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Viernes, 3 de julio de 2015

Olas en el aire

COSAS VEREDES Un dron viajó de Alemania a Polonia con píldoras abortivas, en un vuelo histórico organizado por la mítica Women on Waves, ONG holandesa que continúa sumando originales estrategias para prevenir embarazos no deseados y abortos inseguros por todo el mundo.

 Por Guadalupe Treibel

Si el futuro tiene forma de aeronave no tripulada, entonces sí que ha llegado. Finalmente, los drones están en todas partes. Chiches de moda, no sólo han aparcado en titulares tras rebanarle la manita al bobalicón de Enrique Iglesias en pleno concierto, colisionar con aeronaves, distribuir los pedidos ¿sci-fi? de Amazon, o hacer las veces de security para búnkeres narco en huestes patrias y extranjeras. También –dependiendo de su mayor o menor autonomía– han ingresado a estadios, sobrevolado casas de famosillos, se han estrellado en los jardines de la Casa Blanca, han depositado ¡material radiactivo! en el techo de la oficina de Shinzo Abe, primer ministro nipón... Entre la travesura, la anécdota, la utilidad, la amenaza y el riesgo, planea entonces la criatura: el cuadricóptero que suma tantos relatos como sujetos sostienen el control (remoto, por supuesto). Empero, más allá de lo sucintamente citado, faltaba su puesta en práctica feminista y hoy, por fortuna, una novísima historia amplía la lista de oportunidades que brinda este artefacto última generación, evidenciando que su aporte a las causas justas y necesarias puede ser alto. En esta ocasión: los derechos reproductivos de las mujeres, que son también, claro, derechos humanos.

Ocurrió el sábado pasado, cuando un dron viajó desde Alemania hasta Polonia con un delivery con peso específico: píldoras abortivas. De Francfort del Oder hasta Slubice, ciudades en márgenes opuestas del río Oder, más específicamente, amén de proveer a damas polacas de mifepristona y misoprostol. “El primer dron abortivo”, advirtieron sitios a diestra y siniestra sobre el histórico vuelo. Que, además de asistir efectivamente a señoras y señoritas, pone sobre el mapa la asistencia entre vecinas, la necesidad de decidir sobre el cuerpo propio y una posible solución en países con restricciones. Sucede que, desde 1993, la interrupción del embarazo en Polonia quedó estrictamente prohibida (antes era legal), apenas habilitada en casos de violación o incesto, si la salud de la mujer corre riesgo o de existir malformaciones fetales severas, siendo aquella una de las regulaciones más estrictas de todo Europa. Regulación que, aun en los casos mencionados, debe atravesar innumerables barreras y protocolos, fogoneados ellos por una comunidad médica mayoritariamente conservadora, fuertes grupos antiaborto y la bendita Iglesia Católica.

“En Polonia, incluso a quienes –acorde a la propia legislación– pueden abortar, se les niega la opción, en tanto los hospitales rechazan realizarlos aun cuando corren riesgo de vida las mujeres. En tanto aquellas con dinero pueden trasladarse a Alemania o al Reino Unido, son las de bajos recursos y con menos acceso a la información las que acaban padeciendo las consecuencias”, explica la destacable Rebecca Gomperts, una de las ideólogas del “dron abortivo”. Destacable porque Gomperts es, harto sabido, la fundadora y artífice de Women on Waves (WOW), mítica organización holandesa de activistas y doctoras que, de 1999 a la fecha, practica abortos farmacológicos gratuitos en países donde está prohibido, gracias a barcos rentados que “estacionan” en aguas internacionales. Además, por supuesto, de ofrecer asistencia médica, kits, información, entre otras cuestiones. Otrora activista de Greenpeace, donde ya asistía a las causas de género, el trabajo de R. G. incluso ha inspirado documentales como Vessel, de la realizadora Diana Whitten, y elogios –de más está decir– de colegas y activistas de todas las latitudes, presurosos en destacar su coraje político y recordar las acciones de WOW en las costas de Irlanda, Portugal, Marruecos o España, por citar algunos sitios. “Siempre estamos buscando nuevos modos de traspasar la malla legal que impide el acceso al aborto”, advierte quien, desde hace un tiempo, envía por correo postal las mentadas pastillas a direcciones polacas, pero ha encontrado más y más trabas en las autoridades aduaneras, que a menudo las confiscan.

Voilà, entonces, el moderno dron, novedosa estrategia pergeñada por WOW en sociedad con grupos germanos y polacos con símil meta igualitaria; Cocia Basia, con base operativa en Berlín, o Fundacja Feminoteka, de Varsovia, entre ellos. Dron que, por otra parte, no requirió el visto bueno de las autoridades de ninguno de los dos países involucrados porque, como Gomperts detalla, “no voló en espacio aéreo controlado, no tuvo fines comerciales y pesó menos de 5 kilos”. Fantásticamente organizada, la empresa debió, sin embargo, lidiar con ciertos embistes; simbólicas aguas revueltas... Tal como expresa WOW en su comunicado oficial, aunque el adminículo llegó sano y salvo (el viaje duró 60 segundos, después de todo), y varias mujeres pudieron beneficiarse inmediatamente de las píldoras, la policía germana intervino, confiscó los controladores, además de iPads personales, y advirtió que presentaría cargos. ¿Por qué delito? Pues... a definirse. Finalmente, aclara la organización, los controles en dicha frontera interior –y otros de la Eurozona– no corren, amén del vigente Acuerdo de Schengen.

Por lo demás, muchos interrogan: ¿por qué reemplazar el famoso barco por el pequeño dron? A lo cual, ni lenta ni perezosa, Gomperts desliza: “Es una manera de llamar la atención, una oportunidad para mostrar a qué tipo de realidades se enfrentan muchas mujeres. Si cada vez más polacas son conscientes de la existencia de estas píldoras, cada vez más las pedirán. Y tal vez provoquen el cambio en su país”. Visto y considerando que, acorde al diario brit The Guardian, alrededor de 50 mil abortos ilegales se llevan a cabo cada año en Polonia, con doctores que suelen utilizar instrumental y procedimientos obsoletos, riesgosos, a cambio de 4 mil euros, el cambio es ciertamente imperativo. “La ley polaca no pena a la mujer que interrumpe su embarazo, pena a quien proporciona el aborto. Queremos crear conciencia de que es seguro usar el medicamento”, ofrece Rebecca, y asegura que el programa aéreo será el primero de otros, con potenciales réplicas en Irlanda o Malta, por ejemplo. O, por qué no, los Estados Unidos. “Veremos qué pasa. No es fácil derribar un dron”, destaca la empeñosa dama. Pues, evidentemente tampoco es fácil derribar a Women on Waves. Hasta en el aire hace olas.

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