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Viernes, 26 de diciembre de 2003

SOCIEDAD

crecer en el piquete

Berta González es delegada barrial del Futradeyo,
la agrupación que se hizo conocida por haber cercado el Ministerio
de Trabajo en octubre y que nació como una comisión de mujeres
trabajadoras. En los años que lleva luchando junto a sus compañeros, esta mujer brava ha conseguido desde comida para el barrio hasta
acceso masivo a la planificación familiar.

Por Gimena Fuertes

Berta está contenta. Es que después de mucho se inauguró el galpón del Frente Unico de Trabajadores Desocupados y Ocupados (Futradeyo) en el partido bonaerense de La Matanza, en el barrio La Loma, Gregorio de Laferrere, donde las calles ya son de tierra y las casas, algunas de material, limitan con el campo abierto. “Mujeres en lucha”, se llama el local, porque “las primeras que siempre estuvieron y están al frente de la lucha son las mujeres”, argumenta esta militante piquetera.
Otro de los emprendimientos de los que Berta González se enorgullece es la Comisión de Mujeres Trabajadoras. Esta comisión es el antepasado del Futradeyo. Empezó en el ‘96 cuando Berta se quedó sin trabajo. “Villalba –así llama a su marido José, el referente visible del movimiento– laburaba en una fábrica metalúrgica que cerró y no le dieron indemnización. Nos entró la desesperación y había que organizarse. No conseguíamos changas y teníamos tres pibes y cuentas para pagar. Entonces me puse a organizar las donaciones de ropa de las iglesias de la zona”, recuerda.
Pero Berta se cansó de la caridad y decidió cambiar de estrategia. “Nos juntamos diez mujeres para hacer un pedido especial de comida. Eramos nosotras y Villalba, santo entre todas. Fuimos hasta la delegación municipal y dijimos que éramos delegadas de diez barrios distintos y pedimos 100 bolsas de alimentos. Nos dijeron que no nos podían dar nada, que dejáramos una nota y que en tres meses nos iban a dar una respuesta. ‘En tres meses me cago muriendo’, –le contestó– y queremos una respuesta ahora.” Esa vez consiguieron lo que querían. Pero no iba a ser tan fácil. El grupo crecía rápido y un día llegaron unos hombres a pedir comida y como no había más le pegaron a Berta. “Uno me dio una piña, y cuando me levanto yo le pego al otro, y entonces vinieron mis compañeras con palos de amasar y cucharones y los enfrentamos. Eran del sector duhaldista y pierrista”, asegura.
La primera victoria que esta mujer de sonrisa rápida recuerda que lograron como organización de desocupados fue cuando en 1997 vino Hilda “Chiche” Duhalde al barrio. “Nos enteramos que venía Chiche Duhalde a inaugurar la escuela 199. Nos juntamos como 30 mujeres y sacamos de los basureros los tomates podridos. Nos metimos en la escuela y nos sentamos con nuestras mochilitas. Pedimos hablar con la mina y no nos quiso atender. Agarramos los tomates y los empezamos a tirar. Nos decían que éramos unas guarangas, pero yo les contestaba que más guarango era cagarte de hambre y venir a escucharla a ella decir cosas lindas. Nos atendió la Chiche, y me dijo si podía hablar conmigo, pero yo le dije que yo no era la jefa, que éramos 27 y las 27 queríamos hablar. Le pedimos subsidios, pero sin cuentos ni promesas. Villalba era el mediador, el que se hacía el bueno”, recuerda. Ese día consiguieron 25 pensiones para madres de siete hijos y para mujeres de más de 60 años. “Esa fue la primera vez que ganamos. Hasta el día de hoy tenemos compañeras que están cobrando la pensión de ancianas de alrededor de 150 pesos”, se enorgullece. Los punteros no fueron los únicos enemigos a los que se tuvieron que enfrentar estas mujeres. “De repente se empezaron a morir algunas compañeras porque se les declaró cáncer. Muere Elsira Pereira, De Asís Antonia, después muere Teresa Echeverría”, enumera mientras le empiezan a brillar las pupilas. “Empezamos a hacer denuncias porque eran compañeras sanas y el cáncer aparecía de repente. La causa eran los postes de alta tensión. Hicimos documentos y comunicados que no salían en ningún lado, y nuestros compañeros se iban muriendo”, denuncia.
En La Matanza el 80 por ciento de los militantes del Futradeyo y la mayoría de los delegados de barrio son mujeres, y Berta sabe por qué. “Nosotras conocemos mejor cuáles son nuestras necesidades. Nos cuesta disciplinar a nuestros compañeros varones. Hay un costado machista de los compañeros que se enojan porque las mujeres somos delegadas. Lo que no aceptan es la evolución que se dio en el piquete. ¿Quién evoluciona en los piquetes? Las mujeres, porque cuando los chicos tienen hambre no entienden que no hay”, dice.
El Futradeyo tiene una concepción de clase. Todos sus militantes son trabajadores, la desocupación es sólo una circunstancia. Pero este concepto político tiene su origen en la práctica. “En el camino se nos adhirieron compañeros ocupados. Tenemos compañeros del hospital que nos conectamos cuando fuimos a preguntar por la planificación familiar. Tomamos el hospital Teresa Germani de La Matanza porque nos dijeron que no nos podían poner el DIU, que se podía ayudar a las mujeres con los anticonceptivos. Nosotras le dijimos que éramos nosotras las que íbamos a decidir qué método usar. No queremos parir más, queremos cuidarnos”, reclamaban. A Berta la enojaron las declaraciones de un tal doctor Blanco. “Me salió a decir que todas las mujeres que tienen DIU ya no queremos procrear y que somos frías, calculadoras”, se indigna.
El resultado de esa lucha, además de que Berta y 200 de sus compañeras accedieron a la planificación familiar con DIU en el ‘97, fue que los médicos, trabajadores independientes de muchos hospitales, como el Muñiz, el Posadas y el Paroissien, se adhirieron al movimiento.
Las definiciones políticas de Berta Villalba son claras. “Somos trabajadores desocupados y queremos ser trabajadores ocupados. Y por ese motivo vamos a luchar”, dice. “Mientras el ministro de Economía duerme en una cama y tiene ducha caliente, nosotros con 150 pesos nos estiramos y hacemos milagros. ¿Quién mejor que nosotros para ministros de Economía?, se pregunta sin esperar respuesta.
Si bien el Futradeyo viene trabajando en muchas localidades del oeste y sur bonaerense desde hace más de cinco años, en los medios se hicieron conocidos por haber sido acusados de secuestrar al ministro de Trabajo, Carlos Tomada en la madrugada del 22 de octubre. A la mañana siguiente fue Berta la que salió a responder por todas las radios. “Me preguntaban si estaba arrepentida de haber secuestrado al ministro, yo le contestaba que estaba arrepentida de la miseria en la que vivo, si él se consideró secuestrado, nosotros en ningún momento pedimos rescate ni lo tocamos. Fuimos por una necesidad y ellos jugaron con nosotros”. Aquella mañana la periodista insistía con el secuestro, hasta que Berta se cansó y tomó el control de la conversación. “¿Vos vivirías con 150 pesos?, le preguntó. “No”, le contestó. Fin del reportaje.

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