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Viernes, 29 de agosto de 2003

ARTE

PODEROSA

La artista finlandesa Salles Tykkä explora en sus fotos y videos las relaciones de poder y la subjetividad femenina. “Para mí, crear arte es mantener una lucha continua y a muerte conmigo misma”, dice esta mujer de 30, y da cuenta de esa tensión en cada una de sus obras.

Por Andi Nachón

Una mujer joven con el torso desnudo y unos guantes de boxeo enfrenta a un hombre. Entre los dos hay claras diferencias: ella es casi pequeña, el hombre se ve notoriamente más grande. Suena la música de la película Rocky y sobre ese tema reconocible se oye también el canturreo de una voz femenina. Entre ellos el combate no cesa, aunque resulta evidente que el hombre no intenta imponerse en ningún momento: en este combate nadie pretende un knock out. La imagen en blanco y negro, un amplio espacio vacío y el fluir constante de los golpes producen cierto distanciamiento. En contraposición a esa frialdad, durante los casi cuatro minutos que la escena dura, quien mira teme por la integridad de esa mujer que esquiva golpes, ataca y exhibe su desnudez. Teme y a la vez percibe esa extraña fuerza: el gesto intrépido de esta joven que con integridad y a pesar de las desventajas, continúa allí luchando.
El video se llama Power y la mujer que empuña los guantes de box es la artista finlandesa Salles Tykkä. En la última década, sus trabajos han explorado con minuciosa originalidad, desde el género, las relaciones de poder y la subjetividad femenina. El próximo domingo 31, el Museo de Arte Moderno, con el auspicio de la Embajada de Finlandia, exhibirá seis de sus obras. Esta proyección, llamada “Helsinki-Buenos Aires”, complementa el circuito abierto por la muestra de las artistas argentinas Fabiana Barreda y Gabriela Fernández en Finlandia.

Apuntes sobre una chica
“Tenía cinco años y nos acabábamos de trasladar a una casa nueva. La casa tenía un patio, y en el patio había un columpio bastante sencillo, hecho con una tabla y dos cuerdas. Me monté en él y empecé a columpiarme con furia, destruyendo minuciosamente mi rabia y la nostalgia por nuestra casa de antes. El aire me azotaba la cara y la tensión en mi cuerpo era extrema. De repente fui plenamente consciente del poder dentro de mí, consciente de cada pelo y cada poro. Por primera vez en mi vida pensé: la vida está aquí y ahora, en esta emoción, en este momento.” Así revive en su voz esa primera impresión sobre la fuerza vital. Su siguiente experiencia, en cuanto a “lo poderoso”, sería frente a una obra de arte y la emoción e impacto que ésta transmitía. A partir de esa vivencia, Salles resolvió ser artista. Sus exhibiciones empezaron cuando aún era estudiante en la Academia de Bellas Artes de Helsinki. Los primeros trabajos fotográficos están profundamente ligados a su biografía y a los sufrimientos padecidos debido a trastornos alimentarios. Simbólicamente, a través de la creación, la artista exorciza su propia anorexia y, al volverla pública, evidencia las presiones que regulan la imagen de la mujer. “Para mí funcionó como terapia, luego de haber sufrido trastornos de alimentación durante muchos años. Quería mirarme a mí misma desde cierta distancia y aceptarme como era.”
En las series fotográficas “Mi cuerpo es mi arte, mi cuerpo es mi enemigo” o “¿Es todo lo visible aceptable?”, a partir del autorretrato yelaborando su propia experiencia vital, la artista aborda la identidad femenina. Desde una mirada particular, discutiendo las bases de su representación, se opone a un modelo preconcebido de feminidad. De esta forma, su creación se inscribe dentro de una tradición femenina que hace del propio cuerpo el terreno de creación para confrontar y poner en duda los parámetros a los que ese cuerpo y esa subjetividad se ven sometidos.
Dentro de esa estirpe, tal vez una de las marcas más originales de sus obras se instala a partir de una mirada no sufriente. Por sus imágenes circulan, con una delicada agresividad, deseo, sexo y violencia: las mujeres allí nunca se muestran dóciles. Como ejemplo basta la adolescente deseante de Thriller, su acto violento como rito de pasaje y abandono definitivo de la infancia.
Hoy, con apenas treinta años y una extensa producción, se ha ganado ya un nombre internacional a través de su particular acercamiento al video y a la fotografía. Incansable en el trabajo y en la superación de sí misma, la artista es capaz de llegar a una entrevista y declarar con calma: “Me siento tan débil. Hoy corrí 9 kilómetros y luego tuve una hora y media de kick boxing... es demasiado”. Para luego agregar su malestar porque “hace mucho no empiezo una obra nueva”.

Poder: relato y belleza
Pero, ¿cómo lo biográfico alcanza otra dimensión en la trayectoria de una mujer que una y otra vez afirma creación y experiencia ligadas de manera indisoluble? Hay en los trabajos de Salles Tykkä un espacio de apertura, una presencia de aquello no dicho porque es imposible de enunciar o precisar. Así, en su video Lasso –presentado en la Bienal de Venecia–, la corredora llega a una casa, intenta entrar y al no lograrlo prueba la puerta de atrás, desde allí y a través de una persiana americana verá cómo un hombre descalzo y con el torso desnudo juega con un lazo. Entonces, también el espectador, espía esta escena íntima y desconocida, para abandonar por unos instantes el terreno de lo real y entrever una zona más cercana al sueño. Nada más sabremos de estas dos personas que no llegan a encontrarse, sólo este fragmento se nos brinda de una historia apenas insinuada. ¿Es sudor o son lágrimas eso que corre por las mejillas de la mujer? ¿Es deseo aquello que la mantiene al margen observando la escena?
Probablemente en la no respuesta a estas dudas se erige parte de la fuerza que caracteriza estas obras. Una escena intensa se capta y expone sin justificación. Las imágenes logran siempre una filosa belleza al tiempo que proponen un relato fragmentado y sostenido sobre climas y sensaciones que atrapan a quien mira.
Intentando definirse, Salles rescata la escena infantil y dice: “Volvamos al momento en el que las ramas de los árboles se enredaron en mi pelo, cuando traté de columpiarme lo más rápido posible en la hamaca del patio. Mis sensaciones se unen en un único punto. Se multiplican a sí mismas y me envuelven con indescriptible fuerza. En aquel momento yo no podía explicar la vida que se me estaba explicando a sí misma, como si mi breve historia hasta entonces careciera de sentido. Lo menos que se puede decir del arte es que es capaz de reflejar los más grandes milagros. Para mí, crear arte es mantener una lucha continua y a muerte conmigo misma. Si decido vivir, es el poder el que me devuelve la razón, aunque sólo sea por un precioso instante”.
“Helsinki-Buenos Aires” nos permite acceder al trabajo de esta artista a través de sus videos desde 1996 hasta el 2001. Hija de la década de los noventa, Salles Tykkä da cuenta en su arte de la influencia de los medios masivos de comunicación, los géneros menores como el terror o del glamour de las estrellas de Hollywood. Tal el caso de la imagen American Dream: una mujer sin rostro con el torso vendado, sus guantes de boxeo en alto,en posición de combate, pero con las vendas manchadas de sangre a la altura de los pezones. Impactante en el gesto, esta fotografía permite diversos niveles de aproximación: partiendo de la resignificación de ese sueño americano jamás cumplido, hasta la posibilidad de mantenerse con los guantes en alto y en combate. Pero desde esa sensibilidad lúcida y a la vez desprejuiciada, su obra no pretende llegar a respuestas, más bien propone pequeños enigmas que hablan de estos días, de la visión de las mujeres que los cruzan y de la fortaleza que transitarlos de manera consciente implica. Con una obra conmovedora, esta joven finlandesa nos permite acceder a su lectura del entorno que la signa y, sin estruendos, sus trabajos parecen dirigirse directamente a quien sea capaz de acercarse a ellos. Esa intimidad, en riesgo por su exposición, transmiten algunas de sus fotografías. Como la serie de cinco “Dolor, Placer, Culpa”, adonde el cuerpo femenino siempre aparece fragmentado, parte de una escena inconclusa que devela interiores cálidos en donde nunca se muestra todo. Tal vez porque una totalidad resulte imposible de lograr, con virtuosismo Salles Tykkä nos obsequia aproximaciones, siempre en un tránsito no pacífico, siempre sorprendentemente vitales.

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Thriller, 2001 (film 35 mm).
American Dream, 1999.
Power (film 16 mm).
 
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