaciones más catastróficas. Si todo eso está en algún lugar de mi sufrimiento, lo tengo bien negado y archivado. Su feminidad está exasperada, y con esa mentalidad ultrafemenina y su ética camaleónica, fabuladora y narcisista, desarrolla una gran ternura.

¿Cómo logró conjugar las tareas de escenógrafa, actriz, productora, directora, realizadora musical y autora? ¿No teme perder su cabeza, al igual que Dolly?

–Esta actividad me mantiene conectada con la realidad y con las imposibilidades que se generan por no tener medios económicos acordes con el proyecto a realizar. Pienso la obra como algo global y estoy rodeada de gente que conoce cada materia.

Describa el espacio donde transcurre la historia.

–La historia la cuenta Dolly interactuando con diez cortos en los que están su psiquiatra, su madre, un periodista de la tele y un documental que narra parte de su vida. Ella deambula por las calles de Buenos Aires, entre su departamento saqueado y El Bataclán, el boliche donde hace sus números para conseguir dinero.

Usted enuncia que este espectáculo es el deseo de compartir con el espectador aquello que la inquieta. ¿Qué cuestiones inquietan a Mónica Cabrera?

–Me inquietan las cuestiones básicas tras las que va el pensamiento de mis contemporáneos. Qué sentido tiene la vida, la muerte, los significados de la justicia y la equidad. Debatir y revelar todas las perversiones de nuestro sistema, y las posibilidades de sobrevivir siendo persona en este sistema. Y me inquieta cómo comunicar y trascender estéticamente en esta búsqueda.

¿Por qué su espectáculo está calificado como un particular apto para todo público?

–Significa que cualquier público puede ingresar y presenciar la obra. Estoy segura de que sin preparación y con preparación serán igualmente sorprendidos, igualmente conmovidos, y se reirán mucho.

Llegó al cielo de la farándula. En un portal la espera Julio Chávez, en el otro Juana Viale y hay un tercero con estrella sorpresa. ¿Qué acceso elige gustosa?

–El portal que elijo gustosa es el de Juana. Si voy a estar en el paraíso por toda la eternidad, elijo reírme, divertirme, ser millonaria, joven, hermosa y hacer lo que se me antoje sin mayores argumentos. Creo que el paraíso con eternidad incluida tiene que garantizarme estar muy relajada, estar en forma, no tener sorpresas que puedan ser desagradables y desafiar todas las críticas con una media sonrisa.¤

Mónica Cabrera es actriz. Está nominada para los premios Martín Fierro como Mejor Actriz de Reparto por su personaje Mabel, en Malparida. ¡Dolly Guzmán no está loca! va miércoles y sábados a las 21 y 20.30 en La Carpintería. Jean Jaurès 858.

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