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Viernes, 7 de diciembre de 2012

MEDIOS

Amanecer de un día agitado

A ella no le tiembla la voz cuando dice que hay contenidos que no deberían estar en la televisión, por ejemplo aquellos que cosifican a las mujeres y se justifican en que ser cosas es su deseo. No le teme a la palabra censura porque no es de eso de lo que habla, sino de la persistencia de las ideas y los movimientos para volver intolerable lo que alguna vez se tomó con naturalidad; algo de esto que sucede hoy se les debe a “los feminismos”, así en plural, como los nombra. Es Florencia Saintout, joven decana de la carrera de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y una de las espadas académicas que suele hacerse oír en la argumentación y defensa de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual junto con las mujeres de Carta Abierta. Ahora que el famoso 7D empieza a descontar horas hacia un final sin demasiada espectacularidad, Saintout explica sus razones para haber marcado este día en el calendario, aunque sabe que la parte más dura del trabajo –la de llenar de sentido eso de la pluralidad y diversidad que sostiene la ley– no tiene fecha límite.

 Por Roxana Sandá

Es posible que Florencia Saintout no olvide esta semana por el resto de su vida. Entre otros episodios, por los trabajos de carpintería que la tuvieron como supervisora y aun martillando alguno que otro clavo supuestamente flojo del escenario que compartió el martes con el presidente ecuatoriano Rafael Correa en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, de la que es decana, para entregarle el Premio Rodolfo Walsh como Presidente latinoamericano por la comunicación popular. Hoy, en fecha clave de un almanaque empachado de calificativos épicos, históricos y patrióticos, esta joven investigadora y docente advierte que el futuro llegó para increpar nuevas formas de narrar los universos político-social, artístico “y de los géneros”, como prefiere denominar, así, en plural, las diversidades sexuales e ideológicas de la Argentina. “Las grandes transformaciones no salen de los laboratorios sino de esta patria transpirada, aún más si pensamos la teoría no como algo folklórico sino en su violencia en los términos que Walsh elegía la vida y la escritura, y en los términos en que hoy elegimos esta pluralidad de voces, sin privilegios.”

Hábleme del valor simbólico y legal de este 7D.

–Todo el mundo sabe que estamos ante la fecha límite que estableció la Corte Suprema de Justicia para la adecuación del Grupo Clarín al artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y ahí hay un valor legal que tiene un fuerte plus político, porque el de hoy es un momento en el que además se establece un límite legal a esta idea del no respeto a ningún tipo de ley, no solamente hacia los poderes Judicial y Ejecutivo, sino a la ley social en la cual acordamos que es mejor transitar con ciertas reglas de juego construidas entre todas y todos para poder vivir juntos. Lo estimulante es, sin duda, ese otro valor simbólico de la norma, que imprime un límite a poderes que parecían estar desde siempre y para siempre y contra los que nunca íbamos a poder hacer nada. Estoy convencida de que lo que viene, con más o menos demoras, con más o menos trampas, es la plena adecuación de todos los grupos mediáticos a la ley.

La simbología de la ausencia de privilegios.

–O el horizonte de una Argentina sin privilegios. Además, la certeza de que no hay poderes invencibles. Sólo me sigue llamando la atención por qué Clarín se movió de esa manera, cuando en realidad lo único que vemos es que es un error todo lo que hizo, porque el efecto sobre grandes sectores de la sociedad fue contrario a sus intereses. Evidentemente hubo algún tipo de error de cálculo.

¿Cuál cree que es la contundencia de esta fecha a largo plazo?

–Creo que el efecto va a ser una sociedad de mujeres y hombres con menos miedo. No en el sentido de seres aterrorizados. Me refiero al miedo a un poder que puede hacer con nosotros cualquier cosa y al que no lo sostiene nada más que el capital. Por supuesto que va a implicar una sociedad con niveles de profundización, de recreación de la democracia mucho mayores. En todo caso, observo un nuevo poder que circula hacia otro lugar, hacia los gobiernos populares y hacia una política que ponga fin a los privilegios de aquellos que han sido los dueños de todo. Incluso de las formas de narrar la historia, lo social y los géneros de las personas.

¿Qué problemas se terminan y dónde radican los desafíos a partir de ahora?

–Desde el momento en que todos los grupos empresarios estén adecuados a la ley, ni se acabaron los problemas con respecto a los intereses poderosos de derecha que van a seguir actuando, ni se acabaron los conflictos en términos comunicacionales. El gran desafío está en generar no solamente otras señales, otros medios y otros contenidos, sino otros lenguajes, otras prácticas y otros lazos sociales. Si, una vez concretada la adecuación en su totalidad, tenemos cinco canales de televisión que siguen construyendo el mismo tipo de noticias o la otredad de la misma manera, se nos va a hacer visible la necesidad de desnaturalizar cierto tipo de comunicación audiovisual anquilosada desde las más rancias tradiciones patriarcales.

¿Cuáles herramientas deberían recrearse para desterrar contenidos tinellizantes u otro tipo de programaciones donde juegan con pesadez las miradas sexistas y estereotipadas?

–Desde el vamos, no debería haber contenidos discriminatorios, machistas, clasistas, sexistas. Nunca estuve de acuerdo con esa interpretación de la ley, sobre que va a seguir estando todo lo mismo más lo otro, lo nuevo. ¡Si de este más de lo mismo que vemos y escuchamos hoy existen muchas cosas que no deberían estar, pero desde una perspectiva de derechos humanos! Va más allá del 7D. Y estoy convencida de que esa realidad no se cambia a partir de una ley o de una multa elevada.

La diferencia en este caso es que se trata de una legislación que retoma luchas de sectores sociales históricamente desoídos.

–Sí, sectores cuyos reclamos venían muy desarticulados y que exigían reconocimientos de género, de etnia, reconocimientos de reparación del trabajo roto. El kirchnerismo ha sido un gran articulador de esas luchas, que además son articuladas en el “Qué te pasa, Clarín”, como emblema de un cuadro más que se baja. Esta ley surge con el horizonte de reconocer todo aquello que había sido no sólo acallado sino negado, estigmatizado, menospreciado. Lo que está presente es una pluralidad con justicia social. Algo de eso se viene dando con nuevos contenidos y nuevas propuestas. Las universidades, por ejemplo, se encuentran desafiadas a producir contenidos, al igual que las organizaciones sociales y políticas.

¿Incluso a presentar nuevas caras?

–Hace poco participé de un foro de comunicación en Jujuy con un panel de mujeres que relataban esta cuestión de que pareciera que desde las provincias sólo aparecen contenidos donde se muestran paisajes autóctonos en un sentido federal o turístico. Y estas mujeres plantearon que se abría una nueva era audiovisual, que exigía ponernos a descubrir los rostros y las historias. En esta concepción, la ley irá cambiando modelos de sociedades y modelos de verdades, porque se construyó de abajo hacia arriba. Ahí radica su fuerza.

¿Cómo se logra la transformación de los contenidos?

–La gran potencia transformadora es la política y los movimientos sociales, que a veces son derrotados o que a veces esperan. En este sentido, en las ciencias sociales tenemos una gran deuda con la sociología de la espera. Saber entender la paciencia, cuando a la menor chispa ocurre algo. Es el caso de los diferentes feminismos a través de los cuales se fueron ganando muchísimas luchas. Es probable que los contenidos no sexistas y no machistas en este nuevo mapa audiovisual tengan más que ver con lo que han ganado los feminismos que con la letra fría de la ley: la agenda de la emancipación es infinita. Precisamente, si hay algo que me sigue ubicando con mucha reflexión y pasión dentro del kirchnerismo es la agenda que falta. No hay que tener miedo de decir que en los medios audiovisuales hay contenidos que no deben estar. No pueden presentarse programaciones que cosifiquen a las mujeres y encima justificadas en que ellas desean o aprueban ese tratamiento. O contenidos que criminalicen a las y los jóvenes pobres, reafirmando que son lo desechable de las sociedades. No tienen que estar en el horizonte de nuestras sociedades, ya no sólo en la televisión, si es que queremos vivir en una sociedad con premisas humanistas.

¿Desde esta facultad se están debatiendo estrategias que posibiliten nuevos contenidos?

–Se acaba de aprobar una carrera corta, de Comunicación Popular, planteada en ligazón directa con este proceso histórico. Es una nueva línea de trabajo que no está pensada sólo para enseñarles comunicación popular a las organizaciones, sino también para aprender de sus experiencias. Se está conversando con movimientos políticos y sociales. Asimismo, en la facultad se han creado durante los últimos tres años el Centro de Comunicación y Género, el Laboratorio de Estudios Queer y el Centro Cultural Néstor Perlongher, pero nos cuesta muchísimo trabajar desde una perspectiva de derechos que atraviese todo el espacio universitario y no cerrarla en un área.

Las universidades nunca fueron islas.

–Por supuesto. Pero ojo, que la maravillosa idea de la autonomía no funcione como coartada para no comprometerse con nada. Hoy no podría decir que en las universidades estamos un paso más adelante respecto de la sociedad en lo que tiene que ver con perspectivas de género.

¿Cuánto de la ley atraviesa las complejidades y especificidades de los géneros?

–Es de avanzada porque hay un reconocimiento de derechos y de la perspectiva. Es un buen instrumento en términos pragmáticos, si se quiere, para determinar qué contenidos no pueden estar entre nosotras. Y aquí hago una lectura acaso problemática porque con muchas compañeras y compañeros no siempre estamos de acuerdo, por esto de que la normativa corra el riesgo de ser entendida como instrumento para censurar. Insisto en que deben plantearse límites a ciertas cuestiones, sobre todo por los derechos positivos que reconoce la ley en dos grandes plataformas. Una tiene que ver con la lógica de la redistribución, donde claramente el eje de la igualdad aparece de manera fuerte. Con respecto a los géneros, pregunto quiénes han tenido la palabra durante siglos. ¡La han tenido los machos, entre otros, y mucho más que otros! Por eso todo lo que está sucediendo es más profundo que Clarín y los medios concentrados. Se trata de la redistribución de la palabra. La otra plataforma es la del reconocimiento de los otros y las otras, que por cierto no son los otros hegemónicos, blancos, machos, estigmatizantes.

Nunca se podrá decir de esta ley que es liberal (risas).

–¡No! Reconoce subjetividades, otredades. Y en términos de la letra, es importante cómo la entreteje la historia. Porque podrá ser el mejor documento del mundo, pero si las luchas de la historia dejan de sostenerlo se cae por sí solo. Por eso esta ley no es ni por asomo un intríngulis de juristas y abogados.

Algunos sectores están por lo menos inquietos por las posibilidades para la presentación de proyectos y la creación de nuevos contenidos con algún futuro.

–Lo que debería suceder es que todas las iniciativas tengan mucho más espacio, por supuesto de la mano de políticas públicas. En el camino, algunos intentos han fallado, pero se debe seguir creando y fortaleciendo dimensiones que ya estaban. Incluso reafirmar consignas por su espesor histórico. Hay áreas donde es necesario recrear políticas públicas. Con la plena vigencia de la nueva ley, lejos de desaparecer estas producciones en un sentido amplio, no sólo comercial sino de colectivos sociales, políticos y culturales, tendrían que nutrirse. Una posibilidad es darle solidez a la federalización, reconstruyendo el sentido de lo nacional y no fragmentándose. Una gran consigna del neoliberalismo era esta cuestión de la hiperdiversidad, esta Babel que había sido un castigo bíblico pero que se transformó en un horizonte a seguir. Que todos hablaran desconociendo que unas voces eran más fuertes que otras.

La desaparición de la igualdad velada en la diversidad.

–Cada uno hablando su propia lengua sin ningún tipo de preocupación por lo común y lo público. Creo que en esas pequeñas productoras va a ser muy importante cómo se piensan políticas de fortalecimiento de lo local pero también de lo común, porque si no vamos a tener infinidad de medios e infinidad de programaciones chiquitas que lleguen al vecindario, como mucho, y que estén totalmente desarticuladas.

También se plantea la urgencia de generar capacitación en vista de un nuevo mapa audiovisual.

–Como decana de una facultad de periodismo y comunicación social, tengo una firme creencia en la necesidad de capacitación, pero también sé que sola no alcanza para nada. En principio no puede ser sólo una capacitación en el vacío: me parece importante una capacitación de quiénes, con quiénes y para qué. Procurémosla al servicio de un proyecto que recupere las voces, las imágenes, las narraciones de quienes durante muchos siglos han sido subalternizados, negados. Ligado a eso, la voluntad política, algo que parece tan simple de decir. Podemos tener la mejor capacitación, pero se diluye si no existe la voluntad política de que el proyecto avance y de enfrentar a aquellos que no van a estar de acuerdo con que funcione.

Días atrás se firmó en la TV Pública el acuerdo para incorporar la perspectiva de género en los medios.

–Es definitivamente el resultado de la lucha de las mujeres. Viajo por todo el país; adonde vaya están presentes los diferentes agrupamientos de mujeres participando en todos los foros de contenidos, con esa potencia tan grande y diversa que los caracteriza, a diferencia de otros colectivos. Las mujeres han tomado entre sus principios el tema de la comunicación y el género, incluso como reacción contraria a las barbaridades mediáticas, porque uno de los espacios más perversos se descubre en el destrato cotidiano de los medios hegemónicos. Me permito pensar también en ciertas luchas ganadas que posibilitaron la desnaturalización de relaciones sociales que transmiten los medios de comunicación. La problematización teórica de los feminismos ha sido de gran valor para acceder a elementos que pudieran desmontar esos discursos mediáticos hegemónicos.

Como especialista en temáticas juveniles y directora del Observatorio de Jóvenes, Comunicación y Medios de la facultad, ¿de qué manera entiende que deberían disolverse los estereotipos y a la vez respetar el derecho a la intimidad de niñas, niños y adolescentes en los medios audiovisuales?

–Hoy, los medios de mayor audiencia reconfirman que aumentó la cantidad de noticias estigmatizantes de las y los jóvenes. Esto va para la juventud de franjas empobrecidas, aunque también para la que se relaciona de alguna manera con la política. Desde el Observatorio se comprobó claramente que hay muchas más noticias sobre el discurso de la seguridad ciudadana y los jóvenes como responsables del deterioro. Sin embargo, en paralelo se ven y escuchan muchos otros relatos de jóvenes habilitados por nuevas señales y convocatorias de diferentes instancias para generar nuevos contenidos, donde esa franja aparece narrada desde otros lugares. Lo que pasa es que esas narraciones tienen que ir construyendo su público. Todavía tenemos un mapa súper concentrado de medios, y en esa concentración se han ido construyendo públicos para escuchar solamente esos relatos. El gran desafío radica en propuestas con otro tipo de interpelación de la infancia, de la mano de otro tipo de políticas para la juventud que impacten directamente. La idea del empoderamiento de las y los jóvenes en la Argentina va a provocar que nuevas voces puedan hablar. Hay que pelearles a los discursos estigmatizadores de lo juvenil que siguen avanzando. La audiencia televisiva no sólo creció con los besos de Adrián Suar, también la fueron modelando con esta idea de los jóvenes y el peligro.

¿Está de acuerdo con la visión de que los canales locales emulen formatos de megamagazines? Muchos hablan de gestar un ShowMatch o un Almorzando con... nacional y popular.

–Sí, conozco esa teoría del buscando a un minitinelli para un canal de un colectivo x, que no tiene nada que ver. Lo interesante es la apertura, enfocarnos en cómo puede lograrse una comunicación que se parezca a su pueblo. Eso exige un trabajo de intención y creación, no desde el vacío, sino tal vez que marque su punto de origen en todas las memorias que hasta ahora no han tenido lugar. Contar con muchas señales para decir lo mismo no tiene sentido porque no se rompe con la concentración del relato. Después de todo lo que se ha luchado y trabajado, sería terrible formatear un Tinelli o un TN nacional y popular. Prefiero otras ideas de la masividad que muchas veces, sobre todo por ciertos sectores progresistas, han sido subestimadas, y entonces les dejamos el gran público a esos monopolios, total nosotros hacemos algo donde somos cinco. Tenemos que poder disputar el gran público, sin temor a la masividad, sin que a ese sentido se le adose un Tinelli. Me preguntarán cómo se hace eso; es cierto, no está escrito en ningún manual. Es nuestro desafío que llegue a todas y todos.

El goce

Flota en el ambiente una rara mezcla de grotesco y perversión berreta, que intenta visualizar a Cristina Fernández de Kirchner como mujer desmadrada, que clama al cielo bajo la lluvia por los reveses de la gestión, cuando no bipolariza el ánimo o exhibe niveles elevados de autoestima que ciertas señoras desaprueban. Diciembre recrudeció las verbas floridas de editorialistas que ya no saben muy bien de qué disfrazarse para sostener la difamación. Saintout adjunta picos térmicos similares en tiempos en que la revista Noticias publicó esa tapa-comic del goce presidencial, y acuerda en la dificultad persistente de sortear los embates, sencillamente “porque forman parte de nuestra cultura patriarcal y machista”.

La cuestión es árida “porque la figura mujer madre, incluso en política, sigue estando con tanta fuerza. Ese lugar de la mujer madre que no goza, que no tiene sexualidad y que por lo tanto y, además, debe estar sometida al deseo del otro. Y, vamos, que no es cualquier madre: es ésa de la tradición judeocristiana, la del sacrificio”.

La intencionalidad de Perfil “no sólo fue estigmatizante, también una idea de mostrar a esta mujer endemoniada, o a un goce endemoniado que puede ir por todo. Entre las cosas que más terror les provoca a las sociedades occidentales se encuentra el goce de lo femenino que podría devorarlo todo, porque no saben de qué se trata. Se trata de gestionar el terror, mostrar una especie de monstruo femenino que puede devorárselo todo”.

Pero Saintout prefiere otras lecturas que la acercan “a la potencia creadora del goce. Y de ese goce, como lo es el goce femenino, que ha sido imposible de clasificar o de nombrar por el patriarcado, que lo ha tenido que negar, perseguir, quemar, pero que no ha podido domesticarlo. Hay un texto de Perlongher, incluido en Papeles insumisos, que dice algo así como `se acabó la homosexualidad`. Entiéndase, no es que se acabó el amor homoerótico, sino ese poder disruptivo. Incluso podría pensárselo con el matrimonio igualitario: en la institucionalización de ese amor se acabó esto que no tiene ataduras ni encasillamiento. En ese mismo sentido el goce femenino es revolucionario, no soporta ataduras hechas por otros”. Y una mujer que goza “es profundamente revolucionaria, como metáfora de lo social. La derecha que trabaja a través de ciertos medios, lamentablemente, lo hace con etiquetas construidas en el sentido común, como sentido dominante modelando de una manera perversa pero muy eficiente, porque trabajan con cuestiones que se viven como verdades”.

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