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Viernes, 8 de junio de 2012

MONDO FISHION

Estilo guaraní

 Por Victoria Lescano

Es vox populi que, desde que Yves Saint Laurent y Kenzo comenzaron a celebrar el chic de las etnias, los dictámenes de las pasarelas y de los editoriales de moda vuelven a recurrir a tales artificios y a resignificarlos. Mientras que las tendencias del invierno 2012 hacen foco en el furor texano, algunos sibaritas prefieren los modismos y oficios regionales que pregona el Paraguay y que tienen su Santo Grial en el Museo del Barro de la ciudad de Asunción. Para ilustrar tales modismos, basta con remitirnos a una reciente celebración de usos y costumbres del Paraguay –transcurrió un jueves de finales de mayo– que la estilista Caro Urresti ideó, en ocasión de la apertura de Guaraní Pora, su tienda que en verdad es una trastienda –situada en condominio del local del diseñador Leandro Domínguez, en Honduras 4518–. Entre la profusión de esculturas de maderas recreando orquestas de músicos, odas al ñandutí, cestería y accesorios, el vestíbulo que oficia de galería de arte (allí las fotografías de Gustavo di Mario), una cortina de plástico de uso popular en los almacenes y los hogares con la gama cromática de la bandera paraguaya, un recurso que se extendió además a borlas en la ventana que da a un patio donde los ladrillos, cual piezas de un rasti etnográfico en rojo, azul y blanco, cobijaban una gran mesa con un banquete de comidas regionales. Mientras, un dúo de ejecutantes del arpa y de cancionero paraguayo se sumaron a la extravagancia de Betty Confetti (una música inglesa, integrante de las Kellies, quien cautivó con su vestido de la tienda Dam y un tocado azul realizado por ella).

La labor en moda y en publicidad de Urresti –egresada en Diseño de indumentaria de la UBA– remite a editoriales para las revistas Rolling Stone, La fuga, Catalogue, a desfiles en BafWeek y a campañas para las firmas Levi’s, y Wanama, Ferraro, así como también para los diseñadores Cora Groppo, Vero Ivaldi, y Kostume, además de la labor de asesoría en imagen de bandas –Catupecu Machu, Soda Stereo, Julieta Venegas–.

Corresponde señalar que la compulsión por artes y oficios del Paraguay que refleja Guaraní Porá surgió luego de su labor como estilista del “Asunción Fashion Week”, una pequeña y bien organizada semana de la moda regional que en 2006 la contrató tanto para trabajar con los diseñadores del Paraguay como con los invitados de la Argentina, y en ocasiones del Caribe. En los días previos a los desfiles, lejos del backstage y las pruebas de maquillaje, Urresti se adentró en los puestos del mercado popular, las tiendas de ñandutí, y empezó a forjar una pequeña colección y, con el tiempo, a investigar en talleres de artesanos. Pero la pieza iconoclasta allí presente y que resume artificios de su fondo de placard –y en editoriales– remite a la cartera de cuero repujado en color suela. La cartera popular rescatada por Carolina responde a los nombres de “bananita” o de “cilindro” que le imprimen sus formas, y ella advierte que se ponen más lindas con el uso. Otro ardid de estilista consistió en mandar a hacer un cinturón emulando el modelo de la Mujer Maravilla pero con matiz bohemio. Aunque reconoce como primera influencia de esa vidriera etnográfica con foco en aledaños de Asunción, un pequeño y arbitrario museo con obras de Latinoamérica que solía frecuentar en sus veraneos de infancia en Claromecó.

Si tuvieses que pronunciarte por iconos del Paraguay que exalta tu edición de piezas y objetos, simulando un editorial de moda, ¿cuáles serían las piezas más representativas?

—Cada vez defiendo más las idea de que en un medio que parece superficial hay que tener una ideología, acá se manifiesta en mi interés por el rescate de los oficios y en un trabajo de edición al pedirles que vuelvan al modelo original, despojado de la tendencia, sin duda porque estoy saturada del producto de tendencia. Considero que cada producto tiene un arraigo cultural y muchos años de un saber hacer, pero no lo intervengo. Con el oficio que me dio editar colecciones y desfiles, mi ojo elige la cestería, las tallas de madera, las piezas de barro. Intento despojarlos de detalles del lado de la moda, aunque al cuero repujado le sumé las telas de una línea a rayas de uso habitual en las monturas. Están también las recreaciones de la silla de cable en diversidad de colores, acompañadas de poltronas, que junto con las hamacas representan el mobiliario favorito entre los paraguayos.

Y sobre los procesos del ñandutí y tu particular modo de exhibirlo, enmarcados junto a las prendas sobre las que fueron bordados...

—Me gustó enfatizar que se empiezan a bordar sobre pedazos de sábana o vestidos viejos, que ofician de soporte que lo sostienen. Son obras más complejas cuando está esa base, hay dibujos que terminan cual una guarda de mantel, la idea es tener diversidad. Además, el ñandutí tiene una notoria diferenciación según el hilado fino o grueso, el grueso es más popular. Destaco que simbolizan historias populares bien diversas, la más conocida es la de la mujer cuyo prometido salió a cazar un animal que oficiaría de dote pero nunca volvió. Con el tiempo ella descubrió su cuerpo cubierto con una telaraña y luego la replicó, tejiéndola.

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Imagen: Catalina Bartolome
 
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