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Viernes, 19 de diciembre de 2014

MONDO FISHION

Vale copiar

 Por Victoria Lescano

“Si no puede consumir originales, recurra a falsificaciones: las copias son fabulosas”, afirmó la editora inglesa Diana Vreeland entre sus máximas de moda. La muestra Faking it: Original, Copies And Counterfeit, que el Fashion Institute of Technology, situado en Nueva York, exhibe con acento en los originales, las copias y las falsificaciones implícitas en la trama de la moda, parece hacerse eco de los dichos de Vreeland.

El recorrido por la ingeniosa muestra del FIT ideada por Areile Elia se inicia con dos trajes Chanel de día, en bouclé de lana: el primero es un original fechado en 1966 y el segundo una copia de 1967. En rigor histórico el comienzo está representado por un vestido de tarde en terciopelo seda y chiffón de color violeta realizado en 1903 por Charles Fréderic Worth, considerado el primer diseñador, pues añadió etiquetas a sus ropas. Asoman además realizaciones falsas de un modelo de Vionnet llamado “Pequeños caballos”, verde y con ornamentos bordados en negro. La paradoja es que Madeleine V, la creadora del corte al biés también fue artífice de un particular método para proteger los royalties de sus creaciones: a su etiqueta le añadió un grabado con sus huellas digitales. Por el contrario, Coco Chanel no se opuso a las miles de réplicas de sus trajes de chaqueta y falda: más que un fraude supo considerar las copias como un indicador de su popularidad y también un ardid publicitario. Así como los primeros couturiers financiaban sus negocios vendiendo licencias de reproducción a los grandes almacenes norteamericanos, en la Argentina existió y existe una larga tradición de copistas que viajaban a los principales desfiles europeos, adquirían figurines (algunos expertos dibujaban a mano alzada luego de ver las colecciones). Así como las telas, los bocetos y los alfileres destinados a vestir a los personajes de la Guía Social de Buenos Aires llegaban en barcos desde París. Hubo copistas de moldes de Christian Dior, de Madeleine Vionnet y Elsa Schiaparelli. Un breve recorrido remite a la casa Henriette que en 1917, además de realizar vestidos de novias, hacía modelos de Worth, de Paquin. Saint Félix reinterpretó moldería de Patou y de Lanvin y Astesiano vendió reproducciones de Dior y de Jacques Fath.

Es vox populi que el mercado de las copias constituye otra industria en sí misma en el circuito de la moda actual (según estudios de la Asociación Mundial de Consumidores la trama de las copias recauda 600.0000 millones de euros) y que con la etiqueta aparecieron las copias. Lejos de los bordados de los pioneros de la alta costura, hay familias de prendas y de accesorios truchos que admiten desde carteras del mercado del lujo, gafas y jeans y tienen sus variaciones en parodias e ironías sobre la logomanía. Con la velocidad casi procaz en que circulan las imágenes luego de un desfile y los cazadores de looks formulan sus plagios, algunxs diseñadorxs optan por no divulgar sus colecciones, pero la estrategia es tan poco eficaz como la añeja etiqueta con huellas de Vionnet. Así como la cadena Zara se expandió desde España hacia el mundo entero y devino en un referente que reproduce la moda de las pasarelas a precios democráticos, algunas firmas no sólo idean segundas marcas, también establecen alianzas con sus enemigos del fast fashion: de ahí las causas de infinitas colaboraciones de diseñadores con H&M y Topshop. Cuentan que Saint Laurent querelló a una línea de remeras que proclamaba “Ain’t Laurent”, mientras que Moschino, la marca que construyó un estilo basado en la ironía y que actualmente diseña Jeremy Scott (un devoto de la estética de los uniformes de Mc Donald’s y los atuendos de Barbies), no vaciló en ornamentar su última colección masculina con logos a la usanza de los de Hermés y de Vuitton. La exposición que se complementa con videos sobre legislación referida a marcas y testimonios de referentes de la industria concluirá en abril de 2015. Como botón de muestra remitirse a la cartera de la diseñadora Catherine Malandrino, que desde una superficie de charol blanco y negro sentencia “You cant’fake fashion”.

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