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Viernes, 6 de febrero de 2015

MONDO FISHION

Dimensión

 Por Victoria Lescano

Cuando en 1993 Viktor Horsting and Rolf Snoeren egresaron de la Escuela de Arte de Arnhem, sus primeras acciones de moda remitieron a maniquíes acuchillados y otros ahorcados con lazos de satén, panfletos contra las modelos top, la puesta en miniatura de una hipotética tienda V&R y un perfume sin olor envasado dentro de una botella símil Chanel Nº5 que si bien fue imposible de destapar aun así vendió las 200 unidades de su edición limitada. La crítica no demoró en aplicarles rótulos tales como “Los Gilbert and George de la moda” o “Los nuevos surrealistas”.

En 1998, la galería parisina Thaddaeus Ropac tituló “La apariencia del vacío” el homenaje que V&R rindió a Dior y Schiaparelli, con vestidos y pantalones dorados desarrollados con errores de corte y confección y plasmados en papel de envolver regalos. Su primera aproximación a las pasarelas fue en julio de 1999, anticipando el invierno 2000, con la osadía de mostrar toda la colección en una sola modelo –Maggie Rizer– parada en un pedestal y sobre la que superpusieron una colección entera de vestidos y abrigos bordados en finos cristales: la mannequin se pareció a una mamushka. La semana de fines de enero de 2015 y en las colecciones de alta costura de París, la ecuación vestido baby doll con siluetas innovadoras, estampas de flores en trazo digital, sombreros de paja coronados con ramas de espigas y ojotas, fue el común denominador entre las prendas de la colección alta costura de Viktor & Rolf. Pero sus baby doll experimentales con crinolina se extendieron a modelos similares que innovaron en los cuellos (algunos asimétricos y otros strapless) y en su paleta cromática, que sumó al blanco y negro, tintes de liláceos, amarillo y rojizos en sus supuestos pétalos. En la progresión de las pasadas, un vestido negro irrumpió con una trama textil sujeta a uno de sus lados, exhibió bordados con tramas de flores y representa una obra portable y un rescate de antiguos oficios.

Cuando sumaron los abrigos complementarios, capas florales con cintas negras irrumpieron en tonos de verde esmeralda y en 3D. Al aumentar el volumen y los recursos ornamentales, las flores rojas se desplegaron sobre la línea Trapecio. Los vestidos se expandieron al punto de conformar esculturas florales, con odas a La primavera de Botticelli.

Sin duda Viktor Horsting and Rolf Snoeren’s en su colección de alta costura parecen haber rescatado las premisas de las bombas florales que proclamaron desde el perfume no ficticio “Flower Bomb” , como suele suceder en sus colecciones que dialogan con el arte: de hecho trascendió que las prendas de la colección fueron compradas por coleccionistas de arte aun antes de salir a la pasarela; el buyer en cuestión fue Han Nefkens, quien advirtió que las adquirió para donarlas al Museo de Rotterdam. Trascendió también que los holandeses trabajaron en colaboración con la firma de origen ídem Vlisco, que desde 1846 se especializa en batikstyle, y en estampas textiles con influencias africanas. Los sombreros y la alusión a la jardinería tuvo algunos puntos de contacto con la apuesta de jardineras de Chanel, pero resultó más poética. Entre los disparadores de su colección, los V&R enunciaron los paisajes de Vincent van Gogh y se remitieron a una cita textual de los dichos del pintor sobre los procesos creativos: “Cuando pongo el alma y el corazón en mis obras, mi mente se dispara”.

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