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Viernes, 5 de septiembre de 2014

EL MEGÁFONO

Las Hilarias ayudan a más mujeres a abortar

 Por  Ruth Zurbriggen *

Hilaria es pequeña. Tiene 27 años. Inmigrante boliviana en tierras neuquinas. Llegó este año, unos meses después que su marido, cuando él ya se había instalado. Le tocó compartir vivienda con su cuñada, su cuñado, varios sobrinos y sobrinas y su suegra. Dijo, al pasar, “nadie me trata bien en la casa”. Tiene un hijo que pronto cumplirá dos años.

La conocimos un lunes heladísimo de junio. En un bar. Calzaba unas ojotas blancas. Muchas mujeres pasaríamos por la vida de Hilaria ese día: la enfermera amigable a la que recurrió esa mañana y que comprendió que no había tiempo que perder, cursaba casi las 14 semanas de atraso y quería abortar. La enorme maestra amigable. Las dos socorristas revueltas a cargo del encuentro de ese día junto a otras dos activistas feministas de San Juan. (Vinieron a Neuquén para aprender un poco más sobre los socorros rosas, en esta escuela de saberes paganos que nos hemos agenciado. Una de ellas, socorrida a la distancia meses atrás.)

Hilaria permanecía callada mientras un ir y venir de mujeres apuradas nos dábamos cita alrededor de la mesa. Cuidar a Hilaria, contrarrestar las interferencias... hacernos entender... Rápido nos dimos cuenta, su mirada furtiva nos devolvía extrañeza sobre el folleto que pusimos a disposición.

–¿Sabés leer, Hilaria? –me animé a preguntar.

–Más o menos...

Nos contó que no terminó de cursar la escuela primaria. Hubo entonces que dibujar un mapa diferente, hubo que poner a disposición otros modos. El plan incluyó pensar en el espacio escolar, muchas cosas impensadas pueden suceder en las galerías de las escuelas.

La casa no era el lugar indicado esta vez, muchos controles, muchas exigencias...

Nuestro plan incluía que no la llamaríamos para no despertar preguntas. “Tengo miedo que mi cuñada sospeche y me acuse con mi marido.” Lo planeamos minuciosamente, bajo formas de ingeniería mujeril sonora. Su marido ni nadie del entorno conviviente supo que abortó. Imaginación colectiva y creativa para –al final– reírnos de la bestial ley patriarcal.

A las dos semanas la enfermera me contó: “Se volvió a Bolivia, no la estaba pasando bien acá”. El marido la siguió.

“Rebelarse no es contra quién, sino junto a quién”, escribe Carlos Skliar. Rebelarse y rebelarnos junto a otras. Apuesta política y ética de nuestro andar.

Hilaria no lo imagina, no lo sabe (y es posible que nunca se lo podamos contar): pasará por la vida y la memoria de muchas. Hilaria hace marca amorosamente afectada; activa emociones y produce movimientos. Hilaria es ahora, también, Las Hilarias. Así han dado en llamarse las socorristas de San Juan que ingresan a Socorristas en Red, para aumentar la potencia de un andar vertiginoso y sostenido.

Una red que no deja de reclamar la legalidad del aborto en Argentina y en América latina y el Caribe.

* Integrante de La Revuelta, feminista y abortera.

Más información: www.socorristasenred.blogspot.com

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