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Viernes, 11 de mayo de 2012

VISTO Y LEIDO

Estar ahí

A lo largo de Diario de una Princesa Montonera –blog convertido en libro–, Mariana Eva Pérez obtiene un registro de sí misma y de su historia, abarcando testimonios, imágenes, sueños, pesadillas, lecturas, sensaciones, fantasías y ficciones con altas dosis de humor e ironía que desmenuzan su pasado como hija de desaparecidos.

 Por Laura Rosso

Sobre el final de su Diario de una Princesa Montonera –110 por ciento verdad, Mariana Eva Pérez cuenta que hay una palabra en alemán que indica el estado de no estar ahí. Esa palabra es weg. Un no estar que tiene entidad, un no estar que está lleno, explica la escritora. Y escribe: Paty und Jose sind weg.

Mariana nació en 1977. La secuestraron junto a Paty, su madre embarazada, el 6 de octubre de 1978. Tenía quince meses. Horas más tarde la dejaron con la familia paterna. A su papá José lo secuestraron en su juguetería en Martínez, el mismo día, mismo procedimiento, mismo grupo de tareas -relata en las primeras páginas.

Mariana vive en Berlín, donde realiza su doctorado en el marco del proyecto de investigación “Narrativas del Terror y la Desaparición”, en la Universidad de Constanza. Weg en alemán también quiere decir camino, dice.

Con este libro, Mariana descubrió una manera nueva de contar un horror tan reciente, una herida abierta. Se anima a otro lenguaje, uno desprejuiciado que rompe con la solemnidad conocida para hablar del tema. O del temita, término que acuñó en este libro “para sacarle un poco de peso”. “Mandá temita al 2020 y participá de fabulosos sorteos. Una semana con la Princesa Montonera. Ganá y acompañala durante siete días en el programa que cambió el verano: ¡El show del temita! El reality de todos y todas”, escribe.

La Princesa Montonera cumplió con todo lo que indica el protocolo, dirá. Se define fan de Rodolfo Walsh y escribe: Vamos a la perfo, donde cuenta aquella acción callejera en San Juan y Entre Ríos una madrugada del 24 de marzo. O Te invito a mi fiestita, para recordar el sábado 29 como El Día de la Baldosa, agregar que No todos son bienvenidos, y asumirse despótica como una cumpleañera. O declarar sexista la Camiseta por el Juicio y Castigo y decir que hasta que no hagan un modelo entallado, no me la pongo. Luego pide: Un fashion emergency a la izquierda, por favor. Y continúa, así, con las Delicias de la Disneylandia de los Derechos Humanos.

Para hablar del temita, Mariana Eva Pérez confió en un registro: el lenguaje utilizado en el blog, inmediato y experimental. “En este libro hay un trabajo de autorreflexión. Todo el libro es un intento por construir una historia que sea más linda de habitar. Que no sea todo horror, tedio, aburrimiento y fastidio, sino que tenga algo de belleza.” Al momento de convertir el blog en libro Mariana también trabajó su mundo actual. Ese en el que está Jota, su alegría. Es el mundo de la casa, de las plantas, donde aparece la conexión con algo más vital.

¿Cuándo empezaste con el blog?

–En diciembre del 2009. Estuvo activo, con toda la polenta, durante el 2010. El año pasado, mientras estaba afuera, alguna vez escribí y ahora lo cerré porque había quedado como un borrador de algo que finalmente tomó otra forma, que es el libro. Cuando intentaba escribir en la compu, en soledad no funcionaba. Había algo como muy solemne que no fluía, no terminaba de encontrar la forma. Vamos a probar con un blog, dije, y que salga lo que sea de cada día que tenga que ver con este temita. Empecé a escribir y después reuní lo que tenía para ver si ese material daba para un libro o no.

¿Ahí surgieron palabras como hijis o militonta?

–En realidad lo de hijis y militonta no creo que sea mío, yo creo que lo escuché en otro lado. Lo de hablar del temita para hablar de este tema, creo que sí. Es como decir El Tema, bueno... el temita, para sacarle un poco de peso.

¿Qué movió en vos el hecho de corporizarlo en un libro?

–Para mí el proceso de escribir el blog fue muy gozoso. Esa voz salió sola. Pero el trabajo de pasarlo a libro me costó un montón. Era como hacerme cargo de eso que había aparecido y no resignarlo, no cambiarlo, serle fiel. No fue un proceso para nada gozoso. Creo que en parte tiene que ver con alguna forma de duelo con mis padres. Entonces, lo que me costaba terminarlo era también lo que me costaba dejarlo ir. Este libro tiene que ver con cómo lidia este personaje, la Princesa Montonera, con la desaparición de sus padres. Hay algo ahí como de duelarlos, de estos duelos raros que uno trata de tramitar sin cuerpos, lo cual es como una locura. Muy difícil, si no imposible.

Gran parte de lo que escribís son sueños.

–Desde que empecé a escribir sobre esto, mis viejos estuvieron más presentes que nunca. Y la manera en la que aparecen en los sueños era algo que jamás me había pasado. Nunca había soñado tanto con ellos, y no volvió a pasarme.

“Volví y soy ficciones”, decís. ¿Encontraste una manera de mezclar ficción y realidad?

–Está la realidad, están los sueños, y me interesó eso, que no se entienda bien... que sea confuso. Porque si no era todo con demasiada conciencia, quería que apareciera más ese mundo del inconsciente a partir del cual salieron cosas interesantes. Hay un par de textos ficcionales como el del copamiento de la Embajada de Argelia. Pero los sueños no son ficción para nada. Abren una puerta de ficción pero es lo único que es real. Fueron un flash.

¿Pudiste conocer otras facetas de tus padres? Como ese Jose (no “José” aclarás en el libro) rocker que aparece sobre el final?

–Sí, no era el guerrillero full time. Yo tenía una imagen muy fuerte construida ya desde hacía tiempo de mi mamá, que me permitía sentirla cerca. Pero no de mi papá. Y la escritura del libro coincidió con el encuentro de familiares y amigos de desaparecidos de Tres de Febrero que yo había buscado durante muchos años y no había podido encontrar y que me podían hablar de mi papá.

¿Surgió naturalmente esta manera de cómo hablar del temita, de cómo contar esta historia?

–En realidad fue animarme a poner por escrito algo que está y que lo conozco bien. Y que estuvo presente todos los años que milité siendo muy joven y que está presente también ahora con los compañeros del colectivo de HIJOS, que es el grupo del que formo parte. Es el humor que también nos permitió ponerle “Huachos” a la muestra que hicimos en la Legislatura hace dos meses. Ese humor de reírnos de nosotros mismos, de reírnos de la cosa lastimera y de la victimización –y al mismo tiempo de quien te lo puede estar diciendo en serio, esa cosa descalificadora en serio. Si no existe la posibilidad de reírse de eso, es demasiado pesado. Igual fue difícil, me costó mucho volcarlo. Lo bueno del blog fue tener ese feedback inmediato con los lectores que me decían que se reían.

¿Qué te generan esas figuras femeninas como La Denunciante I o Dora La Multiprocesapropiadora, como llamás a la apropiadora de tu hermano Gustavo?

–Me intrigan mucho, me llaman mucho la atención porque en la perversión cotidiana sostuvieron ese mecanismo, con el cafecito con leche de cada mañana. Me parecen las villanas olvidadas. Siempre el villano tiene gorra, y estas villanas no tienen gorra. Me parece que hay que preguntarse dónde está el mal. Por eso jodo con lo demodeé de la remera de HIJOS. Hay que cortarla un poco con lo de la gorra. A esta altura que, estamos hablando de la responsabilidad empresaria, de la Iglesia, creo que lo interesante es que nos preguntemos como sociedad qué fue lo que permitió que esto pasara.

En algunos contextos del libro te nombrás huérfana indemnizada...

–Ahí está sobrevolando el chiste –que ojalá fuera chiste– de llamar a esa indemnización de contenido económico que se empezó a cobrar en los años ’90, una reparación. Una palabra que expresamente yo evité. Porque creo que no corresponde. Pensar que acá hay reparación porque se pagaron esos bonos de deuda pública... No son historias aisladas, sino generalizadas. Nadie hizo buenos negocios con eso, nadie sabía cómo hacer buenos negocios en la Bolsa. En general, perdimos una parte muy significativa de esa indemnización. Creo que hay que hablar de eso. Las leyes están ahí para ser revisadas, son leyes del menemismo que tienen un montón de lagunas y problemas. A ver, lo que me interesa no es cobrar más guita, lo que nos interesa –y aquí abro este plural porque tiene que ver con el Colectivo de HIJOS– es pensar críticamente. ¿Qué se hizo? ¿Qué efectos tuvo? ¿Qué posibilidades hay de pensar una reparación? ¿Qué otra cosa puede ser una reparación? Por ahí no es plata. Lo más probable es que no sea plata.

¿Qué te imaginás que podría ser?

–Podría ser trabajo. Una cosa que yo pienso siempre es que no es casual que muchos hijos sean artistas. Me parece que hay algo que tiene que ver con las posibilidades que da el arte de elaborar estos temas que hace que muchos de nosotros hayamos elegido distintas expresiones artísticas. Entonces se me ocurre una línea de becas especial, tanto de formación como de producción, por ejemplo. Ya que uno encontró ahí algo que le hace bien, y le sana la cabeza, ayudar a eso. Pero hay gente que necesita laburo concretamente, atención en salud, vivienda y que no fue cubierto por ninguna indemnización. Acá no hay que obviar que desapareció la generación económicamente activa y que quedamos los niños a cargo de los jubilados, mayormente. Lo que siempre decimos es que no creemos que tengamos la solución a esto, pero nos parece que es una discusión para abrir y debatir.

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Imagen: Constanza Niscovolos
 
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