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Viernes, 2 de enero de 2004

ENTREVISTA

Tirarse a la pileta

Se dio el lujo de descollar dentro de un elenco de nombres prestigiosos, haciendo la puta más deportiva en la mejor novela en años, Resistiré. Casi una desconocida para muchos, aunque entre el ‘93 y el 2000 hizo una serie de papelitos en telecomedias, Romina Ricci devino uno de los pilares de la tira de Segade y Bellati gracias a su zarpadísima creación de la arrolladora y voraz Rosario.

Por Moira Soto

La cita, por iniciativa de la entrevistada, es en La Corte, barrio de Las Cañitas, lo que puede poner en guardia a cualquier cronista con prejuicio antifashion, como la que suscribe. La cita es con Romina Ricci, la interprete de la puta mas putarraca, mas interesada, con mayor iniciativa que se haya visto en la tele. Por supuesto, dicha pelandusca estaba en Resistiré, la novela que se mandó todos los excesos. Ricci llega unos minutos tarde, cuando ya el ambiente de diseño con mozos disfrazados de supermozos y muy autoconscientes de laburar en un sitio de moda, las luces muy bajas y la música ad hoc muy alta, empiezan a agobiar a la susodicha cronista. Pero hete aquí que por fin aparece Romina con su pancita de cuatro meses ya evidente dentro de su vestidito estampado blanco y verde manzana, arrebujada en un chal y se disculpa sentidamente porque se quedó dormida, con ese sueñito que les agarra a las embarazadas en los primeros meses. Mas menuda y frágil que en la tele, preciosa con la cara sin una brizna de pintura, Romina Ricci agradece tímidamente los elogios sobre su creación de Ro, Rosario, la chica fatal que fue ganando espacio y relieve en la tira cuya ausencia lamentamos unas cuantas. En ningún tramo de la entrevista que sigue, Ro(mina) vende haber llegado a algún lugar ni haber cumplido ambiciones de ninguna especie. Menos aun piensa que ha crecido, aunque reconoce la entrega sin reservas a un personaje que le exigió dosis creciente de intrepidez interpretativa. Porque la insolente y desfachatada Rosario siempre iba por más. Femme fatale de rioba que quiere trepar en la escala socioeconómica, que pulveriza hogares con fruición, detesta a los niñitos, olfatea con precisión de galga rusa donde están el poder y el dinero y se lanza al abordaje sin escrúpulo alguno, Rosario termino quedándose con el villano impune –político tenía que ser: el senador Pérez Castelar–, al borde del éxtasis cuando el le propone convertirla en diputada...

Cómo salvarse de ser modelo
“Tenía doce cuando mi mamá me dio a elegir entre un curso de gimnasia artística y uno de modelo, que fue con el que me quede” memora RR sorbiendo un licuado de frutas. “Fue donde casualmente descubrí mi vocación porque en el piso de arriba estaba el estudio de Roberto Saiz, uno de los Volatineros. Me atrajo la idea del teatro y me olvide de la modelo. Mi mamá me apoyó en esta decisión y fue bárbaro encontrar este camino. Ahora me doy cuenta de lo bien que me hacia, aunque en ese momento lo tomaba como un juego fascinante. Algo profundo me pasó, salía de las clases levitando. Una experiencia increíble a esa edad, que ahora valoro mejor. Hice cuatro años con Roberto, que no enseñaba a chicos. Cuando empecé era insólito: todos por lo menos de veintipico y yode doce... Roberto fue muy generoso conmigo porque en algunos momentos no tenía plata para pagarle, pero el siempre trató de que no abandonara. Con la tele empecé a los trece, haciendo algunas cositas, por ejemplo, en Grande, Pa, la amiga de Flo... Lo bueno de empezar a ganar plata fue que me pude pagar el colegio, las clases de teatro, sentí que me bastaba a mí misma. Desde el momento que me asome a las clases de Roberto, nunca dudé de mi vocación de actriz”
–¿Tuviste momentos de desazón o inseguridad a medida que pasaban los años y en la televisión no te llegaba un papel realmente interesante?
–Lo duro fue cuando después de trabajar cuatro años seguidos, no me llamó nadie durante dos años. De todos modos, aunque necesitaba hacer algo para mantenerme, en el 2000 yo ya sabía que no quería estar en ciertos lugares. Aunque deseaba seguir siendo actriz, algunas cosas ya no las quería hacer porque no me hacían feliz. Necesitaba correrme. Pero fue difícil aunque estimulante, porque me puse a hacer La señorita Elsa en teatro, por mi cuenta: un momento de decisión importante, también de transición.

Rosario no reza el rosario
–Cuando todavía el libreto era un borrador, ¿qué idea tenías de Rosario?
–Al principio el personaje estaba un poco difuso, no sabía claramente cuál era su perfil. Tenía algunas puntas pensadas, pero la verdad es que en los primeros capítulos estaba algo perdida. Hasta que un día se me encendió la luz: fue pronto, por suerte, y ahí nomás empecé a disfrutarlo. Y el placer duró todo el año, aparecieron nuevos aspectos de Rosario. Te juro: no podía creerlo, estábamos en noviembre y yo iba a grabar con ilusión, contenta, con ganas de hacer tal o cual escena. Insólito: agarrar un libro de una tira diaria, después de tantos meses y poder sorprenderme, estar pendiente de la intriga, de los otros personajes cada uno con su detalle, como la misteriosa valijita de Leonarda. Creo que uno de los secretos de Resistiré fue el compromiso tan fuerte de todos los actores.
–De verdad ¿no te impresionó un poquito el que te tocara una chica tan fatal, tan putarraca, perdición de los tipos, codiciosa insaciable, desleal por naturaleza?
–Ay, no. Me encantó de entrada que estuviera jugada en ese sentido. Ya meses antes de empezar, Gustavo Marra, el productor, me empezó a dar pistas. Él tiene un ojo especial para ver a los personajes, una sensibilidad para elegir a los actores. Gustavo fue el que armó el elenco, ésa es la realidad. Y cuando vino y me contó sobre Rosario, me divirtió muchísimo. Le dije que me animaba totalmente. Después, el personaje se fue completando por el camino. Siempre la idea fue que ella usaba su cuerpo para cumplir sus ambiciones, porque lo que la calienta es el dinero. Ella quiere ascender, pertenecer a otra clase social, tener alguna forma de poder. Y una vida mas alejada del barrio, de su familia.
–Pero también quiere tener a los tipos muertos a sus pies, no soporta el rechazo...
–No, claro, quiere ser el centro del mundo, tenerlos a todos, por las dudas. No perderse nada. Ella va para adelante cuando le parece que puede conseguir algo. Con Pérez Castelar, en la primera escena que lo ve, empieza el juego de seducción: ella todavía no sabe quien es él, pero olfatea el poder. Seguro que piensa: si éste viene a verlo a Mauricio debe ser un tipo importante.
–Este personaje te exigió una serie de escenas eróticas muy jugadas. ¿Vos también declarás, como suelen hacerlo tus colegas, que solo se trata de actuación?
–Lo que te puedo decir es que me sentía rara cuando terminaba la escena. Mientras la estaba haciendo, sí era pura actuación, y la hacíamos con el actor que me tocaba en ese capitulo, ta, ta, ta. De una, sin ninguna clase de pero: nada de “cuidado que no se me vea esto o lo otro”. No, venía así, y así la jugábamos. Y cuando terminaba esa escena, bajaba a la realidad y de golpe tomaba conciencia de que estaba arriba o debajo a al costado de alguien, y me agarraba un poco de pudor, ahí sentía lo incómodo de la situación. Pero al actuarla, me tiraba sin cálculo. No veía la razón de andar con vueltas, si en realidad estaba bueno lo que había que contar. Además, en el momento de actuar al mango total, lo disfrutaba.
–Al mirar la novela como espectadora, ¿notabas un progreso en tu rendimiento como actriz?
–Honestamente, nunca tuve la reacción de decir: mirá cómo estoy creciendo. Pero sí veía que todo lo que había hecho con tanta intensidad, se transmitía. Justamente, comprobar esto era lo que me incentivaba a jugarme cada vez más. Porque la verdad es que haciendo las cosas al mango, una siempre tiene miedo de quedar demasiado expuesta, de hacer el ridículo. Y ese temor te puede llevar a bajar, a contenerte. Pero me di cuenta de que con este personaje, no. Que valía mas sacarlo afuera sin rodeos, apostarlo todo por él.
–Vos venías de abrirte un esforzado camino en la tele, donde no se te había dado la oportunidad de revelarte, de dejar una marca. Para mucha gente que miró Resistiré, era lo primero que hacías...
–Sí, lo sé. También me doy cuenta de que Resistiré fue una gran oportunidad. No es por hacerme la humilde que te digo que no supe sobre la repercusión de mi trabajo: me mantuve tan conectada a la tira, la historia, a mirar el programa que quizás no dediqué atención a las opiniones. Ahora, con un poquito de perspectiva, siento que fue realmente fuerte todo.
–Lo simpático de Rosario era su espíritu deportivo, de girl-scout non sancta, y también ese desliz hacia el humor aun dentro de su irresponsabilidad, de su falta total de principios.
–Ella tenía su sensibilidad también, no te creas. Por un ratito, claro, para volver enseguida a sus intereses. Pero su cuotita de buenos sentimientos cada tanto le aparecía, se ablandaba un poquito. En realidad, todos los personajes de Resistiré quebraban en algún momento, esos los humanizaba mucho. Y a mí también... El quiebre a fondo, además, en el caso de Rosario, daba lugar a que la cagadona de después no resultara tan obvia, tan imperdonable.
– Más allá de que te miraras casi como a una extraña y no te consagraras a medir tus méritos, esta especie de relanzamiento que tuviste con Resistiré ¿te llevo a replantearte en alguna forma tu carrera de actriz?
–Te puedo decir que nunca pensé lo mío como “una carrera” sino más bien como un oficio. De acá en más, no tengo ningún plan concreto. Ahora con el embarazo quizás mi cabeza este en otros lados... aunque obviamente sigo pensando que mi vocación es ser actriz. Y aunque la tele este 2003 ha sido buena para mí, el teatro es algo que me fascina terriblemente, que me encantaría volver a intentar. Tengo pensadas algunas cosas, después de que nazca el bebe y pase un tiempito, me pondré en campaña. Siempre está la alternativa de generar mis propios proyectos. La obra de Schnitzler, La señorita Elsa, que hice en 2001 fue un emprendimiento mío: una adaptación para un solo personaje. Una hora contando la tragedia de Elsa, con esa crítica tan dura del autor. Me di el gusto de hacerla dirigida por Rafael Fernández. Me parece que el teatro es el mejor lugar para el actor, el de mayor libertad. Este verano quiero leer libros que quizás puedan adaptarse para la escena. El año pasado pensamos con Carolina Fal en escribir algo. Fue un momento, pero sería lindo que se concrete. Otro proyecto con el que fantaseé fue la Evita de Copi, en traje de baño clásico y gorra de bañista, esa Evita loca, maravillosa...
–¿Tenés claro que difícilmente haya otro Resistiré en tu vida?
–Sí, muy difícil que aparezca algo que se acerque a ese nivel y que me toque a mí. De todos modos, en el caso de volver a la tele querría que se tratara de un programa de calidad, que pudiera hacer con entusiasmo, convencida. Tampoco descarto la posibilidad de hacer cine.
–Estaría divertido que para variar hicieras el personaje de una chica más bien beata, virginal, pudorosa.
–Sería maravilloso, porque justamente me inquieta la idea de que me llamen para hacer a todas las trolas que anden sueltas en la tele. Por supuesto, no aceptaría ni a una. Ya no. Quiero otra cosa. Lo que no sé es si en los meses que me quedan de embarazo voy a estar tan tranquila: me llegó un guión para una película que haría en este estado, de Alejandro Chomsky: él es de amoldarse a las circunstancias. En la anterior suya, Hoy y mañana, que no se estrenó todavía, donde también actúo, cuando conoció a mi hija Valentina, la incorporó a la historia. Ahora me causa gracia que quiera incorporar mi embarazo a un personaje: si lo hago, voy a estar como de ocho meses...
–Se diría que no pensaste que era demasiado pronto para tener otro hijo, y evidentemente, tampoco hiciste cálculos sobre conveniencias laborales para aprovechar el efecto Rosario...
–No, no es mi estilo tomar ese tipo de previsiones. Yo siempre en medio del quilombo voy a fondo. Me tiro a todas las piletas cuando me parece que vale la pena hacerlo.

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